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Este vecino sonense dejó el Igafa para dar el paso a Salvamento Marítimo como coordinador de la unidad de buceo // Participa en todo tipo de operaciones // Asegura que el peligro no lo cubre el dinero, sino “la satisfacción” TEXTO Esperanza Pouso

Ruiz: un buzo experto que vive y arriesga en las profundidades

El buceo profesional es una actividad vital para el desarrollo de las operaciones portuarias. Sin duda alguna, se trata de una ocupación vocacional por lo sacrificada y arriesgada que es, y que sigue olvidada por parte de las administraciones. Pese a todo, resulta gratificante para el que, con ilusión, la convierte en su profesión y su modo de vida.

Es el caso de Manuel Ruiz Cano, coordinador de la unidad de buceo de Salvamento Marítimo. Este santanderino, afincado en la parroquia sonense de Baroña desde hace treinta y un años, vivió pegado al mar. Cuenta que es un elemento imprescindible para él, que “siempre me gustó y me atrajo”, pero que se introdujo profesionalmente en este mundo a través de su cuñado. “Probé
y me gustó tanto... y resulta que pagan por esto”, pensó tras sus pri-
meras experiencias bajo el agua.

Así fue cómo el experto empezó a quemar etapas en este campo. Se formó y comenzó trabajando de freelance en empresas privadas alrededor de once años, desplazándose por toda la geografía española, e incluso en el norte de África, “en obras de buceo, sobre todo en la construcción de muelles, emisarios submarinos, reflotamiento de estructuras e incluso de barcos... lo que abarca el buceo profesional”. En el año 2001 dio el salto a la instrucción en el Instituto Galego de Formación en Acuicultura (Igafa), donde estuvo hasta 2007, fecha en el que se incorporó a Salvamento Marítimo.

Tiene a sus espaldas reconocimientos (como la Cruz con Distintivo Blanco del Mérito de la Guardia Civil) y multitud de batallas en las profundidades, unas buenas y otras para olvidar, aunque todas ellas permanezcan en su recuerdo.

Entre las misiones que desempeña destacan las búsquedas, en las que, según señala el protagonista de estas líneas, intentan primar al cien por cien la seguridad, “porque, al fin y al cabo, si ha habido una desgracia ya no la vas a remediar. Nosotros no somos el rescatador del helicóptero que va a buscar a alguien que está con vida flotando en el mar. Nosotros vamos debajo, y poco más hay que hacer que dar un alivio a las familias”, aclara al respecto.

Manuel Ruiz asegura que, cuando lo han logrado, a pesar de todas las dificultades, y ven a la familia del desaparecido, “dentro de la desgracia y tristeza, sientes en parte satisfacción”. En este sentido, comenta que cualquier trabajo bajo el agua y cada operación son diferentes; “no hay un patrón al que obedezcan”. Lo único en lo que coinciden “es en que te pones un casco, sales de tu hábitat, de tu zona de confort, que es este ambiente atmosférico, y te metes en el hiperbárico, bajo el mar”.

Entre ellas, el coordinador de la unidad de buceo de Salvamento Marítimo recuerda el cuerpo sin vida que recuperaron de un pesquero. Fue hallado cuando estaban enterrando a otros familiares que iban precisamente con él y que ya fueran encontrados muertos . “Era la última inmersión que íbamos a hacer, porque habían sido muchos días buscando en la misma zona. Además, tuve la fortuna de encontrarlo junto a un compañero. El operativo se había levantado, pero quedaba una botella y decidí tirarme. Era una zona por la que habíamos pasado ya varias veces”, rememora.

En cuanto al riesgo que corren, afirma que no lo paga el dinero, sino “la satisfacción, esa especie de subidón de adrenalina que tienes cuando estás buscando y consigues encontrarlo. Vuelves a puerto flotando cuando salen bien las cosas, aunque no siempre salen como a uno le gustaría, porque es muy difícil”, dice.

Referente a los avances, argumenta que ahora las empresas se toman más en serio la seguridad de los trabajadores y que en su campo los pasos dados en las últimas décadas han sido de gigante. Narra que hace 25 años trabajaban en puertos a 30 metros “e ibas al fondo con una manguera de regar del jardín conectada a un regulador que te metías en la boca y, el otro extremo, estaba conectado a un compresor a superficie. Hoy en día eso es impensable”.

Subraya que en Salvamento Marítimo “la evolución ha sido mucho más grande” y que, en cuanto a equipos, están “a la vanguardia”.

Sin embargo, hay aspectos en los que el sector no ha progresado, pues llevan años reclamando una solución política a la aplicación de los coeficientes reductores en la jubilación por tratarse de una actividad marítima de alta peligrosidad y donde gozar de una excelente salud y forma física es indispensable.

El vecino sonense lamenta que actualmente “estamos dejados a la mano de Dios. El desarrollo de nuestra vida profesional es en la mar y es increíble que no tengamos coeficiente reductor. Yo no me veo con 65 años poniéndome el casco, que pesa 17 kilos (cuando lo tengo necesito 12 kilos de plomo). El arnés que llevo y la botella de seguridad rondan los 20 kilos. Cuando me calzo esto, cargo con todo durante 15 minutos para los chequeos antes de tirarme al agua, ya dentro se pierde algo de peso... pero la edad no perdona”, dijo.

Desde que se sumergió por primera vez, Manuel Ruiz supo que ese era su medio. El agua sigue siendo su gran aliada, su forma de vida... esa que le da alas cada día.

areadecompostela@elcorreogallego.es

30 may 2021 / 01:00
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