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Más de 80.000 vecinos del área de Santiago, dos décadas jugando con fuego

Los alcaldes meten presión para acelerar la comarcalización de los parques de bomberos de la ciudad con el fin de mejorar el tiempo de respuesta a las emergencias

El proceso ya está en marcha, pero los plazos de la administración son demasiado lentos

Bomberos del parque municipal de Santiago, durante una actuación en la zona de Conxo

Bomberos del parque municipal de Santiago, durante una actuación en la zona de Conxo / Xoán Álvarez

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Martín García Piñeiro

Martín García Piñeiro

Santiago

Cuando un particular dio la alarma de un incendio en un garaje del centro de Bertamiráns, anteayer, el 112 siguió el protocolo y desplazó al lugar al personal de emergencias del parque de Boiro, situado a 53 kilómetros del fuego. A apenas 12 kilómetros de lugar había bomberos disponibles, los de Santiago, pero no podían actuar. Ellos son funcionarios que pertenecen a un parque municipal y ciñen a ese territorio su ámbito de actuación. Así se estableció. Igual que los de A Coruña, Vigo, Pontevedra, Ourense, Lugo... Una anomalía en el mapa de emergencias de Galicia que no es nueva, pero sí es grave. Y aunque está en fase de corrección a través de la comarcalización de los parques de las siete ciudades, la cosa va lenta. Porque mientras en medio de las llamas el tiempo se mide en segundos y minutos, en la jungla burocrática de la administración se mide en meses o incluso en años.

Hay unos 72.000 vecinos de la comarca de Santiago, que engloba los concellos de Ames, Teo, Boqueixón, Vedra, Brión y Val do Dubra, que sufren esa situación. Tienen un parque de bomberos al lado, el de la capital, pero dependen para las emergencias de otros más alejados: los de Boiro, Santa Comba y Ordes, y en algún caso extremo incluso de la vecina provincia de Pontevedra, los de Silleda o A Estrada, que dan cobertura a parroquias de Boqueixón y Vedra.

Si se suman Oroso y Trazo, también limítrofes con Santiago pero de la comarca de Ordes, la problemática afectaría a más de 80.000 vecinos del entorno compostelano. Y es algo extrapolable a los anillos de población de las otras grandes urbes gallegas. Si hay un fuego en Poio, acudirán desde el lejano Salnés los bomberos de Ribadumia, mientras que los de Pontevedra solo tendría que cruzar algún puente del río Lérez.

Solo un parque de una ciudad se comarcalizó: el de Ferrol, pero tampoco fue una experiencia total. «Había firmado un convenio para que los bomberos de Ferrol saliesen a cubrir emergencias a concellos limítrofes, pero el convenio caducó», explica un responsable sindical de los bomberos comarcales que prefiere mantenerse en el anonimato.

Él mismo aclara que, en realidad, ninguna ley impediría a los bomberos de las ciudades actuar en los concellos vecinos. «No es que no se pueda, pero si un parque urbano sale a otro municipio y pasa algo en la ciudad en ese momento, pueden exigírseles responsabilidades penales al mando que ordenó la salida», por lo que en la práctica nadie quiere mojarse.

En ese sentido, lo tienen más fácil en los grandes parques «como el de A Coruña», que al contar siempre con dos salidas —no salidas físicas sino unidades de actuación—, puede enviar una al exterior y mantener otra operativa para cubrir la ciudad, explica este sindicalista. En todo caso, es una práctica «poco frecuente».

La solución a este agujero en los tiempos de respuesta a las emergencias pasa «por un mapa gallego único», pero é mismo admite que la cosa «va para largo». De momento, ya pasaron 20 desde que se empezó a hablar de comarcalizar el parque de bomberos de Santiago, dos décadas jugando con fuego.

Los alcaldes meten presión

Santiago puede ser uno de los primeros parques en comarcalizarse de forma oficial, pero la falta de avances claros genera desconfianza y espoloea a los alcaldes. Existe el «compromiso» de que a lo largo de 2025, independientemente de que haya nuevas instalaciones o no, el parque de bomberos de Santiago actúe fuera. Sin embargo, crece el escepticismo, como ocurre con Ovidio Rodeiro. El regidor de Boqueixón admite que Santiago dijo que tenía «todo preparado», pero al final «los plazos se van alargando». Lo que sí tiene claro es que la mejor solución para su municipio sería esa comarcalización, ya que ahora dependen de Ordes. «Puede que Silleda actúe en alguna zona limítrofe del Ulla como Ponte Ledesma, pero a Campo Rapado por ejemplo ya van de Ordes». Y son 45 minutos, más del doble del tiempo aconsejado en una respuesta a emergencias.

