“Padrón es el pueblo donde más vendemos”: madrugones, tradición y oficio en el mercado dominical
La feria reúne más de 600 puestos de venta ambulante
Ropa, alimentos, plantas o herramientas llenan las calles de una localidad que cada domingo recibe a miles de visitantes

A sus 41 años, Lorena lleva más de 15 montando su puesto los domingos en la feria de Padrón. / I. C.
Iker Cotón
Es domingo. Son las siete de la mañana. Mientras Padrón todavía duerme, cientos de personas comienzan a montar sus puestos. Se levantan persianas, se despliegan toldos y las cajas empiezan a ocupar las calles. Aún quedan horas para que llegue el bullicio de los compradores, pero para los vendedores la jornada ya ha comenzado. Un ritual que se repite cada domingo y que, para muchos de ellos, forma parte de su vida desde hace décadas. En unas horas, el mercado se llenará de productos de todo tipo: ropa, calzado, complementos, plantas, frutas y verduras, quesos, embutidos, herramientas, muebles y todo tipo de productos.
Esta tradición dominical no es nueva. La historia del mercadillo de Padrón hunde sus raíces en la Edad Media, cuando ya era uno de los más importantes de toda Galicia. Por aquel entonces su actividad se centraba principalmente en la venta de ganado. Hoy, más de cinco siglos después, los alrededor de 600 puestos repartidos por el pueblo venden toda clase de productos.
Pero detrás de cada puesto hay una historia. Algunos llevan varias décadas acudiendo a Padrón cada domingo, otros han heredado el oficio de sus padres y están empezando en la profesión. En lo que muchos coinciden es que el mercado va más allá del oficio: es una forma de vida.

El mercado dominical de Padrón cuenta con unos 600 puestos de venta ambulante. / I. C.
El mercado al aire libre más grande de Galicia
Lorena tiene 41 años. Lleva desde los 25 montando cada domingo su puesto en Padrón. No es el único pueblo al que acuden de forma semanal: “Vamos a Vilagarcía, Cambados, Cangas, Ribeira… Pero el mercado de Padrón es el que más gente tiene”. Y es que el mercado ambulante de la capital del Sar está considerado el más grande de Galicia al aire libre. Muchos otros vendedores coinciden con esta afirmación, ya que “la feria de este pueblo atrae a mucha gente que viene a comer el pulpo o los pimientos, es un mercado muy tradicional”.
Para Lorena, los domingos empiezan mucho antes de que aparezcan los primeros compradores. Su jornada arranca temprano, cuando todavía queda buena parte de los padroneses por despertar: “Llegamos a las siete de la mañana, montamos el puesto y la gente empieza a llegar sobre las 9.00 horas”. La hora punta llega entre las 12.00 y las 14.00 horas, cuando las calles de la localidad se abarrotan de gente y el ritmo del mercado se intensifica. En torno a las 16.00 horas, ya con menos bullicio, comienzan a recoger el puesto.

Una de las tradiciones en el mercado de Padrón es tomar una ración de pulpo. / I. C.
La vida del vendedor no es sencilla. “Con el tiempo no se puede luchar. El invierno en Galicia es muy largo y muchas veces no podemos montar el puesto por los temporales”. Pero el mal tiempo no siempre significa dejar de pagar. Esa es, precisamente, una de las principales quejas de los comerciantes: aunque las condiciones meteorológicas les impidan montar el puesto y salir a trabajar, la tasa del mercado se mantiene. “Este invierno nos pasamos tres meses casi sin poder vender. Hubo semanas que sólo montamos el puesto un día”.
Otra de las quejas habituales entre los vendedores tiene que ver con los vehículos aparcados en los espacios reservados para los puestos. Parte del mercado ambulante se instala en el Campo do Souto, una zona que durante el resto de la semana funciona como aparcamiento. “Nos hemos encontrado coches aparcados en nuestro sitio varias veces. La policía local nos dice que no tienen grúa y no nos queda otra que volvernos para casa”, comentan dos jóvenes vendedores entre la algarabía que ya es marca de la casa de los domingos padroneses.
A pesar de todo, siempre que el tiempo lo permite, Lorena no falta a su cita con Padrón. Cada domingo, vuelve a montar su puesto y a reencontrarse con los clientes que, después de tantos años, ya forman parte de su rutina. Para ella, la vida de vendedora ambulante es muy alegre: “Me encanta trabajar de cara al público y estar al aire libre. Es un trabajo duro, pero es mi vida, llevo toda la vida en esto”, comenta con una sonrisa.

