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Entrevista | Lucía Casal Vázquez Ganadera e 'influencer'

Ganadera en Melide e 'influencer' del rural: «A mi padre le decían: "Qué pena que no sea un chaval para poder conducir el tractor"»

En un mundo en el que muchas aldeas y explotaciones ganaderas van quedando abandonadas ante la falta de reemplazo generacional, Lucía Casal reivindica el trabajo en el campo entre las nuevas generaciones

Lucía Casal Vázquez, con su perro en su explotación ganadera de Melide.

Lucía Casal Vázquez, con su perro en su explotación ganadera de Melide. / Javier Quiroga

Diego G. Carballo

Diego G. Carballo

Melide

El campo se vacía. Ante la falta de relevo generacional en la agricultura y la ganadería, el envejecimiento de la población y la migración a las ciudades, al sector primario en el campo le espera un futuro incierto. Lucía Casal Vázquez, una joven de 22 años de Melide criada en una familia de tres generaciones de ganaderos, busca a través de las redes reivindicar la presencia de los jóvenes en el campo.

Háblenos de su granja.

Mis abuelos tenían vacas de leche, y cuando cogió mi padre el relevo pasamos a vacas de carne, sobre todo la rubia gallega. Desde pequeña siempre ayudé a mi padre en la granja, fue mi sitio seguro. Empecé a entrar en el tema, y aunque mi padre quería que yo estudiara, me apoyó. Hice el ciclo superior de Ganadería y Asistencia en Sanidad Animal y decidí quedarme con la explotación, pero con tan pocas cabezas de ganado no podía vivir. Lo que hice fue aumentar la cabaña ganadera, recuperando terrenos y una nave que iba a quedar abandonada debido a una jubilación, y creé un destete de 500 terneros.

«Desde pequeña siempre ayudé a mi padre en la granja, fue mi sitio seguro»

¿Cómo se le ocurrió la idea de compartir contenidos en redes?

Cuando me creé Instagram era muy pequeña, y a la salida del colegio yo iba a juntar las vacas y me hacía fotos con los animales, y las subía. Me acosaban en el instituto por eso, pero yo siempre le decía a mi padre que yo no estaba haciendo nada malo... y a partir de ahí empecé a compartir mi día a día. En 2023 fui de Erasmus a Irlanda y me presenté a un premio, que gané, y a raíz de eso comenzaron a hacerme entrevistas... empezaron a subirme los seguidores de manera brutal y ahí dije, bueno, esto es mucha presión, pero me está gustando.

En Instagram y TikTok tiene contenido distinto. ¿Como definiría lo que publica en cada plataforma?

Instagram es más bien informativo, explicando o respondiendo a preguntas que te hace la gente. TikTok es un poco seguir las tendencias, haces un vídeo y lo adaptas a tu manera, más desenfadado.

¿Cuál es el objetivo de compartir su profesión en redes?

Darle valor a este sector. Está muy abandonado, y aún por encima soy mujer y joven. Hoy en día, por desgracia, una mujer joven que se dedica a la ganadería sigue teniendo muchas críticas. Intento poner en valor que tenemos el mismo derecho a trabajar en el campo y que podemos llevar una ganadería. Y poner en valor lo que nuestros abuelos han fundado. Todo lo que tenemos hoy es gracias a ellos, con trabajo y con esfuerzo duro de verdad, no tenían las facilidades de ahora.

Muchos no tenían ni tractores...

Claro, hoy tenemos tractores... antes era la espalda de las personas. Siempre me acuerdo de cuando era pequeña y llegaba el día de recoger la hierba seca. Era una fiesta en casa, se juntaba gente de todos lados, mis tíos, mis vecinos... todos eran mano de obra, nos juntábamos 20 personas. Ahora, entre mi padre y yo lo hacemos. La vida avanzó, pero soy de las que me gusta mucho ver lo de antes, ese componente más personal.

¿La aparición de perfiles como el suyo ayuda a dignificar una profesión que aún está vista como algo desfasado o incluso de «paletos»?

Por desgracia se sigue escuchando, y me alegra que cada día aparezcan más perfiles, porque cuantos más reivindiquemos esto, mucho mejor. Queremos dar un cambio verdadero y hacer ver que no es así.

¿Qué es lo que más les gusta a sus seguidores de su contenido?

Hablando de Instagram, que es en la que más interactúo con la gente, les gusta saber, interactuar y conocer buenas noticias. He tenido a los seguidores intrigados por el parto de una vaca. Cuando nació el ternero, lo subí y decían «por fin, le vamos a poner nombre», y así. Son muy curiosos.

