Ganaderos al límite: "Los urbanitas se darán cuenta de la importancia del campo cuando suban la leche y la carne"
La Asociación Galega de Cooperativas Agroalimentarias urge a la Xunta a a reducir «de inmediato» la población de cánidos en las comarcas de Ordes, Arzúa, Deza y Tabeirós

Susana López Carbia / Javier Rosende Novo

Manolo Castro Calvo no recuerda un momento tan difícil en los años que lleva al frente de la SAT Castro de San Gregorio. Mientras enumera los problemas que en los últimos tiempos comprometen el día a día de las explotaciones, sus más de 100 vacas, de raza rubia gallega y mezcla de rubia gallega y blonda de Aquitania, recorren una de las fincas de Gonzar, en O Pino, donde pacen todos los días del año. A la cabeza va Carlota. Tras ella, Pantoja, Zanahoria, Peregrina y Quintana —que debe su nombre a que nació el día que la entonces conselleira Rosa Quintana visitaba la explotación— avanzan por un prado por el que de vez en cuando también asoma el lobo.
Manolo Castro ha tenido suerte este año, pero cuenta que muy cerca de su propiedad el cánido ha matado recientemente siete vacas de leche en una explotación, ocho terneros en otra y seis becerros en una casa de turismo rural, por donde los propietarios lo han visto rondar en varias ocasiones. «La dueña tiene miedo de que los lobos lleguen a atacar a los peregrinos. Si no se toman medidas, habrá que poner un cartel que diga: ¡Peligro! Lobos sueltos», relata el ganadero, que advierte: «Los urbanitas se darán cuenta de la importancia del campo cuando suban la leche y la carne».
«Todo son palos en el camino. Entre el lobo, el jabalí, la EHE, la brucelosis, la lengua azul... Estamos prácticamente al límite»
El ganadero de Gonzar, cuya carne lleva el sello de Ternera Gallega Suprema, reprocha a la Administración que no proteja al ganado ante los ataques de una especie que, además de ser depredadora, es maltratadora, porque «no mata al animal, sino que lo derriba y lo empieza a comer». Y lamenta que, cuando se producen pérdidas, reciban 400 euros por animal muerto, a pesar de que cada una de esas vacas, muchas de ellas de genética privilegiada, puede haber costado entre 2.500 y 3.000 euros. «Son limosnas y nosotros no queremos ayudas ni subvenciones, queremos que nos paguen el producto como se merece», subraya.
«No queremos ayudas ni subvenciones, queremos que nos paguen el producto como se merece»
Tampoco ahorra críticas a los colectivos ecologistas, a los que acusa de sembrar el monte de lobos «a los que no dan alimento». «Son los primeros en maltratar al lobo. Si les dan de comer durante 10 o 15 días para que se habituen, ¿por qué no les siguen trayendo comida? No, les tenemos que dar nosotros», cuestiona. «La tierra hay que ararla, labrarla y abonarla», afirma.

Manolo Castro Calvo en su explotación de O Pino, donde cría ganado amparado por la Indicación Geográfica Protegida Ternera Suprema Gallega / S. L. C.
"Estamos prácticamente al límite"
«Todo son palos en el camino. Entre el lobo, el jabalí, la EHE, la brucelosis, la lengua azul... todo son problemas. Estamos prácticamente al límite», dice el ganadero, muy preocupado por las consecuencias que van a tener en muchas explotaciones los destrozos causados por el jabalí en los cultivos de maíz. Daños a los que en días pasados se sumaban los provocados por el temporal Kirk, que se cebó especialmente en comarcas coruñesas como las de Ordes y Xallas. «Se calcula que se van a sacrificar unas 14.000 vacas», alerta.
Castro se pregunta por qué la Xunta «tardó tanto» en autorizar la caza sin restricciones del jabalí en 260 municipios. «No se entiende que tome la decisión ahora que están cebados, una vez que se han comido el maíz», lamenta, al tiempo que recuerda que el puerco puede transmitir enfermedades como la hepatitis E y la peste porcina.
Agaca: "El lobo está en expansión"
Para evitar más daños en las explotaciones ganaderas, en este caso los causados por el lobo, la Asociación Galega de Cooperativas Agroalimentarias (Agaca) urge a la Administración autonómica a «reducir de inmediato» la carga de población de cánidos en las comarcas de Ordes, Arzúa, Deza, Tabeirós y la Mariña de Lugo, entre otras.
En una misiva remitida a la directora xeral de Patrimonio Natural de la Xunta, Marisol Díaz Mouteira, los responsables de Agaca explican que los lobos «comienzan a pasearse cerca de las personas, vigilan a los animales constantemente y buscan el momento oportuno y la oscuridad de la noche para atacarlos». Más aún. Sostienen que en zonas como O Pino merodean varias manadas de lobos, que, según las estimaciones de vecinos y ganaderos, suman más de veinte ejemplares.
Los cooperativistas insisten en que el lobo en Galicia «no es» una especie en peligro de extinción, sino que «está en franca y descontrolada expansión». Es por ello que piden un «nuevo sistema» en el que la gestión de las poblaciones de lobos reduzca los «riesgos» para el ganado que se ve afectado por esta situación y que garantice su bienestar.
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