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En Valencia

Rosalía, un ensueño fugaz e inolvidable para abrir los 40 Music Awards

La cantante interpreta 'Reliquia' en el Roig Arena, su primera actuación en directo tras la publicación de su disco 'Lux'

Voro Contreras

Valencia

Rosalía no ha venido aquí para hacer amigos. Ha venido a mostrarnos la luz, la suya, la de su nuevo disco, la del acontecimiento musical más importante -o, al menos, de los que más expectación han provocado- de los acontecidos en España en los últimos tiempos.

Intuíamos que Rosalía no iba a venir solo a agradar a los 40 Music Awards que se están celebrando este viernes en el Roig Arena de València. Rosalía iba a venir a deslumbrar con la aureola de música, irrumpir en la fiesta como la máscara de aquel cuento de Allan Poe plantando ante el público una docena de cruces de negro fúnebre (después se iluminarán), una orquesta y un piano de cola. Intuíamos que la suya no iba a ser una actuación cualquiera, y no nos ha decepcionado, aunque al final inevitablemente nos superiera a poco.

Suficiente, pero fugaz

Rosalía ha venido a dejarse vislumbrar y a dejarnos un sabor de boca intenso, pero insuficiente. Cuando las luces del Roig Arena han bajado, el público ha empezado a gritar y a contener el aliento sin solución de continuidad, casi que le ha pillado a contrapié, sin tiempo a sentarse ni a poner el "pin" del móvil para empezar a grabar.

Lo de Rosalía ha sido corto, suficiente, pero demasiado fugaz, un intenso visto y no visto agrandado por una leyenda que se ha ido escribiendo en los últimos días. Entre que las cuerdas de la orquesta han iniciado las primeras notas de "Reliquia", la canción de "Lux" que en un fallo poco creíble las redes filtraron un rato el pasado miércoles, y Rosalía se ha marchado con un "gràcies València", apenas han pasado cuatro minutos. Muy poco, claro. Ojalá hubieran sido unos cuantos más.

De blanco y negro

Eran las ocho en punto cuando el escenario oscuro se ha iluminado de azul y Rosalía ha aparecido en el centro del escenario, el cuerpo del vestido blanco y la falda vaporosa negra, como la paloma que vuela al final del vídeo de la impresionante "Berghain", el primer adelanto de "Lux". "Yo, que perdí mis manos en Jerez / Y mis ojos en Roma /Crecí, y el descaro, lo aprendí /Por ahí por Barcelona", entona la cantante aún a media voz mientras las cruces van desgranando los versos de la canción. Pero no hay efecto karaoke, el silencio del Roig Arena es litúrgico.

Poco a poco Rosalía se dirige al centro del escenario, una gran plataforma que se va iluminando conforme ella se planta en medio y proclama, ya a plena voz, "pero mi corazón nunca ha sido mío, yo siempre lo doy". En ese momento, ella parece romperse y es entonces cuando el público reacciona, como que despierta de ese momento de sorpresa o de ensueño en el que se estaba meciendo desde el principio de la actuación.

Recuerdo a las víctimas de la dana

"Seré tu reliquia / Soy tu reliquia / Seré tu reliquia", canta Rosalía mientras da vueltas sobre sí misma y del techo caen cientos de partituras. Esta "eterna canción" que musita Rosalía llega a su fin, la artista cuya sola presencia hoy en València ha despertado una expectación inabarcable, se va casi de forma fantasmal, como una aparición que no te crees haber visto. La fiesta de los 40 en el Roig Arena ha continuado y la propia Rosalía ha vuelto a aparecer minutos después para recibir su primer premio por "Lux" y dar su apoyo a las víctimas de la dana. "Todo mi amor para vosotros", ha dicho.

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