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«Sen cabalos non é igual, pero San Martiño ten que haber»

La feria cabalar ha vivido este año la edición más particular de su historia, y es que tras medio siglo celebrándose en Teo, en 2025 no han podido estar presentes sus protagonistas: los caballos

Teo

Desde 1557 el Concello de Teo celebra una de las fiestas más populares y emblemáticas del periodo de otoño en la comarca compostelana: la Feira do San Martiño. La Carballeira de Francos se llena de vecinos, turistas y amantes de los caballos que acuden ansiosos a observar de cerca ejemplares equinos de todo tipo de razas y tamaños, al mismo tiempo que disfrutan de una buena tapa de pulpo o churrasco y ojean los múltiples puestos de artesanía. Sin embargo, este año es distinto.

Debido a la propagación de la dermatosis nodular contagiosa ha quedado restringido el movimiento de todo tipo de ganado, lo que ha provocado que la celebración haya tenido que prescindir de sus protagonistas por primera vez después de medio siglo. «Los caballos son la esencia del San Martiño, atraían a gente de todas partes. Sin ellos nada es igual, la gente prefiere no venir y gastar su tiempo en otras cosas. Es como si vas a una cena familiar y falta uno de los tuyos», manifiesta Jesús Piñeiro, fiel a esta cita desde hace años.

Otra habitual en la Carballeira de Francos es Noelia Louro, vecina de Sigüeiro responsable de un puesto de herramientas que acude cada otoño al San Martiño de Teo. «Sen cabalos non é o de sempre. Se nunha feira hai cinco cousas para ver e quítaslle dúas, perde moito do seu atractivo. Pois imaxínate cando soamente hai unha atracción e non está. É como ir á Festa da Troita e comer salmón», señala con pesar.

«Hai máis ambiente do que debera»

Igualmente hay quienes, a pesar de todo, optan ver la situación por el lado positivo, puesto que, aunque la presencia de ganado no haya sido posible, hay cientos de personas que han decidido acercarse a la carballeira sin tener en cuenta las restricciones por la dermatosis, el mal tiempo o que el último día haya caído en martes y no en fin de semana. «Aínda me parece que hai máis ambiente do que debera, tendo en conta que non se pode gozar do punto forte da festa. Sen cabalos non é igual, pero San Martiño ten que haber e a xente que vén implícase totalmente», indica Manuel Rodríguez, un gran aficionado a la cita.

La tónica general de esta feria cabalar está marcada por las grandes multitudes de gente paseando, largas colas de coches buscando sitio para aparcar, puestos de artesanía y carpas llenas de asistentes, propietarios de caballos que acuden a pasear o a negociar con otros ganaderos... No obstante, todo se ha ‘suavizado’ en esta edición. «No tiene nada que ver con otros años. Puede que siga viniendo gente, pero todo es más pobre. Al no poder ver caballos, muchos ya no se molestan en acercarse», dice Manuel Díaz, trabajador de una empresa de maquinaria agrícola que desplazó varios tractores para exponerlos en la feria.

Los vendedores: los más afectados

La Feira do San Martiño suele ser una jornada especial para comer con familia y amigos en alguno de sus diversos puestos gastronómicos, y pocos sitios vacíos quedan en las pulperías (en esta edición hubo nueve) que montan su carpa en la Carballeira de Francos, como, por ejemplo, la Pulpería Guerra.

No obstante, la ausencia de los equinos ha afectado en gran medida a las ventas de pulpo y churrasco. «Este ano está indo moi mal. É a unha da tarde e a esta hora tiñamos que estar cheos. Onte estábamos ás once da noite na casa cando normalmente nestes días rematamos ás tres da madrugada. O que pasa é que ao non haber cabalos a xente ven pasear un pouco por aquí e marcha. Nós ata pensamos que ao faltar os cabalos non habería feira», confiesa Marisol Dice, jefa de una de las pulperías presentes en la carballeira.

Edu López trabaja en una panadería familiar que acude cada noviembre a la fiesta y cuenta que esta particular edición «se lleva regular». «A nivel de ventas lo notamos mucho, no se comercializan tanto las empanadas, el pan, o la carne. Normalmente los visitantes pasean de arriba abajo la carballeira para ver a los caballos al final del recorrido y, al quedarse más tiempo, consumen más. Pero la situación actual es la que es», dice con resignación.

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