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En 1937 el prestigioso violonchelista catalán Ricard Boadella fue detenido por la Gestapo en Berlín por atacar la Embajada de España // Le recluyeron en el campo de concentración barbanzano, donde llegó a actuar // El abad Benito Fariña le llevaba a la iglesia los domingos para que tocase en misa TEXTO S. Souto

El músico que Franco encerró en Rianxo

Esta es la historia de un virtuoso músico catalán detenido en 1937 en Berlín por la Gestapo y encerrado por el régimen de Franco en el campo de concentración de Rianxo. Esta es la historia de un ilustre violonchelista que logró sobrevivir a la dictadura sin dejar de tocar, y que se ganó favores para salir de vez en cuando de la miseria de una nave en ruinas para dar conciertos en la iglesia parroquial de Santa Columba de Rianxo. Esta es la historia de Ricard Boadella y Sanabra.

Entre 1937 y 1940 hubo en Galicia casi una veintena de campos de concentración creados por el régimen franquista. El de Rianxo se habilitó en la que había sido la conservera de Juan Goday. En 1937 la nave era propiedad de la familia Baltar, que tenía allí una pequeña central eléctrica. En el edificio, de 1.700 m2, rodeado de una extensa finca amurallada, se hacinaban los prisioneros, sin apenas sitio para dormir, sobre el cemento la mayoría; otros, sobre paja.

Una amenazante ametralladora vigilaba el recinto ante un posible motín; a su mando estaba un sargento llamado Antonio, de Noia.

Muchos presos eran ofrecidos al Concello para reparar viales.

Ese año trasladaron al campo de concentración de Rianxo al famoso y virtuoso violonchelista catalán Ricard Boadella y Sanabra (1912-1977). Le había detenido en Berlín la Gestapo (la Policía secreta nazi). Estaba en la capital alemana ampliando sus estudios musicales en la Staatlich Musikhochschule (donde fue alumno de Paúl Grümmer y de Eta Harich- Schneider) y le acusaron de atacar la Embajada de España.

Entregado al régimen de Franco, fue trasladado inicialmente a la cárcel de A Coruña, donde estuvo un año en la llamada celda 17 de los catalanes, junto a un grupo de intelectuales, como el arquitecto Jordi Tell, el periodista Jaume Gascon, el campeón de ajedrez Miquel Albarela o el geólogo Carlos Auernheimer.

A Ricard, sus habilidades con el violonchelo probablemente le salvaron la vida. Y es que, gracias a su destreza con dicho instrumento, se ganó simpatías y pronto empezó a ofrecer actuaciones en el campo de concentración y en la iglesia de Santa Columba. El abad José Benito Fariña Garabán solía llevarle a ese templo para que pusiera música a las misas dominicales junto al tenor José Sánchez y el organista José Pérez (clérigos de Santa María de Iria).

En la Semana Santa de 1939 tocó en el funeral “por los caídos del municipio”, costeado por el Concello. Cobró diez pesetas, lo mismo que el sacristán y los monaguillos. Al organista, José Pérez, le pagaron 15 pesetas, y al tenor, José Sánchez (tío del poeta local Manuel Antonio), 60.

Al acabar la Guerra Civil española, Boadella fue liberado y regresó a Barcelona, retomando con éxito su carrera de concertista. En los años 40 hizo varias giras por Europa, América, África y Asia. Murió en Barcelona el 2 de octubre de 1977.

Su paso por Rianxo quedó registrado en el archivo local y, en un brillante ejercicio de memoria histórica, lo recuerdan Xesús Santos y Xesús Costa en su libro Galiza na Guerra Civil. Es la historia de un hombre que puso música celestial al infierno creado por Franco.

20 abr 2021 / 01:00
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