Injerencia política
El ministro alemán de Cultura desata una tormenta política por censurar a librerías izquierdistas
El ministro de Cultura alemán, Wolfram Weimer, cancela la entrega del Premio Nacional a los Libreros al sospechar activismo izquierdista en algunas librerías nominadas, basándose en informes de los servicios secretos

El ministro de Cultura alemán, Wolfram Weimer. / EPC

El escándalo desatado en Alemania por las presiones políticas sobre la Berlinale apenas había amainado cuando saltó una nueva ofensiva o presunta censura desde el ministerio de Cultura, esta vez contra tres librerías izquierdistas. El titular del departamento, Wolfram Weimer, miembro de la Unión Cristianodemócrata (CDU) que lidera el canciller Friedrich Merz, ha optado por cancelar la entrega del Premio Nacional a los Libreros Alemanes, al "percibir" entre los nominados a pequeñas librerías independientes sospechosas de activismo. Sus sospechas se amparan en informes de los servicios secretos de Interior. A una de las librerías se le atribuye una cercanía remota con la Fracción del Ejército Rojo (RAF), la banda terrorista anticapitalista que se disolvió hace más 30 años; en otra, por unas pintadas contra la policía en su fachada, que según el diario 'Süddeutsche Zeitung' tampoco eran recientes.
El hecho de que Weimer recurriera al espionaje para sustentar decisiones políticas desató críticas del ámbito de la cultura. Que el paso siguiente consistiera en suprimir el acto festivo de entrega de esos premios, previsto para el 19 de marzo en la Feria del Libro de Leipzig, ha provocado estupor. La Federación Europea e Internacional de Libreros ha emitido una protesta, mientras que el jurado del Premio se ha distanciado de la decisión del ministro.
El Premio a los Libreros, con dotaciones de entre 7.000 a 25.000 euros, se reparte en distintas categorías entre 118 librerías. El jurado independiente designa a los nominados, entre los cuales Weimer "detectó" a estos establecimientos de signo izquierdista. Se trata 'Golden Shop', 'Rote Strasse' y 'Zur schwankenden Weltkugel', en las ciudades de Bremen, Göttingen y Berlín. La presencia de esos libreros en Leipzig, segunda feria en importancia tras la de Fránkfurt, habría sido dañina, según Weimer. Tras la supresión del acto, el ministerio de Cultura anunció que los premiados recibirán su dotación por otras vías.
Segundo escándalo del año
El revuelo en torno a esta decisión sigue a la movilización del mundo del cine, nacional e internacional, contra las presiones ejercidas por Weimer sobre la directora de la Berlinale, Tricia Tuttle. El festival de cine berlinés, celebrado el pasado febrero, estuvo dominado de principio a fin por controversias políticas.
Primero se imputó a la Berlinale "silenciar el genocidio de Gaza" por sujetarse a la línea del gobierno alemán del compromiso inquebrantable con Israel. Jugó en ello un notable papel una torpe respuesta dada por el presidente de su jurado internacional, Wim Wenders, según el cual los cineastas no deben sentirse obligados a pronunciarse sobre este tipo de cosas. La cuestión sacudió todo el festival, que culminó con el escándalo generado en la gala de entrega de premios. Uno de los galardones, el de la mejor ópera prima, fue para el cineasta sirio-palestino Abdallah Alkhatib, quien subió a recibirlo con banderas palestinas y acusó al gobierno alemán de "complicidad" con el genocio de Gaza.
Weimer convocó una reunión de urgencia del consejo de Cultura, presuntamente para cesar a Tuttle. Se produjo una movilización inmediata a favor de la directora. Hubo una carta de apoyo de la Academia del Cine Europeo, de la que Wenders fue co-fundador; unas 700 personalidades del mundo del cine, alemanas y del resto del mundo, incluido Israel, se sumaron a ese respaldo, lo mismo que el PEN-Club y la plantilla de la Berlinale. Finalmente Tuttle seguirá en su puesto, aunque sujeta a una especie de foro consultivo y a un código de conducta.
En medios alemanes se recuerda que el propio Weimer, con menos de un año en el cargo, tiene un notable lamparón en su expediente. A finales del año pasado salieron a relucir sus vínculos con un grupo mediático que lleva su apellido y que organiza actos con políticos de alto nivel. El grupo recibe generosas subvenciones públicas. El ministro está desvinculado formalmente de las estructuras del grupo. Pero su apellido sigue ahí.
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Fuente: El Periódico
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