Verbeneando con Olympus
Del accidente que casi la hunde a llenar recintos con 30.000 personas: la historia de la orquesta nacida en Negreira
La Olympus cambió la forma de entender la verbena gallega.
Lo hizo convirtiendo una orquesta de pueblo en una empresa capaz de diseñar sus propios escenarios, fabricar sus montajes, llenar recintos con decenas de miles de personas y competir con grandes espectáculos nacionales.
Detrás de esa revolución está José ‘Pepe’ Ferreiro Magariños.

El afiche del ‘tour’ del 2026 ‘Más allá del Olimpo’ de la orquesta Olympus, con todos sus integrantes. / Cedida

Hay lugares que tienen un ADN especial para la música, y Negreira es, sin duda, el corazón palpitante de una de las mayores empresas de ocio de Galicia. Para José Pepe Ferreiro Magariños, el hombre que ha pilotado este barco durante décadas, montar la orquesta Olympus fue mucho más que reunir a unos músicos; fue «levantar una empresa, una marca y un espectáculo». Hoy, esa marca es el orgullo de una villa que ha visto cómo un proyecto local se convertía en una estructura configurada tanto en temas técnicos como humanos.
El secreto está en Negreira
Lo que diferencia a la Olympus de otras grandes formaciones es su obsesión por la autosuficiencia, un modelo que han centralizado en su casa, en Negreira. Mientras otras orquestas tienen que buscar servicios externos, Ferreiro decidió crear sus propias infraestructuras: «Hicimos aquí en Negreira unas instalaciones, unas naves para poder hacer los montajes. Tenemos nuestras oficinas técnicas, estudios de grabación propios para no depender de nada ni nadie», explica el líder de la orquesta Olympus.
Este control total les permite trabajar durante todo el año, preparando en invierno los montajes de luz y sonido que luego asombrarán a miles durante el verano. Para Ferreiro, la Olympus es una «estructura configurada tanto en temas técnicos como humanos» que nace y se gestiona íntegramente bajo el sello de la marca.
2014: cuando todo estuvo a punto de terminar
En pleno verano de 2014 el escenario de la Olympus se vino abajo. El camión-escenario de la orquesta volcó en una rotonda de acceso a la autovía AG-56, en el kilómetro 7, que une Santiago y Brión, a su paso por Bertamiráns (Ames). Para cualquier orquesta aquello habría supuesto el final de la temporada. Para ellos fue el principio de otra etapa. «Fue muy duro porque nos dejaba tirados por completo con una campaña preparada», recuerda Ferreiro con crudeza.
Lo que para cualquier otra empresa hubiera sido el cierre definitivo, para la gente de la Olympus fue un estímulo. «Toda la gente de Olympus sacó una fuerza terrible», comenta Ferreiro. Gracias al apoyo de empresas colaboradoras y a un esfuerzo sobrehumano de la plantilla, repararon el escenario en un tiempo récord de ocho días. Aquel trauma cambió la mentalidad de la orquesta: «Fue la manera de crecer cada día más y desarrollar más nuestra marca». La tragedia se convirtió en la fuerza necesaria para subir de nivel.
De la ranchera al ‘show’
El público joven que hoy llena los campos de la fiesta para ver los visuales de la Olympus quizás no sepa que la orquesta fue pionera en romper con el modelo antiguo. Ferreiro recuerda que, cuando empezó, la verbena era «puro baile: pasodobles, rancheras, americana» y estaba dirigida principalmente a gente mayor.
Sin embargo, la Olympus decidió apostar por la juventud: «Somos los primeros en sacar o inventar estos shows que hacemos aquí en la verbena». Esa intuición artística les ha permitido generar una comunidad propia que espera cada año con qué nueva sorpresa aparecerán en el escenario. Hoy, el resultado son recintos con 20.000 o 30.000 personas que los tratan como si estuvieran en un concierto de una estrella internacional, una satisfacción que, según Ferreiro, es lo que les impide parar.
El respeto por todos
A pesar de los grandes escenarios, los vestuarios, las pantallas gigantes y los cantantes estrella, Ferreiro mantiene los pies en el suelo y defiende a los trabajadores que no salen ni en redes sociales ni en el escenario. Se define como un defensor a ultranza de los chóferes y la gente de montaje: «Son los primeros que llegan al pueblo y los últimos que marchan. Son los que tienen que aguantar cosas, aguantar problemas. Envían los camiones a la guerra», señala el fundador de la Olympus.
Para Ferreiro, el factor humano es lo que realmente sostiene a la Olympus. Conviviendo 30 personas día tras día durante meses, por lo que el compañerismo es innegociable. «Tú puedes ser muy artista, pero si el artista no es humano y no sabe tener capacidad de compañerismo... en la Olympus siempre hablamos de que tiene que haber respeto», explica Ferreiro.
Embajadores culturales
La potencia de la Olympus es tal que, cuando salen de Galicia, el impacto es total. Ferreiro relata con orgullo cómo en lugares como Cáceres, a 500 kilómetros de casa, las autoridades locales no daban crédito al despliegue técnico que traían. «El alcalde vino y nos dijo ‘si no lo veo no lo creo... ¿traéis todo este despliegue?’».
Al final, para este vecino de Negreira, la orquesta es una «válvula de escape» necesaria para la sociedad y un pilar de la cultura gallega que debe llegar a cada aldea, por pequeña que sea. Cada noche vuelve a abrirse el telón. Y desde Negreira, un pequeño pueblo gallego continúa demostrando que una verbena puede convertirse en un espectáculo capaz de competir con cualquier gran producción del país.
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