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Natalia Outeiro 'Pajarito', Premio de Teatro Maruxa Villanueva: "Eu non son actriz, son pallasa"

El galardón que concede el Concello de Padrón reconoce su trabajo cómico en el espectáculo 'Serie Clopen' y la elegancia de su humor

Natalia Outeiro 'Pajarito'

Natalia Outeiro 'Pajarito' / CEDIDA

Susana López Carbia

Susana López Carbia

Padrón

"Con moita ilusión e moito agradecemento" recibe la actriz y clown Natalia Outeiro Romay, conocida artísticamente como Pajarito, el Premio de Intepretación Teatral Maruxa Villanueva que hace días acordaba otorgarle el Concello de Padrón por su trabajo en el espectáculo Serie Clopen, coproducido por el Centro Dramático Galego y la compañía Pista Catro, así como por su dominio de los tiempos en escena y la elegancia de su humor.

Asegura que la hace especialmente feliz que el galardón reconozca un papel de "pallasa", que es con el que ella misma más se identifica. "Eu non son actriz, son pallasa", afirma sin matices.

Aunque no es habitual que el circo reciba este tipo de reconocimientos dentro del ámbito teatral, Outeiro contextualiza su trayectoria dentro de una tradición sólida. “Eu creo que en Galicia o circo ten moita forza e moita tradición”, explica.

La clown cree que en Galicia existe una escuela potente de payasos

Recuerda que cuando ella comenzó, hace más de veinte años, el circo era un espacio todavía por explorar. Con el tiempo, la figura clásica del payaso se fue reformulando: “En Galicia deuselle unha volta a ese concepto, o do pallaso de circo tradicional, e foise mesturando con elementos máis contemporáneos”.

Ya no se trata únicamente del clown de nariz roja. En su opinión, su lenguaje se ha enriquecido con la danza, el mimo y otras disciplinas físicas. “Creo que Galicia é unha gran escola de pallasos”, resume.

Natalia Outeiro 'Pajarito', en uno de sus espectáculos

Natalia Outeiro 'Pajarito', en uno de sus espectáculos / CEDIDA

Un camino que cambió de rumbo

Criada en A Coruña, con profundas raíces familiares en Malpica, llegó a Santiago para estudiar Psicología. Pero en la capital gallega encontró otro camino a seguir de la mano de una generación de jóvenes creadores que descubrieron el circo y el clown como fuentes de experimentación colectiva.

La efervescencia alrededor de la antigua Sala Nasa fue clave. “Foi un momento de moita explosión”, recuerda, un tiempo en el que convivían escenógrafos, artistas audiovisuales, actores y gente del circo en un mismo ecosistema creativo.

Un viaje formativo a Argentina marcó otro punto de inflexión. Allí, un accidente —se rompió las dos muñecas saltando en un minitrampolín— la obligó a replantearse su camino. “Atopei a senda marabillosa por alá… e xa me centrei neste mundo”, explica sobre su decisión de enfocarse definitivamente en el clown.

Reconoce, eso sí, que la inestabilidad forma parte de la vida en este sector. “En todas as artes escénicas hai ese desequilibrio”, admite. Por eso, diversifica: clases, dirección escénica, colaboraciones y proyectos propios. “Non se vive dun espectáculo”, señala con realismo, mientras avanza por dónde irá su próxima creación. De momento, es solo una idea, pero pinta bien: “Unha road movie pallasa”, aunque “hai que botarlle un tempo para pensar as cousas”.

Al final, asegura, los espectáculos acaban de hacerse cuando entran en contacto con el espectador. "Sobre todo no clown fai falta ese feedback que che dá o público", señala, antes de recomendar la pieza en la que colabora ahora mismo como "ollo externo": Royal, de Arturo Cobas y Paula Quintas, que se estrena el 7 de marzo en la Casa das Máquinas de Santiago.

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