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Alan Cadavid, el joven de Ames que sueña con llegar a los Juegos Olímpicos a golpe de martillo

A sus 15 años, el vecino de Buceleiras ya es uno de los mejores lanzadores sub-16 de España y compagina el atletismo con el conservatorio de música, donde estudia tuba

Alan Cadavid, en pleno lanzamiento de martillo.

Alan Cadavid, en pleno lanzamiento de martillo. / Cedida

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Susana López Carbia

Susana López Carbia

Ames

Con apenas 15 años, el amesano Alan Cadavid Rusenov ya sabe lo que es competir entre los mejores lanzadores de martillo del país. El vecino de Buceleiras, en la parroquia de Bugallido, acaba de firmar una temporada sobresaliente que lo sitúa entre las grandes promesas del atletismo gallego: tercero de España por federaciones, quinto en el Campeonato de España sub-16 al aire libre, cuarto en el Nacional de lanzamientos largos de invierno y campeón gallego de su especialidad.

Sin embargo, lo que más llama la atención de Alan no son solo sus resultados, sino la naturalidad con la que habla de ellos. "Me alegro mucho, sobre todo por el esfuerzo. Llevo todo el año lanzando por encima de los cincuenta metros y eso demuestra que fui bastante regular", resume.

Su historia con el martillo comenzó hace apenas tres años. Se apuntó a Ames Atletismo tras unas jornadas de puertas abiertas, animado por un profesor de Educación Física. Al principio probó distintas disciplinas, pero el martillo lo conquistó desde el primer lanzamiento.

"Me dijeron que probara y lancé unos 23 metros el primer día. Vi que se me daba bien y, además, me gustó muchísimo la sensación", recuerda.

Alan Cadavid comenzó a practicar lanzamiento de martillo hace solo tres años.

Alan Cadavid comenzó a practicar lanzamiento de martillo hace solo tres años. / Cedida

Un año entrenando desde Irlanda

Su progresión podría haber sufrido un frenazo el pasado curso. Su familia pasó un año en Sligo, al noroeste de Irlanda, por lo que tuvo que entrenar lejos de Ames y sin apenas medios. Sin pista, sin entrenador y sin un martillo reglamentario, improvisó como pudo.

"Cogía un saco de arena con un asa para practicar la técnica y hacía los ejercicios que me mandaba mi entrenador", explica.

Ni siquiera aquella circunstancia frenó su evolución. Antes de regresar a Galicia consiguió entrenar unas semanas en un centro de lanzamientos irlandés y acabó proclamándose subcampeón de Irlanda por escuelas representando a su instituto.

De vuelta a Ames recuperó el ritmo habitual y los resultados no tardaron en llegar. En el Campeonato de España celebrado en La Nucía (Alicante) acudía con la séptima mejor marca de los participantes y terminó quinto, rozando el podio.

"Sí que me dio un poco de rabia porque podía haber quedado entre los tres primeros", reconoce.

Adrenalina en cada lanzamiento

Alan entrena tres días por semana en las instalaciones de Ventín, bajo la supervisión de Bruno García, hijo del director deportivo del club, José David García.

Lo que más disfruta no es únicamente la competición, sino el propio movimiento que debe hacer su cuerpo para lanzar el martillo.

"Cuando empiezo a girar voy cada vez más rápido y, en el momento de soltarlo, es como si se liberara toda la adrenalina. Verlo volar es una sensación increíble", describe.

El joven amesano entrena lanzamiento de martillo tres días a la semana.

El joven amesano entrena lanzamiento de martillo tres días a la semana. / Cedida

También estudia tuba en el conservatorio

El deporte no es la única disciplina en la que destaca. Alan, que empezará en septiembre cuarto de ESO en el IES Antonio Fraguas de Santiago, compagina los entrenamientos con el Conservatorio Profesional de Música, donde este año cursó segundo de enseñanzas profesionales de tuba.

"Cuando hago muchas cosas es cuando mejor organizo el tiempo. Si no tengo nada que hacer, es cuando más lo pierdo", afirma.

Sabe, no obstante, que llegará un momento en el que tendrá que elegir. Si continúa progresando en el atletismo, los entrenamientos pasarán de tres a cinco días por semana.

Un sueño que no esconde

Todavía no tiene claro qué estudiará, aunque de momento se inclina por el bachillerato científico. Lo que sí tiene claro es su gran objetivo deportivo.

"Sería un sueño llegar algún día a unos Juegos Olímpicos", admite con una gran sonrisa.

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