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El pueblo gallego que esconde cinco playas paradisiacas: arena blanca, aguas turquesa y un paseo a 50 metros de altitud

A menos de dos horas de Santiago se encuentra una villa marinera repleta de arenales que parecen sacados del Caribe

Una de las playas paradisiacas de esta villa marinera de Galicia.

Una de las playas paradisiacas de esta villa marinera de Galicia. / Instagram/@apartagal

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Con sus 2.555 kilómetros de costa, Galicia es la comunidad autónoma con más litoral de España. En él es posible encontrar auténticos tesoros en forma de playas, arenales de aguas turquesas que, en ocasiones, se ubican a poca distancia unos de otros.

Es justamente lo que ocurre en un pueblo gallego situado a menos de dos horas de Santiago que se ha convertido en el paraíso de los amantes de la arena, O Vicedo. Esta encantadora villa marinera llena de iglesias centenarias ofrece hasta cinco playas que recuerdan al Caribe y un paseo imprescindible junto al mar que se alza a 50 metros de altura.

La playa de Caolín, en O Vicedo, Lugo.

La playa de Caolín, en O Vicedo, Lugo. / Instagram/@ana_fdez_ramos

Así es O Vicedo, el templo de la arena para viajar al Caribe sin salir de Galicia

Considerado como uno de los pueblos mágicos del norte de España, O Vicedo se ha ganado un hueco en las guías turísticas por sus hermosos arenales rodeados de naturaleza. Los visitantes pueden recorrerlos en un mismo día o escoger el que más se adecúe a lo que buscan: ya sea una playa kilométrica o una pequeña cala a la que apenas llega gente y que recuerda al arenal de un pequeño islote.

Así lo explicó hace unos días la influencer de viajes Beatriz Sotelo, conocida en redes como @petiscosgalegos, que se acercó hasta Lugo para ver este santuario de la arena. Allí visitó "cinco playas espectaculares en un auténtico pueblo mágico de España", entre las que hay puentes, cuevas marinas y mareas suaves que invitan al baño.

Su primera parada fue Xilloi, una bonita playa de arena fina con "aguas turquesa y formaciones rocosas que crean rincones mágicos". Es una de las más visitadas por los lugareños, que aprecian su geografía en forma de concha que la protege del viento y la tranquilidad del mar que lame su orilla.

Si se continúa desde allí por una senda pegada a la costa, se llega a la segunda de estas playas paradisiacas de Galicia: o Vidreiro, "una pequeña cala entre rocas que parece sacada de una isla". En ella, se puede tomar el sol mirando a la ría, darse un chapuzón o estirar las piernas por su paseo hasta bien entrada la tarde.

No muy lejos está Caolín, la que quizá podría considerarse como la joya de la corona de este pueblo gallego con encanto. Su nombre se debe al lavadero de caolín -un mineral blanco- que existía en la zona y que le ha dado a la arena un tono tan puro que "la llaman la playa de porcelana".

La creadora de contenido destacó su "agua cristalina, oleaje suave y pequeñas cuevas naturales que parecen de postal". "Está considerada una de las playas más bonitas de España", aseguró a sus seguidores, antes de dirigirse a la playa de San Román -famosa por su desembarco vikingo- y a la de Area Longa, en la que se puede caminar más de un kilómetro sobre la arena y disfrutar de la desembocadura del río Sor.

Un paseo de madera entre acantilados

Además de por sus playas, lo que convierte O Vicedo en un pueblo de Galicia que hay que visitar es su increíble paseo asomado al Cantábrico. Se trata de O Fuciño do Porco, un cabo que se alza sobre el arenal de Pereira y Area Grande y que ofrece una ruta natural impresionante al borde de los acantilados.

La pasarela de madera entre acantilados de O Fociño do Porco, en O Vicedo.

La pasarela de madera entre acantilados de O Fociño do Porco, en O Vicedo. / Turismo O Vicedo

Mientras se recorre su bonita pasarela de madera, es posible regalarse la vista con los paisajes que van desde Xove hasta Bares. El mirador alcanza los 50 metros de altura y se tarda poco más de una hora en completar sus 3 kilómetros en un circuito ida y vuelta.

Otra cosa que hay que ver en O Vicedo es la Iglesia de Santa María de Cabanas del siglo XV, y la de San Pablo de Riobarba. Asimismo, es recomendable acercarse hasta el estuario del río Sor para observar la Isla de San Martiño y el increíble entorno natural que la rodea.

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