Entrevista | Alberto Lavandeira CEO de Atalaya Mining
“Entre 700 y 800 personas van a vivir de la mina de Touro-O Pino a diario”

Alberto Lavandeira, CEO de Atalaya Mining / Atalaya Mining
Alberto Lavandeira Adán, ingeniero de Minas gallego nacido en O Carballiño, es el máximo responsable de Atalaya Mining, compañía española cotizada en Londres que produce cobre en la mina de Riotinto en Huelva y aspira a hacerlo en O Pino y Touro. Tiene más de cuarenta años de experiencia en el gremio minero y metalúrgico, y pasa por ser uno de los españoles más reconocidos en el sector a nivel internacional.
¿Considera que la declaración de proyecto estratégico por la Xunta avala su actividad extractiva?
Llevamos un tiempo esperando que se incluyera. Somos conscientes de que es necesario mucho papeleo y muchas verificaciones previas para que un proyecto sea declarado estratégico... y nosotros cumplimos de sobra. Evidentemente, ha habido un diálogo con los técnicos para asegurar que todo estaba bien y, efectivamente, cumple de sobra: la inversión es más de 10 veces la necesaria, el empleo es cuatro o cinco veces el mínimo y, por supuesto, supone un cambio, un complemento en la economía local importante. También está el antecedente de que hemos estado operando diez años, y lo puede comprobar cualquiera.
¿Cómo cuantifican los plazos?
Aunque nos gustaría que fueran 6 meses, por ley calculamos que el permiso llegará en el primer trimestre del año 2025, si los plazos van bien. A partir de la declaración, de que se otorguen los permisos, nos harían falta quince meses más. Contamos con los equipos de la planta localizados, equipo humano, experiencia, la ingeniería hecha, la financiación en marcha... Tenemos más de la mitad de lo necesario para empezar, y llevamos mucho tiempo deseándolo. No se va a dilatar nada.
¿Qué percibirá la gente al respecto de esta actividad previa?
En ese período de 15 meses habrá un aluvión de construcción, con grúas, equipos, hormigón... La gente va a percibir un montón de equipos, pero la minería no se parece nada a lo que la gente piensa, y hay oficinas y talleres. Se hacen las cosas de otra manera, con equipos automatizados. Habrá una gran actividad, y desde la puesta en marcha, se percibirá una cantera en la que se va procesando el material y restaurando las zonas, de abajo a arriba, donde se emplazan las escombreras. Es una actividad industrial como cualquier otra. Lo que no se va a ver es a distancia, porque el Monte das Minas prácticamente solo es visible desde allí.
¿Qué posibilidades tiene la extracción de mineral en la zona?
Desde que se abandonó la actividad en el siglo pasado han pasado muchas cosas: cambiaron la tecnología y los precios del cobre a nivel mundial, y seguirán creciendo con la electrificación. Estuvo funcionando 14-15 años hasta el año 1987, y se sacó lo más rico, lo que estaba cerca de la superficie. Esto más que un filón es una diseminación de minerales de cobre en un tipo de roca que va casi en horizontal, en una capa que no es constante. Imaginemos una playa con conchas y, en función del precio de las conchas y la capacidad de extraerlas, es más rentable o no. El mejor ejemplo lo tenemos en Riotinto, la mina con actividad más antigua del mundo, que explotaron los tartessos, los fenicios, los romanos y los ingleses. Estuvo parada 15 años desde el año 2000, y nosotros llegamos en 2014, teóricamente con un proyecto para doce años. Pues bien: ya llevamos diez, y nos queda por lo menos para otros quince, sin contar que se vayan encontrando otros recursos. ¿Por qué? Pues porque hemos hecho una instalación que recupera cosas que antes no eran posibles, con mucha electrónica y tecnología.
¿Cuál va a ser el impacto de las balsas?¿Habrá peligro de desbordamientos en la zona?
Lo que hay encima de la balsa es básicamente un depósito de arena mojada, como si fuera una playa en marea baja en la que no habrá agua. El líquido se bombea a un sitio que hay abajo del nivel del terreno y plastificado, con lo cual, si no hay agua encima, malamente puede rebosar, como en Ríotinto, y el agua recircula cien por cien. A la gente se le viene a la cabeza el accidente de Aznalcóllar en 1998, que fue una desgracia, pero porque haya habido el accidente de un avión hace cuarenta años no puede ser que se prohíban los aeropuertos. Entonces las cosas se hacían de distinta manera, y no se puede estigmatizar lo nuevo. Hay controles por satélite, por radares... y por supuesto que existen casos en otros sitios donde no tienen estos controles, pero no es el de Europa, ni el de Canadá o Estados Unidos.
