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Siniestros con maquinaria agrícola

Galicia ante una tragedia que no cesa: muere un hombre en Arzúa tras quedar atrapado entre un tractor y un árbol

La antigüedad de la maquinaria y el envejecimiento de la población agravan una tendencia que no remite

El 90% de los fallecidos en estos accidentes son mayores de 65 años y trabajan en fincas familiares

La orografía, la maquinaria obsoleta y el trabajo en solitario conforman un cóctel letal

Oficinas de la central de Emerxencias 112 Galicia.

Oficinas de la central de Emerxencias 112 Galicia. / Cedida

R. Prieto

Un hombre perdió la vida este jueves en Arzúa tras quedar atrapado entre un árbol y un tractor mientras realizaba labores agrícolas.

El accidente se produjo en el lugar de Bosende y, pese a la rápida movilización de los servicios de emergencia, los equipos sanitarios solo pudieron confirmar el fallecimiento en el lugar.

El suceso tuvo lugar en torno a las 20:25 horas de la tarde. En ese momento, el 112 Galicia recibió la llamada de alerta de un particular que había encontrado a su vecino accidentado. Según la información facilitada, el hombre había quedado atrapado entre el tractor y un árbol mientras se encontraba cortando leña.

De inmediato, desde el 112 Galicia se informó a los Bomberos de Arzúa, al Servicio de Urgencias Sanitarias de Galicia-061, así como a los agentes de la Guardia Civil y a los efectivos de Protección Civil de la localidad.

Una vez en el punto, los equipos de emergencia procedieron a las tareas de liberación para poder rescatar a la persona. Tras retirar el vehículo, los profesionales sanitarios desplazados solo pudieron certificar el fallecimiento del hombre.

Un problema reiterado

Este nuevo accidente mortal vuelve a poner de relieve un problema que asola el rural gallego: la elevada siniestralidad asociada al uso de maquinaria agrícola, especialmente tractores, en una comunidad marcada por el envejecimiento de su población y por un parque de vehículos muy antiguo. Galicia encadena año tras año cifras que la sitúan a la cabeza de España en muertes relacionadas con el tractor, un patrón que se repite con una regularidad alarmante.

La mayoría de estos siniestros comparten elementos comunes. El perfil de la víctima suele ser un hombre de edad avanzada —en torno al 90% supera los 65 años— que realiza trabajos en fincas familiares, muchas veces en solitario y fuera del ámbito estrictamente laboral, lo que dificulta la prevención y la contabilización precisa de los riesgos. La edad avanzada implica menor capacidad de reacción y más dificultades para manejar maquinaria pesada en terrenos irregulares, un factor especialmente relevante en Galicia, donde la orografía es compleja y las parcelas suelen presentar pendientes pronunciadas.

A ello se suma la antigüedad del parque de tractores. Más de la mitad de los vehículos en uso superan los 40 años y muchos carecen de estructuras de protección homologadas, como los arcos antivuelco (ROPS) o cinturones de seguridad. En numerosos accidentes mortales, el tractor vuelca o se desplaza de forma inesperada, atrapando al conductor. La falta de sistemas de seguridad, unida a la costumbre de trabajar con maquinaria heredada o sin mantenimiento adecuado, incrementa el riesgo de forma notable.

El caso de Arzúa encaja en este patrón: un entorno rural, una tarea cotidiana como cortar leña, un tractor que probablemente se movió de forma imprevista y un trabajador que quedó atrapado sin posibilidad de liberarse. La rapidez con la que se desarrollan estos accidentes y la ausencia de acompañamiento suelen hacer que la llegada de ayuda sea demasiado tardía.

Las instituciones gallegas llevan años alertando de esta situación. El Instituto de Seguridade e Saúde Laboral de Galicia (ISSGA) ha impulsado campañas de concienciación y formación, mientras que distintas administraciones han promovido ayudas para la renovación de maquinaria. Sin embargo, la modernización avanza lentamente, frenada por la falta de relevo generacional, el coste de los nuevos equipos y la resistencia a sustituir vehículos que, pese a su antigüedad, siguen funcionando.

La muerte en Arzúa no es un suceso aislado, sino que pone de manifiesto un problema estructural que afecta al corazón del rural gallego. La combinación de población envejecida, maquinaria obsoleta y un territorio exigente convierte al tractor en uno de los elementos más peligrosos del día a día agrícola.

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