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La terraza a una hora de Santiago donde comer en un molino de 1754 casi sobre el río: con Solete Repsol y junto a una cascada

La antigua aceña fue restaurada en 1984 y hoy combina cocina gallega, mesas junto al agua y un entorno natural con una cascada a pocos minutos a pie

Una de las mesas redondas de la terraza exterior de este restaurante de Redondela.

Una de las mesas redondas de la terraza exterior de este restaurante de Redondela. / O Muíño Vello

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Desconectar en una terraza bajo el sol es uno de los mayores placeres del verano. En Santiago hay algunas realmente especiales -como la del Sarela Garden o el icónico jardín del Hotel Costa Vella- pero, si se hace una pequeña escapada desde Compostela, es posible disfrutar del entorno único que ofrece una terraza muy singular de Galicia.

Solo hace falta una hora en coche para llegar a Redondela, donde se encuentra un molino de 1754 que hoy funciona como tapería: O Muíño Vello. En él se preparan platos típicos gallegos que se pueden degustar casi al borde del río en un paraje rodeado de árboles y a poca distancia de la Fervenza da Feixa.

Las pasarelas de madera que rodean el lugar y la magia de un edificio del siglo XVIII completan la experiencia de esta antigua aceña, reconvertida en un peculiar restaurante en 1984. Desde 2022, el establecimiento cuenta además con el reconocimiento de la Guía Repsol, que le concedió un Solete por su ambiente y su icónica tortilla de patatas.

Las mesas que rodean el antiguo molino del siglo XVIII reconvertido en restaurante.

Las mesas que rodean el antiguo molino del siglo XVIII reconvertido en restaurante. / O Muíño Vello

O Muíño Vello, la terraza gallega para comer con el rumor del río

Situado en el número 4 del Camiño Contixe, O Muíño Vello es un pedazo de historia que ha sabido sobrevivir al paso del tiempo. Fue hace más de 40 años cuando un emigrante gallego decidió restaurarlo a su regreso de Alemania, convirtiéndolo en un restaurante acondicionado para comer, cenar e incluso hacer un brunch entre árboles y musgo.

Sus mesas de piedra rodeadas de bancos circulares evocan las ruedas de los molinos, recordando el pasado de un lugar totalmente integrado en el entorno natural que le rodea. Aunque tiene una zona interior acondicionada, lo más solicitado cuando comienza el buen tiempo es el área exterior, donde se puede comer a la orilla del agua.

Una parte de la terraza exterior de O Muíño Vello, en Redondela.

Una parte de la terraza exterior de O Muíño Vello, en Redondela. / O Muíño Vello

La Guía Repsol recomienda no marcharse sin probar la tortilla de patatas y los chorizos, aunque también son populares las croquetas caseras de cecina, jamón y queso y los calamares. Los dulces también se preparan artesanalmente y, entre ellos, brilla una cheesecake con arándanos que cautiva al público.

Entre quienes han podido comprobarlo está la influencer gastronómica Ana Domínguez (@anadominguezro), que destacó este restaurante de comida gallega en sus redes sociales. Allí degustó el mencionado postre, así como unos chipirones que resaltó como el verdadero "plato estrella" del establecimiento.

"Todo estaba buenísimo", aseguró la creadora de contenido, que recomendó a sus seguidores este lugar "tan impresionante, justo al lado del río [...] perfecto para desconectar y comer de lujo".

Pero la visita no termina con la comida. A poca distancia de esta terraza comienza un recorrido por pasarelas de madera entre la vegetación que conduce hasta la Fervenza da Feixa, una "parada obligada" para los amantes de las rutas de senderismo que conviene explorar antes de volver a casa.

Uno de los dulces que se pueden disfrutar en este bar a orillas del río.

Uno de los dulces que se pueden disfrutar en este bar a orillas del río. / O Muíño Vello

Se tardan solo ocho minutos andando desde el restaurante para llegar a la cascada, cuya cima se alcanza cruzando un puente. Observar su salto de cinco metros de altura es un broche perfecto a la jornada, que se puede estirar al máximo recorriendo los paseos y, si se desea, cogiendo el coche hacia otra de las grandes vistas del entorno.

Hablamos del mirador de Outeiro Grande, a unos 15 minutos del antiguo molino, que roza los 800 metros de altitud. Desde allí se puede ver una de las imágenes más impresionantes del interior de Galicia, que abarca gran parte del valle hasta la ría de Arousa.

Es especialmente recomendable visitarlo al atardecer, acomodándose en su curioso banco hecho con herraduras y gozando de la puesta de sol. Otro momento aconsejado para regresar es por la noche, cuando la escasa contaminación lumínica de este rincón de las Rías Baixas permite contemplar un cielo cuajado de estrellas con la Vía Láctea como protagonista.

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