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Técnico comercial, entrenador... y poeta: el joven arzuano que llegó a las finales de cuarenta certámenes literarios

Jacobo Vieites Sánchez acaba de ganar un certamen en Huelva por su obra Volar libre

Jacobo Vieites Sánchez.

Jacobo Vieites Sánchez. / Cedida

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Arzúa

El escritor Jacobo Vieites Sánchez (Mesón do Vento, Ordes, 1994), residente en Arzúa, obtuvo este sábado el primer premio de poesía del XXVIII Certamen Literario Castillo de Cortegana (Huelva) por su obra Volar libre.

El galardón, dotado con diploma y 400 euros, fue entregado durante la ceremonia celebrada en el castillo de la localidad.

Se trata de su primer galardón en la modalidad de poesía. Hasta ahora, sus principales premios habían estado ligados al relato y al microrrelato, aunque también había conseguido publicar composiciones poéticas en revistas literarias.

Vieites inició su trayectoria literaria en 2024 y desde entonces ha logrado ser finalista o premiado en cerca de cuarenta certámenes nacionales e internacionales.

Entre los galardones más destacados figuran el Premio José Carlos Capparelli de Relato (2025), el Certamen Nun Recuncho da Memoria (2025), el Certamen Literario Esperanza Asuar (2026) y el Certamen de Microrrelatos Javier Tomeo de Temática Social (2026).

Compagina la escritura con su trabajo como técnico comercial en una empresa de toldos y con su labor como entrenador de la S.D. Pontecarreira.

"Aunque había sido seleccionado finalista y me habían publicado algún poema antes, nunca había ganado un certamen de poesía hasta este momento, por lo que este galardón es doblemente especial", señala Jacobo Vieites.

En el certamen, de temática libre, podían participar autores de cualquier parte del mundo de menos de 35 años. La entrega de premios se celebró este 11 de julio en Cortegana y, aunque no pudo acudir presencialmente, el autor envió un video de agradecimiento y de lectura del poema.

Esta es la obra ganadora:

Volar libre

Te vi cruzar el cielo en primavera,

alas de luz contra un mundo dormido,

y supe, ya antes de amarte,

que lo eterno sería negado.

Yo, cuco encerrado en su condena,

prisionero de madera y tiempo,

solo existo cuando el silencio cede,

cuando el reloj me presta voz.

Mi jaula es oscura por dentro,

no hay cielo, ni rama, ni viento.

El tic-tac es látigo y sentencia,

y la espera, una noche eterna.

Tú vuelas entre árboles vivos,

dibujas rutas sin destino,

cantas sin miedo al olvido

mientras yo aguardo sin ruido.

Cada hora me empuja al abismo:

asomo el pico y grito,

mas el eco muere en esta caja

sin alcanzar tus alas.

Mi amor es clandestino,

un secreto que todavía ignoras,

mi vida, una sucesión de sombras

entre minutos vacíos.

¿Quién ama al que solo aparece un segundo?

¿Quién espera al que no puede quedarse?

Soy cuco en ataúd de madera,

soy sombra en la hora marcada.

Y tú, libre y amada,

jamás verás cuánto duele la espera.

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