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Gerardo, el nonagenario de Rois con alma de carpintero que lega su arte a personas con discapacidad

El colectivo Amipa expone las piezas donadas por un vecino de 93 años que trabajó la madera desde los 17

Gerardo Lago Piñeiro, delante, en el centro, con miembros de la asociación Amipa, que sostienen las piezas que donó a la entidad.

Gerardo Lago Piñeiro, delante, en el centro, con miembros de la asociación Amipa, que sostienen las piezas que donó a la entidad. / Cedida

Rois

Las reproducciones de un hórreo, de un carro de vacas o de un arado son algunas de las muchas piezas de artesanía que se pueden ver en la exposición permanente que inauguró en Rois la asociación Amipa en homenaje a Gerardo Lago Piñeiro, un carpintero de 93 años natural de Sorribas y vecino de Leroño que le cedió a la entidad casi todas las creaciones de su colección particular.

En la inauguración de esta muestra, Gerardo estuvo acompañado por las personas con discapacidad y el personal de Amipa. “Yo me siento como un miembro más de la familia Amipa. Me vienen a buscar, paso muchos días aquí con ellos. Les estoy muy agradecido, porque me tratan como uno más”, explica en la rectoral de Sorribas, lugar en el que nació y en el que tiene su sede social la entidad.

La directora del colectivo, Begoña Suárez, agradece la donación y resalta “el incansable trabajo de Gerardo, que es memoria viva de la cultura popular y sabe transmitirle a las personas con discapacidad el valor del trabajo que se hace en el rural”.

Gerardo Lago nació el 8 de mayo de 1932 en el Vilar de Abade (Sorribas), y actualmente vive en Leroño, ambas parroquias de Rois, donde disfruta con sus dos hijos, dos nietos y cuatro bisnietos.

“Fui carpintero toda mi vida. Empecé a los 17 años, después de salir de la escuela. Estuve arreglando casas, tejados, pisos, puertas... Lo que había”, recuerda con el buen humor que lo caracteriza.

“Y entonces se hacía todo a mano, porque no había maquinaria. Había que subir las cosas todas a la espalda”, recuerda.

Desde que se jubiló, Gerardo comenzó a hacer piezas de artesanía “para pasar un poco el tiempo". "Discurro una cosa y la hago. Si me sale bien, la guardo; si no, va para el fuego”, asegura con una sonrisa.

Algunas de estas obras de artesanía las vende, como hizo recientemente en Urdilde, y otras las regala. “A mí el dinero no me enamora. Solo pido tener salud”, asegura.

Entre las piezas que le regaló a Amipa se pueden ver un hórreo, un pozo, un arado, un carro de vacas... Todas están a la vista en el salón principal de la asociación.

Algunas de las piezas de Gerardo Lago

Algunas de las piezas de Gerardo Lago / Cedida

“Me gustaría que todas las personas que vengan hasta aquí las puedan ver”, asegura Gerardo, resaltando que hoy es difícil encontrar a quien quiera ser carpintero y que haga piezas de este estilo y trabaje la madera.

Hace unos años estuvo compartiendo sus conocimientos con un grupo de jóvenes y chicas de Rois durante una actividad del verano. Incluso en Amipa estuvo enseñándole a las personas usuarias a hacer cestos, aunque reconoce que “no los hago muy finos, porque yo no estudié”.

“El arado y el carro están muy bien. Y hacer un carro de un carretero no es fácil. Hay que tener en cuenta que podían cargar hasta tres o cuatro toneladas, andaban por caminos estrechos y hacían muchos kilómetros”, comenta.

“Las ruedas de los carros tienen un metro de diámetro y solo tres piezas, y había que agujerearlas a mano. Y entonces eran de madera de roble”, explica.

Gerardo Lago se define cómo “una persona muy tranquila, que supo defender sus derechos, aunque había que saber perder algunos en aquella época". "Peleé mucho en la vida, trabajé con otros carpinteros y tuve hasta trabajadores a mi cargo”, comenta.

Como último consejo, Gerardo le pide a las diferentes administraciones “que miren más por el rural, porque hoy no hay quien ponga un cristal en una ventana”.

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