La feria de Padrón es el mercado al aire libre más grande de Galicia. / I. C.
Esperan hacer su agosto para compensar la dureza del invierno
Para Lorena el domingo padronés forma parte de una rutina que se remonta hace más de quince años, para otros vendedores el camino acaba de comenzar. Es el caso de un joven comerciante que lleva poco tiempo acudiendo al mercado: “Me levanto a las seis de la mañana y comienzo a montar mi puesto pasadas las 7.00 horas”. A pesar de no llevar tantos años en el oficio, conoce perfectamente cómo es la vida del vendedor ambulante, profesión que le viene de familia: “Es una vida dura, especialmente durante el invierno. Dependemos mucho del tiempo, en verano es donde realmente rentabilizamos el trabajo, durante el invierno intentas mantenerte”. A pesar de esto, entre los silbidos, los gritos de las ofertas y el ruido de las conversaciones, reconoce estar contento con su trabajo: “Gracias a Dios, me va bien”.
Muchos heredan el oficio de sus padres. Es el caso de José, de 34 años, que se dedica a la venta ambulante desde los 16, cuando comenzó a trabajar junto a su padre. Los domingos están marcados en su calendario: “Padrón es el pueblo donde más vendemos, viene mucha gente de las aldeas de alrededor y eso se nota”. A pesar de esta afluencia, José reconoce una bajada de las ventas en los últimos años, que atribuye, en parte, al auge de las compras por internet: “Mucha gente prefiere comprar en páginas como Amazon porque les es más cómodo y no se tienen que mover de casa, aunque mucha gente sigue prefiriendo la compra más tradicional”. La competencia deja de estar en el puesto de al lado y pasa a estar al otro lado de una pantalla.
Pero si hay algo que caracteriza al mercado es que la competencia no impide la convivencia. La relación con los puestos vecinos es muy buena, según José: “Llevamos coincidiendo con ellos muchos años, porque siempre montamos en el mismo sitio. Son compañeros de trabajo, como en cualquier otro sitio”. Hay algo en lo que sí coinciden tanto los vendedores con más años de experiencia como los más novatos: la crítica a las cuotas que deben de abonar incluso si, por motivos climatológicos, no pueden montar su puesto ese día. “Pagamos igual aunque no podamos trabajar”, lamenta José.

El mercado dominical de Padrón tiene su origen en la Edad Media. / I. C.
Bares y restaurantes, grandes beneficiados
Los domingos por la mañana, el pueblo cambia de ritmo. El mercado dominical, con siglos de historia, hace que un pueblo normalmente tranquilo el resto de días de la semana se llene hasta la bandera. Esto tiene un impacto claro en el resto de negocios de la villa: los bares están llenos, las tiendas más transitadas y las mesas de los restaurantes muy cotizadas. Detrás de este movimiento están los vendedores, los que sostienen esta tradición, que convierten las calles de Padrón en su lugar de trabajo durante el séptimo día de la semana.
Para algunos es un negocio; para otros, un oficio heredado. Para todos, una rutina que empieza cuando todavía no ha amanecido del todo. A las siete de la mañana vuelven a levantar las persianas, a colocar la mercancía y a preparar el puesto, como llevan haciendo tantos domingos. Porque mientras Padrón duerme, el mercado ya está despierto.
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