Radiografía del sector
El libro antiguo busca su sitio en tiempos de precariedad y minipisos: "Los jóvenes tienen intereses, pero también un poder adquisitivo mucho más bajo"
El sector se debate entre las grandes compras, el nuevo coleccionismo y la práctica desaparición de la clase media

El libro antiguo se debate entre las grandes compras de los coleccionistas de toda la vida y la llegada de público joven / Zowy Voeten
David Morán
Primera parada, lo imposible. O casi. Sobre la mesa, esperando destino, un rarísimo ejemplar de una primera edición de ‘Cent anys de solitud’, de Gabriel García Márquez. Traducción de Avel·lí Artís-Gener 'Tísner', tirada de apenas 3.000 ejemplares e ilustración de portada de Àngel Jové. Para coronar el hallazgo, nada menos que dedicatoria y firma, también en catalán, del Nobel colombiano. "Per Marta y Javier: visca el pa, visca el vi, visca la mare que us va parir", puede leerse. ¿Precio de venta? 5.000 euros.
Una minucia al lado de, pongamos, los casi 10 millones de dólares que se pagaron en 2020 por una copia del 'First Folio' de William Shakespeare, pero una auténtica fortuna para cualquier joven de sueldo normal —es decir, raquítico— que fantasee con una biblioteca bien surtida de rarezas, primeras ediciones y exquisitos anaqueles. "La gente ya no tiene grandes bibliotecas, sino un par de estanterías. Los pisos son cada vez más pequeños y todo es mucho más caro", constata Pablo Fernández, responsable de la librería Fictícia del Mercat de Sant Antoni y propietario de esa copia de 'Cent anys de solitud' que ahí sigue, buscando compañía.

El mercado de libros de Sant Antoni que se celebra los domingos. / FERRAN NADEU / EPC
"A las nuevas generaciones no les faltan intereses, pero tienen un poder adquisitivo mucho más bajo", resume el presidente del Gremi de Llibreters de Vell, Erik Prats, en un intento por radiografiar de forma sucinta un sector, el de la bibliomanía y el coleccionismo, que lleva años clamando por la renovación, el relevo generacional y la entrada de nuevos públicos. En este sentido, el 75º aniversario de la Fira del Llibre d’Ocasió Antic i Modern, que se celebrará en el paseo de Gràcia entre el 18 de septiembre y el 4 de octubre, se presenta como inmejorable escaparate: un aniversario redondo que permitirá llevar a escena los retos y contradicciones de un mundo asociado hasta no hace demasiado a las cifras astronómicas y el mercadeo de incunables y que se debate en la actualidad entre las grandes compras, el nuevo coleccionismo y la desaparición de la clase media.

Ambiente de paradas de venta con clientes en la Feria del Llibre d'Ocasió Antic i Modern / Zowy Voeten
Empobrecimiento general
En el menú, desde una primera edición de 'Mossegar-se la cua' de Manuel de Pedrolo (60 euros) a una copia del segundo poemario de Salvat-Papasseit, 'L'irradiador del port i les gavines' (1.000 euros de nada) pasando por un ejemplar de 'Alicia en el país de las maravillas' ilustrado por Arthur Rackham (400 euros). "El artículo de lujo seguirá teniendo mercado porque el rico seguirá siendo rico, pero todo lo que va de la gama media hacia abajo está de caída. Lo que falla es el relevo generacional, porque quienes tendrían que haber entrado en el coleccionismo caro son los que ahora tienen cuarenta o cincuenta años, y no han podido hacerlo porque hay un empobrecimiento general", diagnostica Marçal Font, propietario de la librería Fènix de Badalona y vocal del Gremi de Llibreters de Vell.
El artículo de lujo seguirá teniendo mercado porque el rico seguirá siendo rico, pero todo lo que va de la gama media hacia abajo está de caída"
La brecha generacional, también aquí, es clave. "Antes la gente conservaba los libros de sus antepasados. Ahora salen muchas colecciones porque los nietos venden la biblioteca de los abuelos o bisabuelos: no tienen espacio o no tienen vínculo con esos libros", sugiere Prats. "Ya no existen aquellos grandes coleccionistas de antes que compraban grandes cantidades, pero sí encontramos un público joven que se interesa por el libro antiguo y le da valor histórico, valor de documento", añade Fernández.
¿Los datos? Veamos. En el Mercat de Sant Antoni, fortín del coleccionismo y los títulos descatalogados, el número de paradistas se mantiene estable en torno a los 40 —antes de la reforma superaba el centenar—, mientras que, a día de hoy, hay 36 librerías dadas de alta el Gremi de Llibreters de Vell. Las mismas que hace un par de años, pero diez menos que en 2014. En aquel momento, el entonces presidente del gremio, Albert Obradors, ya señalaba un problema que no ha hecho más que cronificarse. "No salen nuevos clientes; esa pequeña burguesía con bagaje cultural que cuando te llevaba a cenar a su casa te mostraba orgulloso la librería desaparece", lamentaba.