«En el instituto, cuando subía a redes las fotos con animales, me decían «¡ay, mira, trabaja en la granja, es que no se lava!»

Los haters son una constante en las redes. ¿Ha recibido comentarios negativos en sus contenidos?

Si, muchísimos. A finales del año pasado, cuando tuve el subidón de seguidores, aparecieron varios, faltando al respeto y metiéndose conmigo y con mi familia. Yo siempre me reivindiqué en que no le estaba haciendo daño a nadie y que no pido a nadie que me siga.

¿Ha sufrido prejuicios por parte de otros jóvenes o incluso de gente más mayor que ven el trabajo en el campo como algo inferior?

Si, en el instituto, cuando subía las fotos con animales, empezó el bullying. Se metían conmigo diciendo «¡ay, mira, trabaja en la granja, es que no se lava!». Una vez creces y hablas con la gente te dicen «¡bueno mujer, quítate de eso, que no lleva a ningún sitio!». Eso aún es duro, hay prejuicios, de que tienes que estar las 24 horas del día detrás de las vacas, y no. Hay que abrir un poco la mente.

El rural siempre estuvo visto como un trabajo de hombres, con las mujeres a un lado. ¿Es todavía una asignatura pendiente dignificar el papel de la mujer en el rural?

La mujer siempre estuvo presente en el rural, y siempre se le ha dado un papel secundario. Era la que atendía a los animales, la que limpiaba, les daba de comer... ayudaba al hombre con la granja, y luego cuidaba a su familia en casa. Estaba haciendo un papel principal, pero nunca se le ha dado ese puesto. Y hoy en día estamos dándonos ese lugar que merecemos, que tanto el hombre como la mujer son fundamentales en el rural.

¿Recibe comentarios machistas?

Todos los días. Ahora parece que ya vamos cambiando esa mentalidad, pero aún hay cosas fuertes. A mi padre le han dicho: «Qué pena que no sea un chaval para poder conducir el tractor»

La divulgación de su profesión le ha valido el Premio Nacional de Juventud del Instituto de la Juventud de España (Injuve). ¿Qué puertas le ha abierto su presencia en redes?

Conocer gente, yo me quedo con eso. Y llevar el rural a muchos sitios. Gracias al Injuve he llevado el rural a Andalucía, Madrid, País Vasco... te abre muchísimas puertas en el sentido de que conoces muchas personas, intercambias ideas y siempre se aprende, además de abrir la mente, que es muy importante hoy en día. Necesitamos que nos escuchen y nosotros escuchar también.

En su explotación recibieron a alumnos de otros países. ¿Qué diferencia a Galicia de otros lugares de Europa en lo relativo al campo?

Han venido cuatro chicos franceses a mi explotación, y yo he ido a una de Irlanda, y en Galicia estamos de lujo. Nuestros animales están en hoteles de cinco estrellas, tenemos un patrimonio espectacular y no lo valoramos como se merece.

¿Tiene algún plan para sus redes o busca seguir en la línea actual?

De momento estoy contenta, me gusta el contenido que hago y la repercusión que tiene. No me quiero desviar por otras líneas. La gente me dice que las redes dan dinero, y yo digo que a mí no, pero le dan valor a mi sector. No me sirve de nada ganar miles de euros si al final no estoy reivindicando lo que me gusta.

«Aún hay prejuicios de los de antes, de que tienes que estar las 24 horas del día detrás de las vacas, y no. Hay que abrir un poco la mente»

¿Ve luz al final del túnel en la relación de los jóvenes con el campo?

Queda mucho trabajo. Veo luz, pero hace falta unión entre los jóvenes. Un problema que tenemos aquí en Galicia es que cada uno tensa la cuerda de un lado, y no, a veces hay que rebajar un poquito la oreja y sentarnos todos juntos, así se llega más lejos. Somos los jóvenes quienes tenemos el mando de la situación.

Entristece ver como en muchas aldeas va desapareciendo el sector...

Claro, es como cuando en una aldea solo queda un chico, y dicen «pobre, ¿cómo va a tirar él con la ganadería?». Pues mira, solo habrá uno, pero apoyadle porque va a traer vida a ese pueblo. Los jóvenes tenemos una capacidad de crecer brutal.

¿Qué le pediría a los gobernantes para ayudar al campo?

Menos burocracia y más oportunidades. Yo este año lo he pasado muy mal porque sí que he tenido mucho papeleo, y te desesperas. Y luego que no nos mareen entre el Gobierno central y la Unión Europea. Estamos con incertidumbre con los cambios... que se expliquen bien las cosas y de una manera organizada.

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