El elevado caudal de los ríos limita las capturas en el arranque de la campaña de pesca fluvial
Los pescadores del coto de Chaián, en Trazo, lo tuvieron complicado ante un Tambre cargado de agua, aunque hubo quien cogió las cuatro truchas del cupo

Antonio Hernández

La campaña de pesca fluvial arrancó de manera irregular en los cotos de la comarca de Santiago. El elevado caudal de los ríos, tras las abundantes lluvias de los últimos meses, impidió estrenar la temporada en condiciones. «O primeiro día non foi para botar foguetes», resume Miguel Piñeiro, periodista y pescador experimentado. Explica que los miñoqueiros corrieron mejor suerte que los aficionados a la cucharilla. Tampoco la mosca y el trallo se pudieron utilizar en esta primera jornada. «Haberá que esperar dúas ou tres semanas ata que baixe a auga», dice.
En efecto, en el coto de Chaián, en Trazo, el día amaneció nublado, pero sin viento y con buena temperatura para la pesca. Sin embargo, el Tambre bajaba con mucha agua y algo turbio, y las truchas no picaron o picaron poco.

El pescador Elisardo Cea conversa con la alcaldesa de Trazo, Fina Suárez, y la conselleira de Medio Ambiente, Ángeles Vázquez, que visitó el coto de Chaián en el primer día de la temporada de pesca fluvial / Antonio Hernández
Era la comidilla en las conversaciones que mantenían al borde del agua unos cuantos aficionados, algunos con décadas de experiencia a sus espaldas, como Elisardo Cea. «Eu creo que me podes chamar experimentado porque levo pescando 55 anos», precisa.
Tiene 68 años y empezó a pescar cuando apenas tenía 6. Vecino de Santiago, conoce bien los ríos de la comarca. Él fue uno de los que logró el cupo permitido. «Eu collín as catro troitas que deixan coller, pero hoxe moi poucos van coller catro. E iso é inaudito», comenta. No siempre fue así. Elisardo recuerda épocas en las que conseguir un permiso para pescar el primer día era casi una misión imposible. Para él, la pesca es mucho más que una afición. Es memoria: «Eu veño fundamentalmente por manter esa ilusión e eses recordos», dice. Pero también siente preocupación por el estado de los ríos: «Cada ano vai a menos. É triste velo. Temos os ríos moi abandonados», lamenta.

Elisardo Cea lleva 55 años pescando / Antonio Hernández
Tradición que se fue perdiendo
A pocos metros de él, Susa Castro observa el agua con paciencia. Tiene 68 años y lleva pescando desde los 24. Nació en Santiago, aunque su infancia está ligada a esta zona del Tambre. «En cada casa había un pescador», afirma.
Las jornadas empezaban de madrugada, caminando por el monte hasta llegar al río cuando aún era de noche. «Viñan andando e facían lume alí», cuenta.
Su relación con la pesca comenzó casi por casualidad. Una tarde, mientras acompañaba a una amiga al río, lanzó una caña improvisada. «Ese día collín tres troitas cun pau e entroume o gusanillo», dice riendo. Desde entonces no dejó de pescar. Durante años alternó el río con el mar en compañía de su marido, con el que compartía afición. Hoy, tras un parón causado por la viudez, sale a pescar con sus amigas Patricia Fernández y Ana Seoane.

Patricia Fernández, Susa Castro y Ana Seoane pescan juntas en río y en el mar / Antonio Hernández
Patricia, de 30 años y también de Santiago, sostiene la caña con calma. Aprendió a pescar de niña, siguiendo los pasos de su padre. Para ella, la pesca tiene más que ver con la tranquilidad que con las capturas. «Gústanme a natureza, o río e o mar. Vir pescar dáme tranquilidade», cuenta. Aún no ha tenido suerte, pero no parece preocupada. «Xa pescaremos», dice con naturalidad. Ana, más novata con la caña, reconoce que también está enganchada, pero sobre todo a la pesca en el mar. «Gústame e reláxame», explica.

Susana López Carbia
Pescar en familia
A unos metros de ellas, una familia llegada desde el barrio compostelano de Vite comparte jornada de pesca. Jesús Vázquez y Beatriz Carballido han traído a sus hijos, Óscar y Manuel, de seis y siete años. Son los socios más jóvenes de la Venatoria de Santiago.

Jesús y Beatriz, con sus hijos Óscar y Manuel, los socios más jóvenes de la Venatoria de Santiago / Antonio Hernández
El matrimonio llevaba años pescando en el mar, pero ahora quiere transmitir esa afición a los pequeños. «É unha cousa bonita, desconectas do traballo e deste ritmo de vida que levamos», explica Jesús. El resultado no pudo ser mejor: el padre ya consiguió su cupo de truchas y cada niño logró sacar una. «O importante é que desfruten e se enganchen», dice.
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