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Dunas de 2 kilómetros y faros centenarios: el pueblo a una hora de Santiago que recomienda National Geographic

El enclave cuenta con un espectacular mirador, un importante paraje ornitológico y monumentos únicos rodeados de leyendas

El faro centenario de este bonito pueblo próximo a Santiago de Compostela.

El faro centenario de este bonito pueblo próximo a Santiago de Compostela. / Xunta de Galicia

Galicia esconde muchos rincones con encanto. Si uno extiende la vista más allá de las ciudades principales, puede encontrar pequeños tesoros ocultos dotados de una gran riqueza histórica y natural.

Aunque algunos pasan desapercibidos para los propios autóctonos de la zona, no es así para los grandes medios internacionales, que se quedan prendados de su belleza. Es lo que le ha ocurrido a National Geographic, que ha destacado el encanto de un pueblo coruñés enrocado al borde del Atlántico.

Ponteceso, a tan solo una hora de Santiago, es el enclave que ha cautivado al mundo. Se trata de un pequeño pueblo de poco más de 5.000 habitantes, que cuenta con un faro que lleva más de un siglo en funcionamiento y con uno de los complejos dunares -junto al de Corrubedo- más destacados de Europa.

Así es Ponteceso, uno de los pueblos más bonitos cerca de Santiago

Situado frente al océano, Ponteceso puede presumir de más de un rincón turístico. Empezando por las Dunas da Barra, un conjunto de casi dos kilómetros de largo y 400 metros de ancho, que escala por las faldas del Monte Branco y llega hasta el Alto das Travesas.

Con este nombre se conoce a una de las dunas rampantes con mayor altitud de Europa, que cuenta muy cerca con una hermosa ruta de senderismo hasta la playa de Balarés. Desde esta franja del litoral, de arena blanca y fina, se puede acceder a uno de los miradores más hermosos de la zona, que se eleva sobre el río Anllóns y los frondosos bosques que lo circundan.

Su ensenada se considera un espacio natural protegido, donde la ría de Corme y Laxe se entremezclan con el océano en un baile de agua dulce y salada. Según indica el Ayuntamiento, tanto en esta área como en el Monte Branco se pueden encontrar especies "raras o en peligro de extinción" y un sinfín de pájaros migratorios, lo que lo convierte en una ruta perfecta para observar aves.

Un lugar salvaje lleno de misterio

Si se avanza hacia la praia da Ermida y se mira hacia el mar, se puede distinguir la Illa da Estrela, un montículo de tierra lleno de secretos. En él se ubica un castro de interés histórico, así como las tumbas de los cuerpos desconocidos que escupía el Atlántico.

No obstante, si hay un misterio en este encantador pueblo junto a Santiago ese es, sin duda, la Pedra da Serpe. Se trata de un "monumento único", formado por un trozo de granito con una cruz clavada y la figura de una serpiente con alas tallada en la roca.

Los historiadores aún no han podido descifrar el significado de este símbolo, que resulta poco frecuente en Occidente. Los visitantes pueden entretenerse haciendo sus propias pesquisas y después dirigir sus pasos hacia Cabo Roncudo para disfrutar de una vista espectacular de las olas rompiendo contra las rocas.

El nombre del enclave procede, precisamente, del sonido ronco del oleaje en esta parte del municipio. En él se erige uno de los faros más antiguos de Galicia -con permiso de la Torre de Hércules-, que atrae cada año a miles de turistas.

Avanzando por la costa se llega a la praia de Niñóns y a sus 250 metros de arena. Su ubicación, protegida del viento gracias a las laderas que la flanquean, hacen de ella un destino popular para las familias, que acuden al arenal especialmente durante las tardes de verano.

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