Erik Prats, presidente del Gremi de Llibreters de Vell y librero de Antigularia / Zowy Voeten
Diez años después de aquello, no solo se tambalea la demanda, también se encoge la oferta. Y más que lo hará. "En los próximos años muchas librerías se darán de baja porque los libreros se jubilarán. Quizá quedemos unas veintipico. Y solo de libro antiguo muchas menos, porque más de dos tercios de las que hay son de segunda mano", advierte Prats. Un drama que, en realidad, no lo es tanto. "El problema generacional a mí me preocupa relativamente, porque ahora que la demanda es baja, tener una oferta mucho más alta no tiene sentido. Tenemos que ir con el mercado", destaca el presidente del gremio. En Sant Antoni, mientras tanto, 6 de las 40 paradas de libros que cada domingo levantan la persiana están en traspaso. "El relevo existirá, pero hay que ser paciente y enseñar", tranquiliza Prats.
El retorno a lo analógico
A falta de dinero y espacio, si algo sobra es imaginación y nostalgia por aquello que no se ha vivido. "Los más jóvenes están teniendo una especie de retorno a lo analógico, pero no porque les falte información: son plenamente digitales y descubren lo analógico como fetiche. Compran el libro físico antiguo por las ilustraciones, porque es antiguo o porque es bonito, pero muchas veces es un libro que ya han leído en PDF o en digital", detalla Font. Desde la parada Ficíticia, Pablo Fernández también ha detectado la irrupción de "un tipo de coleccionismo más joven" e interesado en revistas modernas, fanzines, cultura pop, material relacionado con Harry Potter o Tolkien… "No son públicos mayoritarios, pero sí muy fieles y constantes", defiende. "Tintín está bajando porque el coleccionista de Tintín se va muriendo. En cambio, todo lo relacionado con Pokémon está subiendo de una manera excepcional", ilustra Font.
Claro que hay jóvenes que coleccionan, pero no necesariamente lo mismo que coleccionaban sus padres o sus abuelos"
Erik Prats, 30 años recién cumplidos y más de media década al frente de Antigularia, se sorprende al recordar la cantidad de gente joven ("o muy joven") que le ha pedido este año libros de Mercè Rodoreda y Josep Pla y desliza en la conversación el concepto "generación IKEA". "Se vende mucho el libro bonito, el libro de decoración, el clásico con una edición cuidada", señala.
De ahí también el 'boom' de todas esas ediciones especiales con cantos tintados y virguerías varias que causan furor entre los lectores de novela juvenil y 'romantasy'. Vuelve el objeto y, con él, las ediciones algo más cuidadas. "Durante veinte o treinta años se perdió mucho la idea del libro bien hecho. Se usaba papel malo, cola para no coser... Todo cada vez más barato y menos duradero. Que vuelva el cuidado por el objeto, aunque sea una táctica comercial, es una buena noticia", celebra Font.
Coleccionismo joven
Esa misma pasión por el objeto es lo que he llevado al Mercat de Sant Antoni a impulsar el Premi Joves Col·leccionistes, galardón que reconoce con 500 euros a jóvenes menores de 30 años que presenten "una colección excepcional, creada y organizada con criterio y pasión". En su IV edición, celebrada hace pocas semanas, resultó vencedora la "magnífica" colección de literatura del romanticismo y del siglo XIX de Bruna Escolà, una joven música de 27 años. "Da gusto ver a gente tan joven con una especialización", apunta Fernández. "Claro que hay jóvenes que coleccionan, pero no necesariamente lo mismo que coleccionaban sus padres o sus abuelos", zanja Prats.
En el otro extremo, el de las malas noticias y los lamentos, la constatación de que las grandes ventas son, cada vez más, algo excepcional —"antes quizá vendías un libro y te arreglaba el mes; ahora tienes que vender muchas más piezas pequeñas", apunta Prats, para quien su 'hit parade' particular está coronado por un ejemplar de 'Vogue' de 1945 que vendió por 6.000 euros— y el progresivo ocaso del libro de segunda mano "más corriente y barato". "Era una pieza súper importante, ya que te llenaba media caja, y ha bajado de una manera bestial", asegura Font. El pesimismo, sin embargo, queda lejos. Al menos todavía. "Había grandes coleccionistas y eso se ha perdido, pero creo que pasa en todas las profesiones: siempre hay una época dorada, pero nunca le hemos visto", realtiviza Prats.
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Fuente: El Periódico
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