Este pueblo marinero busca dueño por 150.000 euros: a una hora de Santiago
La aldea, situada frente al Atlántico, lleva varios años en situación de abandono

La aldea abandonada en la Costa da Morte, en venta por 150.000 euros. / Sergio Soto (@ser9iojmj)
El fenómeno de la España vaciada es especialmente crudo en Galicia. La comunidad se encuentra llena de aldeas dispersas que pierden habitantes por el avance del éxodo rural y que, muchas veces, acaban en ruinas a pesar de su empeño por atraer a nuevos vecinos.
En la actualidad, la autonomía ya suma más de 2.000 aldeas abandonadas, algunas de ellas en circunstancias sorprendentes. Enclaves con hermosas vistas, cercanas a los principales núcleos urbanos y que estuvieron llenas de vida hasta hace apenas unas décadas pierden a sus residentes y salen a la venta en un último intento de revitalizarse.
Es la situación que se dio en Candelago, una pequeña aldea del municipio de Ponteceso que comenzó a decaer alrededor de los años 70. El lugar, ubicado a poco más de una hora de Santiago, tiene en venta sus diez casas por un total de 150.000 euros, 50.000 menos que la cifra inicial que se pedía por el complejo cuando salió al mercado.
Candelago, un pueblo en venta al borde del océano
La aldea en venta de Candelago es un conjunto formado por una decena de casas rurales y hórreos de piedra que se asoman al Atlántico. Su estado de abandono sorprende especialmente si se tiene en cuenta su ubicación, ya que cuenta con unas impresionantes vistas al océano y con hermosos paisajes naturales en las inmediaciones.
El Camiño dos Faros, una ruta de ocho etapas al borde de la Costa da Morte, se encuentra muy cerca del lugar, donde residían marineros y trabajadores rurales. Ponteceso es precisamente la tercera parada de este sendero, donde se pueden encontrar parajes mágicos como el Estuario do Río Anllóns, en el que las mariscadoras se afanan por buscar berberechos y los pájaros descansan de sus migraciones.
Aunque esté abandonada, la aldea no ha dejado de recibir visitas durante todos estos años. De vez en cuando, algunos curiosos se acercan al lugar para disfrutar del paisaje desde sus 100 metros de altura y transitar los caminos de tierra de la zona, que no llegó a pasar por el cemento y mantiene intacta su esencia de villa rural frente a la costa.
El tiempo, eso sí, ha hecho mella en las edificaciones, muchas de las cuales han sido invadidas por la vegetación. Y es que la aldea ya lleva mucho en el mercado a la espera de que alguien le devuelva la vida.
Aprovechando el entorno en el que está establecido, los últimos dueños del pueblo pretendían convertirlo en un complejo turístico rural, pero finalmente no pudieron acometer el proyecto. Con este último descenso del precio de venta y el auge del trabajo híbrido y remoto, aguardan que algún nuevo propietario se haga con Candelago y reconstruya por fin este pequeño rincón junto al océano.
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