Obradoiro
El Obradoiro vuelve a la ACB entre lágrimas, 'Miudiño' y una promesa cumplida: “Merece la pena”
Protagonistas como Raúl López, Alex Barcello y Sergi Quintela pusieron voz a una noche histórica en Sar, donde el Monbus levantó el título de Primera FEB y celebró su regreso a la Liga Endesa dos años después del descenso
El Obradoiro asciende y convierte Sar en una fiesta de ACB / Jesús Prieto / Jesús Prieto | Antonio Hernández

El Multiusos Fontes do Sar no se vació cuando terminó el partido. Tampoco cuando el Monbus Obradoiro recibió el trofeo de campeón de la Primera FEB. La noche pedía quedarse un poco más, cantar un poco más, abrazarse un poco más. El Obra acababa de ganar al Inveready Gipuzkoa por 85-68 y certificaba su regreso a la Liga Endesa dos temporadas después de perder la categoría.
La escena tenía algo de reparación colectiva. Más de 6.100 aficionados llenaron Sar y varios cientos siguieron la noche desde el exterior, junto a una pantalla gigante, en una final emocional que el equipo de Diego Epifanio debía ganar para ser campeón y ascender. Lo hizo, alcanzando su vigésimo octavo triunfo y superando al Leyma Coruña por el average directo de los dos derbis.
El presidente
En medio de esa fiesta apareció Raúl López, presidente del Obradoiro, todavía con la voz de quien acaba de soltar una mochila de dos años. Cuando le preguntaron cómo vivía el regreso, no buscó solemnidad. Buscó verdad. “A tope. Esto te pone loco. Dices: merece la pena. Los esfuerzos, las lágrimas y los disgustos”.
La imagen remitía inevitablemente al descenso. Aquel golpe de 2024 llegó de la forma más cruel, con un triple empate junto a Covirán Granada y Río Breogán que dejó al Obradoiro fuera de la ACB por los desempates y cerró la etapa más larga y estable del club en la máxima categoría. Por eso la noche del ascenso no fue solo una victoria deportiva. Fue una respuesta emocional.
A Raúl le recordaron sus lágrimas de entonces. Esta vez, delante tenía otra fotografía: la afición cantando el Miudiño y el equipo levantando un título. “Alegría máxima. ¿Qué puedo decir? Está aquí”, resumió, señalando a una grada que también había hecho suyo el ascenso.
El presidente ya pensaba en lo que viene, pero solo a medias. “Ahora tenemos que, desde el lunes, empezar a trabajar. Hoy celebrar y mañana trabajar”, dijo. Era la frase de un dirigente consciente de que el regreso a la Liga Endesa exige una nueva reconstrucción, pero también de alguien que sabía que esa noche no se podía despachar como una simple obligación cumplida.
Héctor y Epi
Héctor Galán, director general, también se permitió mirar atrás. Llegó a Santiago con un mandato claro. “Cuando me llamó el presi la primera vez, me dijo que había que ascender. Y dije: venga, vamos, a tope”. La primera temporada no salió. La segunda, sí. Y en una liga especialmente dura, con lesiones, presión y “un equipazo aquí al lado”, el Leyma Coruña, que llevó el pulso por el ascenso directo hasta el último día.
“Es mérito de los jugadores y del cuerpo técnico. Pelearon como jabatos y nos lo hemos llevado”, explicó Galán, que repartió el éxito entre pista, oficina, consejo y presidencia. “Cada vez que había que forzar la máquina, nunca fue un ‘a lo mejor’; siempre fue un ‘vamos adelante’. El objetivo estaba claro”.
Diego Epifanio, el entrenador que llegó para devolver al Obra a la ACB, pronunció por fin la palabra que durante meses pareció prohibida: ascenso. “Lo conseguimos. Creo que somos muchos. Para quedar primero en una liga regular se necesita mucha gente: los jugadores, el estadio, la gente de la oficina, nuestros aficionados. Lo conseguimos. Quedar primero es muy chulo”.
El técnico burgalés suma otro ascenso a una trayectoria marcada por los regresos a la élite: ya había subido con San Pablo Burgos, Río Breogán y Leyma Coruña, y ahora añade el Obradoiro a una lista que lo confirma como uno de los grandes especialistas de la categoría. Pero su discurso, minutos después de levantar el trofeo, fue menos estadístico que humano. “Hemos pasado momentos muy malos, muy duros, y hemos sabido estar juntos. Ahora tenemos que saber disfrutar juntos, porque creo que nos lo merecemos”.
Quintela y Barcello
En la pista, el nombre propio fue Sergi Quintela. El escolta lucense firmó 20 puntos, 4 rebotes y 1 asistencia, y cambió el ritmo de una 'final' en la que Gipuzkoa no regaló nada. Su energía abrió brecha en los momentos clave y terminó de empujar al Obra hacia el ascenso.
Después, ya con la adrenalina todavía encima, Quintela habló como quien llevaba dos años esperando devolver algo. “La Primera FEB es batalla tras batalla. La afición, el club y los jugadores merecíamos un ascenso”, dijo. Para él, gallego y protagonista en otro ascenso con un equipo de la tierra, el momento tenía una carga especial: “Por cómo me recibieron desde el primer día el año pasado, creo que es un alivio poder devolverles esto y un poquito del cariño que me están dando”.
