DEPORTES
Omaira, deportista trans, alza la voz contra el COI: "Esta decisión desprecia a mi colectivo"
Descubre cómo la nueva normativa del COI sobre las mujeres trans afecta a las atletas trans y la lucha por la inclusión en el deporte. Un análisis de la situación actual.

La Provincia
Adolfo Rodríguez
La nueva ofensiva contra las mujeres trans en el deporte de élite ya tiene consecuencias dolorosas. El Comité Olímpico Internacional (COI) anunció el 26 de marzo de 2026 una nueva política para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 que limita la categoría femenina a las llamadas “mujeres biológicas” e introduce un test genético basado en el gen SRY. Aunque no es retroactiva, esta medida representa un giro de gran importancia política, deportiva y simbólica, transformando nuevamente los cuerpos de las mujeres trans en objeto de sospecha, control y exclusión.
Una decisión que deshumaniza al colectivo trans
En Canarias, esa decisión cae como una losa sobre una figura que lleva años abriendo camino. Omaira Perdomo, jugadora del Club Voleibol Guía, no habla desde la teoría ni desde la trinchera abstracta de las redes sociales: habla desde la experiencia de quien ha tenido que existir, resistir y competir en un sistema que demasiadas veces discute su legitimidad antes que reconocer su talento. Perdomo ha sido señalada en distintos medios y entidades como pionera: la primera mujer trans en España y en Europa en debutar en la máxima categoría de un deporte olímpico, el voleibol. Hoy, además, vuelve a jugar en Gran Canaria con el Guía CDV UFPC.
"Este movimiento desprecia a mi colectivo"
“Sinceramente me aterra y me preocupa muchísimo”, resume Omaira, con una claridad que desarma cualquier intento de reducir este debate a reglamentos o tecnicismos. Y enseguida amplía el foco: “No simplemente a nivel deportivo y federativo, sino porque creo que es un movimiento que se está llevando para despreciar a mi colectivo y a nosotros como personas”. Ahí está el verdadero núcleo del problema. Lo que se presenta como una decisión de despacho sobre elegibilidad deportiva tiene un eco que desborda las pistas, las canchas y los estadios. Cuando una institución del peso del COI decide excluir, el mensaje que se filtra hacia abajo es devastador: que hay identidades que deben justificarse permanentemente y derechos que pueden ponerse en cuarentena.
Un golpe emocional que no la frena
Perdomo no esconde el golpe emocional. “Me siento un poco desilusionada”, admite. Se reconoce frustrada, insegura, incluso herida por la sensación de haber abierto camino para otras y encontrarse ahora ante una puerta que vuelve a cerrarse. Pero en su discurso no hay resignación. Hay rabia convertida en convicción. “Somos personas muy resilientes, muy trabajadoras, y que nos pongan una piedra más en el camino no considero que nos condicione para ponernos un freno”, afirma. Su respuesta, en ese sentido, es mucho más que personal: es la impugnación directa de un modelo que quiere convertir la diferencia en amenaza y la diversidad en excepción.
"Las nuevas generaciones están más concienciadas"
Ese es, precisamente, el gran peligro de decisiones como la anunciada por el COI. No solo expulsan de una categoría; legitiman un clima. Alimentan la idea de que las personas trans deben ser sometidas a una vigilancia extraordinaria, como si su mera presencia necesitara explicación. Y eso ocurre, además, en un contexto en el que la participación de atletas trans en los Juegos ha sido mínima en términos numéricos, algo que distintos medios han subrayado tras el anuncio.
Un mensaje de esperanza y lucha
Frente a ese ruido global, Omaira ofrece un contrapunto valioso. A diferencia de los discursos instalados en el alarmismo, ella mira también a las nuevas generaciones con una mezcla de realismo y esperanza. Cree que hoy existe más conciencia social, más referentes y una presencia más visible de personas trans en colegios, trabajos y espacios públicos. “La gente ya no ve esta situación como un caso aislado”, viene a decir. Y esa idea importa. Porque cada referente visible, cada trayectoria que no se esconde, cada entrevista que se publica y cada partido que se juega erosionan un poco más la ignorancia sobre la que prospera la transfobia.
"No hay justicia deportiva sin inclusión"
Su mensaje final no pide permiso ni compasión. Reclama presencia. “Lo fundamental es pensar en positivo y no callarnos, salir a la calle, hablar al respecto, luchar por nuestros derechos”. En una época en la que demasiadas instituciones parecen dispuestas a sacrificar derechos de minorías en nombre de una supuesta protección, la voz de Omaira Perdomo recuerda algo elemental: no hay justicia deportiva posible si se construye sobre la exclusión de personas por ser quienes son.
La historia de Omaira no es solo la de una deportista canaria que juega al voleibol en Guía. Es la historia de una mujer trans a la que se le exige una y otra vez que demuestre que merece estar. Y precisamente por eso su testimonio importa tanto hoy. Porque cuando el deporte expulsa, la sociedad retrata sus miedos. Pero cuando una deportista toma la palabra y se niega a retroceder, también retrata algo más poderoso: la dignidad de quienes ya no están dispuestas a aceptar que sus derechos dependan del prejuicio ajeno.
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