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La puerta azul que esconde un paraíso natural a dos horas de Santiago: piscinas, pozas y cascadas perfectas para desconectar estas vacaciones

El parque, de cerca de 70.000 hectáreas, cuenta con flores, castillos medievales y ciervos en libertad

La Porta do Sol, uno de los enclaves más mágicos de este parque natural reconocido por la Unesco.

La Porta do Sol, uno de los enclaves más mágicos de este parque natural reconocido por la Unesco. / Christophe Neves

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Las vacaciones de verano son ese momento en el que muchos buscan desconectar del trabajo y librarse del estrés. Pero una gran parte de los compostelanos no sabe que uno de los rincones más impresionantes para disfrutar de la naturaleza se encuentra a solo dos horas en coche desde Santiago.

Se trata del Parque Nacional Peneda-Gerês, un conjunto de cascadas, lagos, pozas y ruinas medievales integrado en la Reserva de la Biosfera Transfronteriza Gerês-Xurés, que está reconocida por la Unesco. La zona, extendida entre el Minho y Trás-os-Montes, ofrece multitud de senderos en los que explorar la riqueza natural portuguesa y descubrir lugares tan únicos como una curiosa puerta azul que enmarca el paisaje desde uno de sus miradores.

Además de la vegetación, el conjunto de las sierras de Peneda, Soajo, Amarela y Gerês también esconde sorpresas para los amantes de la historia, que encontrarán numerosas reliquias del pasado. Entre ellas, destaca el castillo de Castro Laboreiro, cuyos restos medievales siguen asombrando a los curiosos; así como una vía romana construida durante la época flavia.

El Parque Nacional Peneda-Gerês, un refugio para desconectar entre lirios y acebos

Este parque natural de Portugal -el único que ostenta este título en dicho país- es una extensa zona de naturaleza salpicada de saltos de agua, ríos, paseos y bosques. Los visitantes se tropiezan en ella con acebos y especies típicas de la zona como los lirios de Gerês, así como con piscinas de agua transparente que invitan a darse un chapuzón, como las que se forman en las inmediaciones de la cascada de Portela do Homem.

Otra de las más populares es la cascada do Arado. No obstante, si lo que uno busca son pozas naturales, debe dirigirse a Sete Lagoas, en la aldea de Xertelo, donde se puede disfrutar de las siete piscinas de color esmeralda que se abren camino entre las rocas.

Uno de los lirios que florecen en el Parque Nacional Peneda-Gerês.

Uno de los lirios que florecen en el Parque Nacional Peneda-Gerês. / Instituto da Conservação da Natureza e das Florestas

Xertelo es solo uno de los muchos pueblos que han convertido en su hogar este rincón colmado de naturaleza, del que ahora surgen hórreos de piedra y construcciones medievales como el castillo de Lindoso, declarado monumento nacional. Tampoco tiene desperdicio el Santuario de Nossa Senhora da Peneda, cuyo rompecabezas de escalinatas dotan a su fachada de un curioso aspecto.

Esta escapada rural desde Santiago tampoco está completa sin observar el terreno en toda su envergadura a vista de pájaro. El Mirador de Pedra Bela, con sus más de 800 metros de altitud sobre el nivel del mar, es el punto perfecto para disfrutar de unas buenas vistas de las Terras de Bouro, con los ríos Cávado y Caldo enmarcados entre las laderas junto a una de las playas fluviales más conocidas de la zona.

Sin embargo, es otro el que se lleva el premio al mirador más romántico del Parque de Peneda-Gerês. Hablamos del Miradouro da Porta do Sol de Travanca, una puerta azul enclavada en mitad del prado por la que se cuelan los rayos solares y que se encuentra a poca distancia de otro punto igual de fotogénico: un columpio gigante suspendido en plena montaña.

Una vía romana y una playa fluvial para relajarse

Para aprovechar al máximo este plan de senderismo en la naturaleza, conviene apuntar otras dos paradas en la ruta. La primera es la playa fluvial de Caniçada, formada gracias al embalse homónimo en la zona del Gerês, en la que los visitantes acuden para relajarse, disfrutar de sus aguas o practicar deportes acuáticos como el kayak y el wakeboard.

La segunda es un trozo de historia que sí se adentra en el Parque Nacional, entre el verdor de las montañas portuguesas y el bosque de la Mata da Albergaria. Se trata de la Geira o Via Nova, que los romanos construyeron para facilitar el tránsito entre Astorga y Braga.

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