Ganaderos de O Pino cercados por los ataques del lobo: «Esto es un sinvivir»
Lucía García y Miguel Botana pierden cuatro becerros en 48 horas

Uno de los terneros atacados por el lobo en la explotación de Lucía García en O Pino / CEDIDA

«Esto desanima a cualquiera. El lobo acaba con los becerros y no podemos hacer nada», dice con amargura Lucía García, una ganadera de O Pino que, con su marido Miguel Botana, lleva 25 años criando vacuno de carne en extensivo en la parroquia de Medín. En solo 48 horas han perdido cuatro becerros por los ataques de los cánidos que frecuentan los montes del municipio, donde en los últimos meses han causado pérdidas en varias ganaderías.

De alguno de los animales atacado por el lobo en la explotación de Lucía y su marido solo quedó el esqueleto / CEDIDA
«Imagínate lo que es ir acercándote a la finca y escuchar a las madres desesperadas junto a los terneros muertos», se lamenta la ganadera. Ocurrió el domingo, después de que el lobo matara dos crías y se llevase una tercera. Y volvió a pasar este lunes, cuando el matrimonio echó en falta otro becerro. Horas después, tras dar aviso a la Administración autonómica, el agente medioambiental de la Xunta buscaba rastros del paradero del animal. Y es que si no hay cadáver ni indicios del paso del cánido, no hay compensación económica. «Esa es otra. Te ves con las manos atadas y no puedes hacer nada», señala.
En pleno Camino del Norte
La pareja vive con el corazón en un puño, como otros muchos ganaderos de una zona por la que pasa el Camino del Norte y en la que el lobo se deja ver de día. Además de las 130 cabezas de ganado que cría —de las que 80 son vacas y el resto, novillos y terneros—, el matrimonio lleva cuatro años gestionando una casa de turismo rural en la que pernoctan muchos peregrinos en su ruta hacia Santiago. «Para llegar, salen muy temprano, sobre las 5 o 6 de la mañana, y tienen que cruzar tres kilómetros de monte en los que no hay una sola casa. Cualquier día llevaremos un susto y después nos lamentaremos», advierte.

En solo 48 horas Lucía y su marido perdieron cuatro terneros en su explotación de vacuno de carne en O Pino / CEDIDA
A la tristeza de ver el ganado comido por el lobo se suman las pérdidas económicas que generan los ataques. Cada año, desde hace cuatro, son ocho o diez becerros los que acaban entre las garras del cánido. «Se te va la ganancia del año», sostiene Lucía García. «No tendremos terneros para vender, pero las vacas tienen que seguir alimentándonse, cómo vamos a conseguir forraje, cómo pagaremos el trabajo del tractor? cómo vamos a subsistir?», se lamenta.
Por ahora no ve más solución que instalar un cierre para proteger las vacas recién paridas, pero se pregunta qué pasará «cuando el lobo no tenga comida».
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