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Tradición musical

Nézet-Séguin firma un brillante y energético Concierto de Año Nuevo

El director canadiense, que debutaba en la cita de la Filarmónica de Viena, coronó uno de los mejores conciertos de Año Nuevo al imponer su carismática y eficaz batuta junto a apetitosas novedades

El maestro canadiense Yannick Nézet-Séguin, durante el Concierto de Año Nuevo, este 1 de enero de 2026 en Viena.

El maestro canadiense Yannick Nézet-Séguin, durante el Concierto de Año Nuevo, este 1 de enero de 2026 en Viena. / Dieter Nagl (Filarmónica de Viena / EFE)

Pablo Meléndez-Haddad

Aires nuevos que ennoblecen una tradición. Eso es lo que aportó el carisma, la personalidad y las ideas artísticas del maestro canadiense Yannick Nézet-Séguin en su espectacular debut en el podio del 86º Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena. Su gesto entusiasta y elegante, que en entusiasmó por su liderazgo preciso, lírico energético y que hizo cantar a los músicos, también convenció por su apuesta al incluir a dos compositoras, una de las novedades más destacada del programa que saludó 2026. Se anunció además que el ruso Tugan Sokhiev lo dirigirá el próximo año.

Y así como Riccardo Muti en 2025 fue el primero en incluir una obra escrita por una mujer (Constanze Geiger), Nézet-Séguin optó por la violinista y primera directora de una orquesta femenina en Europa, la austríaca Josephine Weinlich (1848-1887) –de quien se ofreció la polka ‘Sirenen Lieder’ (‘Canto de sirenas’)–, junto a la estadounidense de raíces africanas Florence Price (1887-1953) que Nézet-Séguin se ha devuelto a la actualidad incorporándola en esta mediática velada y al haber grabado dos de sus sinfonías con la Orquesta de Filadelfia. De esta compositora, pianista, organista y educadora musical se interpretó su vals ‘Reinbow’, muy de gusto vienés, por cierto.

Un momento del Concierto de Año Nuevo celebrado este 1 de enero de 2026 en Viena.

Un momento del Concierto de Año Nuevo celebrado este 1 de enero de 2026 en Viena. / Dieter Nagl (Filarmónica de Viena / EFE)

El resto del suculento programa caminó por los derroteros habituales, centrándose en la saga de la familia Strauss que arrancó con la obertura de una opereta de Johann Strauss II, para despedirse, antes de las esperadas propinas (el imprescindible ‘Danubio azul’, de Johann II, y la ‘Marcha Radetzky’ de Johann I dirigida ¡desde el patio de butacas!) con el vals ‘Salmos de paz’ de Josef Strauss, otro guiño del pacifismo que practica Nézet-Séguin. Se incluyeron además obras de Ziehrer, Lanner (un galop espectacular), Von Suppè y Lumbye, ilustrándose para la TV dos piezas de Strauss II con coreografías del mítico John Neumeier para el Ballet Estatal vienés grabadas en el Museo Albertina el pasado verano.

Una vez más el despliegue de la televisión austríaca cumplió con creces; emitido por La 1 de TVE, por cadenas de otros 92 países y por ‘streaming’ la espectacular realización de Michael Beyer maravilló con tomas tan coordinadas con la dirección musical que las 14 cámaras desplegadas en la sala dorada de la Musikverein parecían formar parte de los ilustres filarmónicos. El intermedio lo ilustró un documental sobre la colección Albertina en su 250º aniversario y la narración para España del periodista de RNE Martín Llade volvió a ser amena, aunque autoreferente.

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