¿Por qué decidieron extender los controles hasta la ría de Arousa?
Vimos el rechazo que había al principio, porque se nos dijo que íbamos a acabar con la ría, y esto no es cierto: el Ulla está perfecto, y si la mina no ha empezado, hace más de 30 años que no está funcionando, y el marisco está estupendo y las almejas de Carril, divinas... será que el agua no está mal, y como no hemos empezado, no se le podrá echar la culpa a una empresa que no ha comenzado. Había una preocupación de los mariscadores por la calidad de las aguas, y nosotros somos los primeros interesados en que el río esté inmaculado, porque si no, nos cerrarían, nos multarían y tendríamos responsabilidades penales... y no tenemos ninguna intención. Sin embargo, también percibimos que hay unos problemas con el agua, y nos gustaría investigar, y también conocer las condiciones en las que a veces está el río, porque a lo mejor los problemas no vienen de la minería, sino de depuradoras que no funcionan, escorrentías agrícolas, vertidos industriales no controlados... Nosotros colaboramos debido a que tenemos el mismo interés, y queremos que el agua esté limpia. Esto es un ánimo de colaboración mutua.
La Xunta habla de la creación de casi 400 empleos y una inversión que ronda los 200 millones. ¿Puede detallarnos estas cifras?
El empleo va a superar las 400 personas fijas, más otros 400 contratistas fijos. Yo calculo que entre 700-800 personas van a estar entrando todos los días en la mina de Touro-O Pino y viviendo de esto, ya sea por el transporte, en las oficinas o talleres. Y sobre la inversión, bueno, hemos dicho 200 millones, pero la verdad es que tras las últimas revisiones que estamos viendo por la inflación, va a estar entre 200 y 250 millones de euros. La vida de la explotación en principio se sitúa en alrededor de 14 años, pero es de esperar que, al igual que se ha hecho en Riotinto, se puedan encontrar otros materiales más profundos, que habrá que explorar. Estamos hablando de una generación, y de un flujo de inversión y de salarios para una zona que supondrá una influencia muy importante a nivel de la economía local.
Se ha creado un movimiento prominero con mil personas en torno a O Pino o Touro, donde se halla el mineral. ¿Preveían tal apoyo?
Llevo 45 años trabajando en minería, y siento el calor y el cariño de la gente en los pueblos de los trabajadores; una vez que está implantada, es una actividad absolutamente querida e integrada en el entorno, la más complementaria con lo que existe. Ahí hay unos vecinos que han vivido, antiguamente o porque lo han experimentado sus padres, y recuerdan perfectamente la época en que estuvo la mina trabajando, o recuerdan otros que han trabajado o conocen el caso de Meirama o el de As Pontes de García Rodríguez. Y la gente lo que quiere es trabajo, que puede basarse en conducir un equipo o puede estar en una planta de tratamiento, delante de un ordenador mirando la sala de control o haciendo mantenimiento, limpiando una tubería... O sea: es una actividad industrial, e insisto en que las personas lo que quieren es trabajo, por lo que se creó un colectivo de gente que está a favor, y lo manifiesta.
Pero también existe una fuerte contestación social, de lugareños y ecologistas que rechazan el impacto de este tipo de explotaciones.
Es un poco triste a veces que los que no quieren proyectos, y lo digo en general al respecto de la cultura del no, resulta que son muy vocales. Es decir, a esta gente se le oye mucho y parece que son los únicos que existen. Y no, no es cierto: en los sitios donde está trabajando, donde hay minería, como es el caso de Huelva o como el caso de Sevilla, con minas alrededor, a cinco kilómetros, no tienen el menor problema, sino todo lo contrario. La gente lo percibe, lo sabe, y está claro que está a favor y se manifiesta a su favor, porque quiere trabajar. Esta es una actividad industrial, y hay que olvidarse del estigma del minero salido de la mina con la cara manchada de negro. Estamos ante una actividad industrial moderna, siempre con el máximo respeto a todas las convicciones. La gente quiere trabajar, y lo dice, igual que los que no quieren la mina, muchas veces sin conocimiento, sin conocer el proyecto, también tienen todo el derecho a manifestarlo.
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