Verbeneando con Gran Parada
La orquesta gallega que sale al escenario sin saber qué canciones tocará: "El público decide la verbena"
La orquesta Gran Parada, nacida en 1962, con 64 años de historia a sus espaldas, sigue siendo un pilar fundamental de las fiestas en Galicia.
Eduardo Alonso Pérez, una de sus voces principales, revela cómo es la vida tras el telón: desde el arte de «leer» al público sin una lista fija hasta el sacrificio de las fiestas lejos de la familia y el compromiso por mantener viva la orquesta «de toda la vida».

Integrantes de la orquesta Gran Parada / Cedida

Para Eduardo Alonso Pérez, subirse a un escenario no es simplemente un trabajo; es un acto de servicio emocional. Desde que era pequeño y acompañaba a sus padres a las fiestas, sintió que el palco tenía una función casi terapéutica. Hoy, con 25 años de trayectoria en el sector, su filosofía sigue intacta: el objetivo es lograr que la gente se olvide de sus problemas cotidianos y de sus pesares en casa durante las tres horas que dura la actuación. «Desde que subo al escenario, para mí, sacamos los problemas a la gente y llevamos un poquito de alegría para todos», explica Alonso Pérez.
Es una entrega que nace de una vocación temprana que comenzó tocando el clarinete en una banda y bailando, hasta que el magnetismo de las pruebas de sonido de las orquestas lo atrapó para siempre.
El peso de una leyenda que comenzó en 1962
Formar parte de la Gran Parada no es cualquier cosa ni es para todos; es integrarse en una orquesta que está cerca de cumplir siete décadas de existencia. Para Alonso Pérez, incorporarse a esta formación supuso una mezcla de ilusión y una enorme responsabilidad. Él sabe que el público recuerda a quienes pasaron por ese escenario décadas atrás, y trabaja cada día con la meta de que, en el futuro, se hable bien de su paso por la orquesta y se le recuerde como un cantante alegre y cercano.
Eduardo Alonso Pérez defiende una versatilidad que considera única en los cantantes de orquesta. «Somos los más completos», afirma, explicando que deben ser capaces de empezar la noche con un vals o un pasodoble para los matrimonios y terminar con la potencia de AC/DC para los jóvenes. Aunque disfruta de todos los estilos, confiesa una debilidad personal «por la música clásica, es la que más disfruto» y las primeras partes de la fiesta, donde el contacto con el público que busca bailar es más directo.

Eduardo Alonso Pérez / Cedida
El arte de la improvisación
Lo que distingue el show de la Gran Parada es su capacidad de adaptación en tiempo real. A diferencia de otras formaciones que siguen un guion estricto, ellos no tienen una lista de canciones fija. Alonso Pérez maneja un micrófono desde el que se comunica internamente con los músicos para decidir el siguiente tema según lo que dicta el público.
«Nosotros por ejemplo, se abre el telón y no sabemos qué vamos a hacer a veces. No tenemos una lista fija, no somos como una orquesta que todos los días hace lo mismo. Nosotros defendemos la verbena de toda la vida, defendemos una verbena que si el público quiere bailar, van a escuchar música de baile, pero de repente, si es la una de la mañana y se levantan los matrimonios, y entran un montón de chicos jóvenes, se cambia la orquesta completamente», señala el cantante de la orquesta.
Esta estrategia, aunque supone una «locura» para los cantantes y bailarinas, que deben correr a cambiarse de vestuario sin saber qué viene después, es lo que permite conectar de verdad con el público. Para Alonso Pérez, esta capacidad de «leer» a la gente es esencial para no limitarse a «pasar la lista» y terminar el trabajo, sino para ofrecer una verdadera verbena de toda la vida.

Eduardo Alonso Pérez en el escenario / Cedida
El sacrificio
Detrás del espectáculo también hay renuncias. Alonso Pérez es tajante al advertir que este oficio requiere un amor profundo por la música, de lo contrario, es imposible aguantar las largas horas en la carretera y las ausencias en fechas como la Navidad. «Este trabajo es una cosa muy bonita y muy fea. Como no te guste, no lo vas a aguantar», explica el cantante. Además, ha visto a compañeros trabajar sin pasión y asegura que es una experiencia amarga para todo el equipo.
La dureza de la profesión se hace evidente en los momentos personales más difíciles. Alonso recuerda con dolor haber tenido que trabajar el día en que falleció su abuela, encontrándose lejos y sin poder despedirse debido a sus compromisos profesionales. «Tenemos que salir con una sonrisa aunque estés llorando por dentro», una realidad que también vive cuando actúa en su pueblo natal, Coruxo (Vigo), donde la responsabilidad de hacerlo perfectamente ante los suyos le genera un respeto y unos nervios especiales.
Reivindicando la verbena
A pesar de tener «los mejores escenarios y artistas enormes», Alonso siente que a veces en Galicia no se valora lo suficiente la calidad de sus orquestas hasta que salen fuera de la comunidad. «El otro día tocamos en un sitio donde pasaba el Camino de Santiago, y había unos chicos que estaban haciendo el Camino, y cuando vieron todo el despliegue dijeron que qué famoso tocaba», relata.
Alonso concluye con un llamamiento a la protección de este patrimonio cultural. Pide que se valore el trabajo inmenso de las comisiones de fiestas, quienes sufren para sacar adelante las celebraciones en un contexto de costes crecientes, como el precio del combustible para los grandes trailers.
Su deseo es que la gente no se olvide de las orquestas clásicas frente a la modernización extrema: «que la gente no se olvide de nosotros».
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