Tradición
Dos palos que estrechan vínculos entre Galicia e Irlanda
El colectivo O Son da Curuxa de Santa Comba halla similitudes entre el shillelagh y el pau da moca, suerte de bastones acabados en nudo usados como arma de defensa y, en la tierra de los mil ríos, con el ganado

Un shillelagh irlandés, de color negro, sobre un pau da moca gallego / O Son da Curuxa
En Santa Comba existe un colectivo de apasionados por la historia que se agrupa bajo el nombre O Son da Curuxa, el sitio de internet donde divulgan el vínculo entre el pasado y presente, además del que se da entre los pueblos atlánticos europeos. Y un buen ejemplo de esta tesis defendida por los jóvenes Jorge Castelo, Roberto López y Sergio Vázquez se hace patente con el paralelismo entre el shillelagh irlandés y el pau da moca gallego.
«Novamente, é ben recordar que noutras zonas de Europa, danse fenómenos semellantes, pero parece lóxico tirar desta histórica irmandade», explican al respecto de en este tema. Tanto el shillelagh como el pau da moca comparten orígenes comunes en fondo y forma, aportan desde el grupo, ya que son objetos de madera con engrosamiento natural, confeccionados con esmero y asociados a tradiciones rurales, caminos, identidad, memoria y cultura en definitiva. Ambos combinan función práctica y valor cultural, y en ambos casos el material principal suele ser la madera dura de especies locales.

Sergio Vázquez, izquierda., con Jorge Castelo y Roberto López, de O Son da Curuxa / O Son da Curuxa
Sin embargo, su diferencia principal reside en el simbolismo que heredaron estos objetos. El shillelagh se ve hoy en día como el arma de combate autóctona de la Isla de los Tuatha dé Danann y símbolo político en Irlanda. El pau da moca en Galicia está casi olvidado y, como mucho, ligado a algunas labores ecuestres, y sin simbolismo combativo-reivindicativo alguno, a pesar de que fue algo fundamental en la historia de Galicia. Estos artilugios son primos atlánticos que han corrido suertes distintas: nacidos de sociedades campesinas orgullosas, con un vínculo profundo con la madera y la tierra, pero con historias que se ramificaron en direcciones distintas. Mientras uno sigue siendo un símbolo vivo, el otro ha pasado a ser un mero recuerdo.
Lo shillelaghs están elaborados principalmente con maderas de blackthorn (endrino o espino negro) y oak (roble), por su dureza, resistencia y capacidad de ser trabajadas sin perder integridad estructural. Para darle forma, se escogía una rama joven y recta con una raíz, con un brote suficientemente grueso, o con un engrosamiento natural; se dejaba curar en ceniza o aceite y se pulía con una mezcla de grasa animal y cera de abeja para protegerla de la humedad. Este proceso era tan importante para su durabilidad como para su aspecto: un shillelagh debía ser firme, elegante y útil.
Ocupación en Eire
Desde el siglo XVIII, estos palos adquirieron una fuerte connotación simbólica. En Irlanda, el shillelagh se convirtió en símbolo de la resistencia frente a la ocupación inglesa, en objeto de defensa personal y en instrumento de las luchas entre facciones rurales, conocidas como 'faction fights', luchas campesinas organizadas.
Y, a su vez, O Son da Curuxa explica que el pau da moca (también pao da moca o simplemente moca) consiste en un palo largo (normalmente entre 1,5 y cerca de 2 metros), rematado en un engrosamiento natural en su base o en su parte superior. Esa «moca» puede ser la parte de la raíz donde el tronco nace o un nudo especialmente prominente de la madera, como suele ocurrir con los palos de roble joven o incluso de tojos. Aparece especialmente documentado en zonas como las comarcas de Soneira, Xallas, Bergantiños, Barcala, el Ulla, Santiago, Deza o el sur de la provincia de A Coruña y norte de Pontevedra, donde se empleaba para apoyar el cuerpo durante las largas caminatas por el monte, como herramienta de labor con el ganado y, muy habitualmente, en riñas entre labradores.
Su confección es muy cuidadosa y semejante a la del shillelagh. En algunas zonas de Galicia tomaba el nombre de «enqueirado do pau». La madera no se escogía al azar: se buscaba un árbol joven, de madera firme, que ofreciese un crecimiento natural apropiado para formar una base manejable, resistente y de fácil agarre. Lo más habitual era el roble, pero también avellano, castaño o tojo.
Fue, asimismo, uno de los principales complementos de muchos jinetes gallegos hasta hace bien poco. Tanto si se trataba de equitación asociada al ganado, para controlarlo, como si era para imponer una figura de poder, este elemento fue clave durante muchos siglos y pasó a la historia de la mano de varios autores decimonónicos. Un ejemplo muy bueno de todo esto, relacionado sobre todo con las comarcas xalleira, bergantiñana y soneirense, lo da el autor José Baña Pose, también conocido como Pepe de Xan Baña. El escritor de Varilongo, con un vínculo muy profundo con estas tres comarcas, cita todos estos usos del palo en sus obras y deja claro que era una herramienta de trabajo imprescindible, pero al mismo tiempo, un arma peligrosa.
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