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Sólo los perros de Patricia dieron con el cuerpo de la orosana desaparecida

Hallaron el rastro el lunes por la tarde en Portomeiro, Dubra // Ni los drones, ni decenas de voluntarios o equipos acuáticos encontraron pista alguna en un mes

“La semana pasada ya olieron algo en otro tramo del río Tambre, en Trazo, pero aunque no encontramos nada, tenía la sensación de que podíamos acabar dando con la mujer desaparecida en Trazo”. Son palabras de Patricia Fernández, gerente de la Residencia Canina Amarok que, en el transcurso de un largo paseo junto a sus cuatro perros, pudo encontrar los restos de María Cardama, la sexagenaria que desaparecía en Sigüeiro hace un mes.

Así, gracias al fino olfato de Daquela, el nombre del imponente ejemplar canino, se resolvía este lunes a las 18.30 h. una desaparición que movilizó a decenas de voluntarios de Protección Civil, vecinos, fuerzas del orden, drones de Axega, medios acuáticos e incluso canes especializados en búsquedas. Semanas sin resultados que llevaron a extender las batidas hasta Chaián e, incluso, hasta la desembocadura del Tambre, pese a la presencia del embalse Barrié de por medio. “Algo le debió oler a Daquela, porque se fue hacia el tramo del río donde pude distinguir el cuerpo entre unas ramas”, dice Patricia.

A partir de ahí, el lógico susto y una frenética búsqueda de un lugar donde poder dar la alarma, debido a la falta de cobertura en un entorno que tiene la aldea de Cerradelo como núcleo más cercano. “Corrí cuesta arriba durante un kilómetro como nunca en mi vida. Los perros me siguieron como corderitos, porque se percataron de mi nerviosismo. Tuve que hacer unos tres kilómetros hasta encontrar cobertura suficiente para llamar a la policía y después esperarlos para poderlos llevar”, explica la misma fuente, que lamenta que en las notas de los servicios de emergencia ni se nombrara la labor fundamental que realizaron sus animales.

“Por lo menos parece que la hija de la desaparecida sí que se percató de cómo fue el hallazgo, porque se puso en contacto conmigo para agradecérmelo”, recuerda Fernández, aún con el susto en el cuerpo. El tramo de río recorrido por los restos mortales también es digno de mención, ya que suma unos 25 km desde Sigüeiro hasta Portomeiro, con algunos meandros cerrados por medio.

“Llegué a casa empapada, muerta de frío y agotada, y lo mínimo es una mención a mis perros porque si no fuera por ellos esa mujer no aparecería quizás nunca”, concluye. Toda una lección de civismo y pasión por los animales.

05 ene 2022 / 01:00
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