La noche también fue la de Alex Barcello. El estadounidense, uno de los jugadores más importantes de la temporada y máximo anotador del equipo en promedio, eligió responder en español. No era un detalle menor: era una forma de pertenecer. Esta temporada fue el líder estadístico del Obra en puntos, con 13,1 por partido.
“Lo más importante es que la ciudad está contenta”, empezó Barcello, emocionado. “Muchas gracias a Dios, muchas gracias a la ciudad, muchas gracias a la familia de Raúl López, muchas gracias a los entrenadores y jugadores. Es un buen momento para el Obradoiro y para la ciudad. Estoy contento”.
Su español fue parte de la celebración, pues fue una promesa al redactor que escribe estas líneas. “Estuve aprendiendo poco a poco durante la temporada, el baloncesto y la lengua. Hablo un poco ahora, pero cada vez mejor”, explicó, sonriendo. Y cuando se le preguntó por su deseo de jugar en la ACB con el Obra, dejó la puerta abierta sin romper la fiesta: “Hoy es una celebración con la ciudad, la gente y el equipo. Esa es una conversación para otro día, pero mi familia y yo estamos encantados aquí en Santiago. Si la ciudad y el club quieren… es una conversación para otro día”.
Los veteranos
A su lado, los veteranos también medían lo conseguido. Léo Westermann, capitán, recordó el arranque torcido de la temporada, con dos derrotas que pusieron a prueba la fe del grupo. “Después de los dos primeros partidos, solo hay que dar las gracias a los aficionados. Nosotros creíamos que podíamos volver a la ACB directamente. Fue un camino muy difícil, pero creo que somos el mejor equipo de la categoría y lo merecíamos”.
Ese inicio difícil no fue solo una cuestión de resultados. Goran Huskić sufrió en la primera jornada una grave lesión de rodilla (rotura del ligamento cruzado anterior y lesión en el menisco medial) que lo apartó de la pista casi todo el curso. Por eso, cuando apareció entre risas, resumió su temporada con humor y dolor: “He sido el jugador clave”. Luego, ya en serio, añadió: “Estoy muy contento por los chicos y por el cuerpo técnico. Jugar tantos meses con la presión de no poder fallar más, porque estuvimos por detrás toda la temporada, mentalmente es duro”.
Dejan Kravic también entendió el ascenso como una prueba de grupo. “Esta es la definición de un equipo. La gente no lo sabe, pero este es uno de los mejores equipos, el más unido del que he formado parte. Soy muy afortunado de ganar esto porque realmente lo merecemos”. Para él, que ya conocía Santiago en otra etapa, el regreso tenía una misión clara: “Devolver al Obradoiro a la ACB. Y ahora está en la ACB”.
Resarcirse
Yunio Barrueta, otro de los hombres de peso de la plantilla, habló de justicia con la ciudad. “Estoy muy alegre con este grupo, que de verdad lo jugó hasta el final. La ciudad de Santiago se merece esto, se merece estar de nuevo en la ACB”. Luego, cuando todo lo que quedaba era música, resumió el plan junto a una afición con la que se concilió y festeja: “A bailar, a bailar y a disfrutar”.
También Travis Munnings, llegado en plena temporada tras una etapa complicada en Granada, encontró en Sar el cierre que buscaba. “Fue la mejor decisión que tomé, venir con este grupo y ayudarles a cumplir este objetivo. Hemos conseguido un ascenso. Es una verdadera bendición”.
Grela, Andersson, Lundqvist y Etxeguren
Para Alonso Grela, canterano y símbolo de futuro, el título tuvo otro peso. “Es un sueño cumplido para mí. Creo que es el orgullo más grande de mi vida, sin duda. Hemos trabajado mucho durante el año, nos hemos esforzado y al final el esfuerzo ha tenido esta recompensa. No puedo explicar con palabras lo que estoy sintiendo”.
Denzel Andersson apenas necesitó una frase: “No tengo palabras para describir este momento”. Olle Lundqvist, lesionado pero metido de lleno en la celebración, miró alrededor y encontró la explicación en la grada: “Con esta afición es una locura”. Aitor Etxeguren, que nunca había vivido una situación parecida, se quedó con la resistencia del grupo: “Quizá poca gente creía que íbamos a conseguir lo que conseguimos, pero nosotros seguimos dándolo todo y pensando en el siguiente partido. Esa fue la clave”.
Sí, el Obradoiro vuelve a ACB
El Obradoiro vuelve a la ACB con un título, con un Sar lleno, con un presidente que pasó de las lágrimas del descenso a la euforia del regreso, con un entrenador que volvió a hacer de un ascenso su especialidad, con un americano que eligió hablar en español para decir que Santiago ya es su casa, y con un gallego, Sergi Quintela, que lideró el partido más importante de la temporada.
Cuando se apaguen las luces de la fiesta empezará otra historia. Pero esa noche, la del 8 de mayo de 2026, Sar no quería futuro. Quería presente. Quería Miudiño. Quería abrazos. Quería repetir, una y otra vez, que el Obradoiro ya estaba de vuelta.
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