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Un italiano peregrina sin pernoctar de Compostela hasta Fisterra y Muxía

Gaetano Cupa es de Nápoles y completó el Camino de Santiago veintisiete veces // “Para mi es vida, lo quiero y me quiere”, dice

“Soy un enamorado del Camino”. Así se define Gaetano Puca, un peregrino de Nápoles (Italia), que puso colofón a su vigésimo séptima peregrinación en la villa de la Barca después de completar de un tirón la prolongación de Santiago a Fisterra y Muxía.

Ciento treinta kilómetros de peregrinaje, durante los cuales solo paró para comer y convencerse de que el reto era posible. “Aunque pasé dos momentos de debilidad, en los que el cuerpo me decía basta ya, mi corazón me dijo coge la mochila y continúa”. Y así fue como consiguió el reto, que Gaetano asegura no es tal “pues si uno quiere puede hacerlo, y esto debe ser un ejemplo para todos”.

Partió el sábado a las 8.30 horas de Compostela y llegó el domingo sobre las dos de la tarde a Muxía. No se considera, ni mucho menos, un valiente. Todo lo contrario, “tengo muchísimo miedo, pero el miedo o te paraliza o te da fuerzas para continuar”.

Y así fue en su caso, aunque reconoce que estuvo tentado de cejar en su empeño. El primer momento de debilidad le llegó en Olveiroa (Dumbría) a las diez de la noche. “Paré para comer algo, y tenía mucho frío. Además me dolía todo el cuerpo, pero me puse a pensar un rato y saqué fuerzas para continuar”, afirma.

Después, a las tres de la madrugada, en medio de la oscuridad y caminando solo sintió “miedo”. Le dolía mucho un pie y volvió a echarse al suelo para descansar “y escuchar a mi cuerpo, pero el corazón me dijo: tienes que seguir”. Y lo hizo porque “si me paro en medio de la noche, con el frío que hacía me moría”.

Para él, el Camino no es un sendero, “para mi es vida, es como una persona a la que yo quiero y el me quiere a mí y me llama”. Esta es la octava peregrinación que le trajo hasta el finisterrae, “y aquí me siento como en casa, estoy sereno, feliz y tranquilo”. “El Camino te da siempre lo que necesitas”, añade. Siempre lo inició solo, “pero llego siempre con una familia que son como mis hermanos; esa es la magia de la ruta”. Lo que más le duele son las despedidas.

Una vez abandonó la peregrinación en León “y me fui sin avisar a los que me acompañaban, porque no quería llorar al despedirme”. A los pocos días, ya en Nápoles, sintió de nuevo la llamada del Camino y “regresé para reecontrarme con ellos en Ponferrada y completar la ruta”.

Ahora descansa en el albergue Bela Muxía, mimado por Ángel y Celia, a la espera que una nueva llamada y convencido de que “el mejor Camino es siempre el que tienes que hacer mañana”.

27 oct 2021 / 01:00
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