Iván Prieto, jefe de grupo del Laboratorio Ibérico de Nanotecnología
De Bertamiráns a un centro de referencia en Europa: el investigador que ayuda a redefinir el futuro de la tecnología
Iván Prieto es experto en fotónica, la ciencia que estudia la luz como alternativa a la electrónica tradicional

Iván Prieto es jefe de grupo de la llamada sala blanca en el Laboratorio Ibérico Internacional de Nanotecnología, situado en Braga / Antonio Hernández
Cuando Iván Prieto empezó a estudiar Física en la Universidade de Santiago (USC), la fotónica aún se llamaba optoelectrónica. Fue esa especialidad —más que la física de materiales, que también cursó— la que acabó marcando su trayectoria. “Era la que más me motivaba”, recuerda. Nacido en Robles de Laciana, en Villablino (León) y criado en Bertamiráns, tras licenciarse en la USC se trasladó a Madrid para realizar el doctorado en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y en 2014 dio el salto internacional: casi una década en Suiza, con una etapa intermedia en Austria, trabajando en algunos de los entornos más avanzados de Europa en innovación tecnológica.
Hace algo más de seis meses regresó al noroeste peninsular para asumir un nuevo reto profesional en Braga, donde trabaja como jefe de grupo de la sala blanca del Laboratorio Ibérico Internacional de Nanotecnología (INL) —por sus siglas en inglés: International Iberian Nanotechnology Laboratory—, un prestigioso centro creado por España y Portugal para realizar investigación de vanguardia en áreas como la salud, la energía o el medio ambiente.
“El aterrizaje está siendo bueno, aunque también hay un choque de realidad”, explica. Por un lado, siente que vuelve a casa: la cercanía con Galicia y la afinidad cultural con el norte de Portugal juegan a favor. Por otro, reconoce que venir de un país como Suiza —mucho más avanzado en términos de innovación e investigación aplicada— le ha hecho notar con más claridad la burocracia y ciertas inercias del sistema ibérico. Aun así, el balance es positivo: “Estoy rodeado de gente muy competente, con mucho potencial y muy buenas ideas”, indica.
El campo en el que trabaja, la fotónica integrada, es uno de los llamados a redefinir el futuro de la tecnología. La fotónica es la ciencia y la tecnología que estudia y manipula la luz —los fotones— para generar, transmitir, procesar y detectar información. Actúa como una alternativa o un complemento a la electrónica tradicional, basada en electrones, y es ya fundamental en ámbitos como las telecomunicaciones —a través de las fibras ópticas—, los sensores, las pantallas, la medicina o la automatización industrial.
“En mi área hablamos directamente de chips”, explica Prieto. “Estamos pasando de usar electrones a usar luz, y eso va a cambiar el paradigma”, añade. La razón es física: la luz se propaga a la mayor velocidad posible conocida en el universo, muy por encima de la del electrón. El proceso no será inmediato —es complejo y costoso—, pero ya ha comenzado y, según el investigador, marcará los próximos diez o quince años del desarrollo tecnológico.
La fotónica, sin embargo, también plantea problemas en materia de sostenibilidad. El auge de la Inteligencia Artificial y de los grandes centros de datos está disparando la demanda de chips y el consumo energético. “La fotónica no elimina ese impacto”, advierte. A ello se suma el cambio de materiales: el silicio está llegando a su límite físico, y los nuevos materiales requieren procesos de fabricación más complejos y recursos menos abundantes, con implicaciones geopolíticas evidentes.
Iniciativas estratégicas en Galicia
Desde esa perspectiva global, Prieto observa Galicia con una mezcla de orgullo y espíritu crítico. Destaca el talento que se forma en sus universidades —“mi generación y las siguientes están repartidas por todo el mundo, muchas personas en puestos muy relevantes”, asegura— y celebra iniciativas estratégicas como la creación en Vigo de una foundry de chips fotónicos —“si funciona, puede generar un ecosistema tecnológico similar al que en su día creó Citroën”, indica— y de un centro dedicado a tecnologías cuánticas. “No es solo investigación: es producción industrial real, y eso es clave”, subraya.
Para el investigador, uno de los grandes retos de Europa es precisamente ese: conectar de verdad la investigación con la industria. “Aquí universidad e industria suelen ir por caminos separados. En países como Suiza están totalmente integradas”, explica. Sin esa conexión, dice, es difícil que el conocimiento llegue al mercado y genere impacto económico y social.
A los jóvenes que se plantean dedicarse a la ciencia les dice que salir fuera es casi imprescindible. No solo por los medios o las oportunidades, sino por la apertura mental que aporta conocer otras culturas científicas y otras formas de trabajar. Eso sí: insiste en la necesidad de establecer programas de retorno con estabilidad: “Si invertimos mucho dinero en formar talento y no creamos condiciones para que vuelva, lo estamos perdiendo”, comenta.
De momento, Iván no se plantea regresar a Galicia, pero tampoco lo descarta a largo plazo. “Cerrar el círculo sería bonito”, admite mientras intercambia una mirada con su padre, Delmiro Prieto, muy conocido a nivel mediático por presidir la Federación Down Galicia y por el destacado papel que jugó durante años en el movimiento asociativo comercial de Santiago.
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