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EL PARTIDO CLAVE PARA EL ASCENSO A LA ACB

La otra grada del Obradoiro: “Un ascenso é algo histórico, non podía perdermo”

El Obradoiro recibe al Inveready Gipuzkoa con el ascenso directo en su mano. La pantalla gigante esta en la entrada del pabellón. Allí siguen el encuentro decenas de obradoiristas

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Anxo Bentrón

Anxo Bentrón

Santiago de Compostela

Sin entradas desde hace semanas para el trascendental duelo entre el Monbus Obradoiro y el Inveready Gipuzkoa fueron muchos los aficionados obradoiristas que, a pesar de no poder entrar al Multiusos Fontes do Sar, se congregaron en las inmediaciones del pabellón para disfrutar del partido desde la pantalla gigante instalada en la entrada.

Así, mientras dentro del Multiusos el Obradoiro compite por el ascenso, en el exterior de las instalaciones se disputa otro partido muy distinto: el de esos cientos de aficionados sin entrada que están convirtiendo la explanada en una segunda grada, más abierta y, por momentos, igual de ruidosa y de tensa que dentro. “Me gustaría estar dentro, pero no había entradas así que no me queda otra que estar aquí “, comenta Olga.

La otra grada del Obradoiro: “Un ascenso é algo histórico, non podía perdermo”

La otra grada del Obradoiro: “Un ascenso é algo histórico, non podía perdermo” / Jesús Prieto

Desde bien entrada la tarde, el entorno del pabellón fue absorbiendo a un flujo constante de gente que no encontró asiento dentro, pero que tampoco quiso ver el encuentro desde sus casas. Algunos llegaron con horas de antelación para asegurar sitio frente a la pantalla; otros se fueron sumando a medida que se acercaba el inicio del partido, hasta formar una masa compacta de aficionados alrededor de la pantalla.

A las 21.00 horas, cuando el balón se puso en juego después de entonar el ‘Miudiño’ en el interior del pabellón, la explanada y las gradas laterales ya estaban tomadas por los aficionados obradoiristas.

“Eu hoxe tiña entradas para ver a Rebeliom do Infranundo en Capitol, pero un ascenso é algo histórico non podería perdermo”, comenta Carmelo Rodríguez, un joven compostelano.

El ambiente en el exterior oscila durante todo el encuentro entre la celebración contenida y el sufrimiento compartido. Todo ello sin estar acompañado del gran temor de la mayoría de presentes: el posible retardo. “Pensaba que al estar tan pegado al pabellón iba a ser una mala idea porque nos enteraríamos antes por el ruido de dentro que por la pantalla, pero para nada. No se oye nada, es una maravilla”, comenta Patricia.

La otra grada del Obradoiro: “Un ascenso é algo histórico, non podía perdermo”

La otra grada del Obradoiro: “Un ascenso é algo histórico, non podía perdermo” / Jesús Prieto

"En casa estaría subiéndome por las paredes"

“Íbamos a verlo desde casa, pero le dije a mi mujer que teníamos que venir porque en casa no aguantaría de los nervios, estaría subiéndome por las paredes”, comenta Xosé, acompañado de su mujer Laura.

A ratos, el ruido de la multitud se apaga por completo, con el sonido de las pantallas rompiendo el silencio. En otros, la explanada se convierte en una olla a presión. Los aplausos y “ooohh” después de cada canasta o buena acción actuaban como hilo conductor.

Las reacciones al ver el partido son casi automáticas: manos a la cabeza tras un error, puños cerrados y apretados para celebrar una canasta, las uñas de la mano mordidas de manera inconsciente o aficionados viendo el partido con los dedos entrelazados, casi como si el resultado dependiese también de sus propios rezos.

“No podía quedarme a verlo en casa. Quería venir a verlo aquí para apoyar desde aquí. Para poner mi granito de arena como aficionado”, explica Román, un joven estudiante universitario que se acercó a Sar con sus amigos.

De pie, sentados en las escaleras o apoyados en la pared y en las barandillas, la ausencia de butacas en las que sentarse no impide que familias, jóvenes y veteranos compartan su amor por el Obradoiro convirtiendo la explanada en una pequeña ‘Caldeira’ exterior.

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