En idéntica situación está Vedra, atendido por bomberos de los parques de Ordes o A Estrada, «o incluso el GES de Brión» para emergencias menores, dice su alcalde. Carlos Martínez recuerda el compromiso de comarcalizar Santiago en 2025, algo básico ya que «en las cuatro o cinco experiencias que tuvimos de incendios urbanos, al respuesta de Ordes suele demorarse unos 40 minutos».

A Val do Dubra, por ejemplo, van bomberos desde el parque de Santa Comba. Allí, en el fondo, no están tan mal, ya que son concellos limítrofes y relativamente cercanos. Sin embargo, el regidor, Diego Luis Díaz, reconoce que zonas cercanas a Santiago, como Portomouro y el sur del municipio, tendría una respuesta «mucho más ágil desde la capital». Y a eso aspiran con la comarcalización, también con el horizonte de 2025.

Álex Doval, alcalde de Oroso, está entre dos tierras. Sigüeiro, la capitalidad y principal zona industrial, está pegada a Santiago, pero allí acuden desde Ordes. «Para nosotros la ubicación del nuevo parque de Santiago en Boisaca es todavía mejor, ya que está a cinco kilómetros escasos» de Sigüeiro. «No tiene sentido» el mapa actual, avisa, con la espernaza de activar cuando antes Santiago. «Se diseñó un parque modular, para agilizar incluso la construcción y acortar plazos», explica el alcalde.

Desde Ames, el concello más poblado y desatendido, Blas García es el alcalde más reivindicativo. Cansado de una polémica «que viene desde hace ya más de una década», exige la puesta en marcha del servicio comarcal ya. «Prestar el servicio no es complicado si hay voluntad política», asegura el regidor, que recuerda el compromiso de activarlo en 2025. «El acuerdo está cerrado entre Xunta, Diputación y Concello de Santiago y solo falta firmarlo». «Deberían empezar ya».

Una anomalía larvada desde la era Fraga

En el año 1985, la Xunta todavía estaba creando su armazón legislativo, que incluía la ley de régimen local, que es la que delimita las competencias para las emergencias: en las localidades de más de 20.000 habitantes las asumen cada Concello y en los más pequeños serán responsabilidad de las diputaciones provinciales. Esa ley es la que explica que solo las siete ciudades gallegas dispongan hoy de parque de bomberos propio, mientras que el resto del territorio gallego quedaba entonces en manos de voluntarios de Protección Civil.

Las carencias eran evidentes, así que la Xunta de Manuel Fraga aprobó una nueva ley en el año 1997 por la que se creaban los parques comarcales de bomberos. Fueron constituyéndose poco a poco, salpicando el territorio hasta los 24 actuales. Con ellos nacieron también los consorcios para su gestión, integrados por Xunta, diputaciones y concellos, en un ejemplo de colaboración administrativa ejemplar.

Sin embargo, las ideas sobre el papel siempre salen mejor que sobre el terreno. En ese momento se opta por una gestión indirecta y se privatizan los parques, principalmente a través de las empresas Veycar, Nanutecnia y Matinsa. Muchas sin experiencia en el sector, con condiciones laborales y salariales para sus bomberos muy inferiores a las de los parques de las ciudades —donde podrían cobrar hasta el doble cada mes— y con una muy deficiente coordinación con el resto de los servicios de emergencias. El resultado de esa experiencia dejó mucho que desear y, nuevamente, el mapa de respuesta a las emergencias en Galicia volvió a resentirse.

Para corregir la situación, la Administración de Alberto Núñez Feijóo inició un proceso de reintegración de los parques de gestión privada en el ámbito público. Fue largo y complejo, ya que comenzó en el año 2019 con parques lucenses y terminó el año pasado con la última incorporación de bomberos de la provincia de Ourense.

En todo caso, esa transición se indigestó, porque la conversión de los bomberos en personal público no corrigió algunas anomalías que se arrastraban de atrás en el servicio, como la falta de medios materiales, la carencia de personal en los parques, las diferencias salariales abismales respecto a los bomberos de las ciudades, la propia heterogeneidad de las condiciones según la provincia o el parque al heredar los convenios de cada empresa, la judicialización del conflicto....

Todo este cóctel explotó en 2023 con las famosas manifestaciones de bomberos en Galicia, algunas de las cuales alcanzaron tal nivel de intensidad que hubo detenidos, cargas y heridos. Al final, el diálogo desinflamó el conflicto y los 474 bomberos comarcales de Galicia lograron una serie de mejoras y compromisos que mantuvieron la paz social hasta hoy.

Sin embargo, eso no impide que la anomalía en el mapa de emergencias continúe, de forma que todas las localidades próximas a las grandes ciudades, la mayoría de ellas además muy pobladas y especialmente dinámicas en el ámbito industrial —lo que implica polígonos que agravan el factor riesgo en caso de incendios y escapes—, sigan atendidas por bomberos en parques situados hasta a 50 o 60 kilómetros de distancia, con tiempos de repuesta que multiplican los 20 recomendados en caso de emergencia

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