MUNDIAL 2026
El guiño del Mundial a Santiago: Borja Iglesias repite hoy la historia de hace 40 años
El delantero del Celta se convirtió ante Portugal en el segundo compostelano en jugar una Copa del Mundo y el cuadro le coloca ahora, como a Tomás Reñones en México 86, frente a Bélgica en los cuartos de final

Once de la selección española en un partido del Mundial de México 86. / Facebook

Han tenido que pasar cuarenta años para que Santiago de Compostela vuelva a hacer acto de presencia en una Copa del Mundo. Borja Iglesias se convirtió el pasado lunes, con su participación en la victoria de España ante Portugal en los octavos de final, en el segundo futbolista compostelano en disputar un Mundial. Un hito que ya forma parte de la historia del deporte santiagués y que guarda una curiosa coincidencia que parece escrita por el propio destino.
Después de superar al combinado luso, la selección española encara hoy los cuartos de final donde se verá las caras con Bélgica. Mismo rival y misma instancia en la que terminó el camino de España en el Mundial de México en 1986, competición en la que Tomás Reñones escribió la primera página de la historia de la capital gallega en el torneo. Una coincidencia que se repite también en el escenario. Aquella edición del Mundial se disputó íntegramente en México y, en 2026, el país azteca vuelve a ser una de las sedes del evento junto a Canadá y Estados Unidos.

Borja Iglesias salta al campo en el partido de España ante Portugal en octavos de final. / EFE
Hace cuatro décadas, España selló la clasificación a cuartos después de una célebre actuación de Emilio Butragueño que anotó un póquer de goles frente a Dinamarca. El equipo dirigido por Miguel Muñoz completó un gran partido y, con Reñones en la zaga, aseguró su pase a la siguiente ronda.
Ahora, el combinado de Luis de la Fuente vuelve a colarse entre las ocho mejores selecciones del planeta luego de superar a la Portugal de Cristiano Ronaldo y del ilerdense Roberto Martínez gracias a un solitario tanto de Mikel Merino. Y cuarenta años después, Bélgica será el último escollo de los españoles antes de semifinales.
Un cruel adiós en la tanda de penaltis
Reñones llegó al Mundial del 86 como un auténtico fijo en las alineaciones de La Roja. Con el santiagués como líder de la defensa, España superó la primera fase como segundo clasificado en un grupo que lideró Brasil y en el que dejó por el camino a Irlanda del Norte y Argelia. El picheleiro, que por entonces defendía los colores del Atlético de Madrid, fue una pieza fundamental en el camino del conjunto español hasta los cuartos de final.
El lateral disputó más de 400 minutos repartidos en cinco encuentros, completando los noventa minutos en cuatro partidos y jugando toda la primera parte del choque frente a Bélgica antes de ser sustituido al descanso. Reñones vio la tarjeta amarilla cinco minutos antes del entretiempo y Miguel Muñoz decidió cambiarlo por Juan Señor, que terminó siendo decisivo en el resultado final. El centrocampista madrileño igualó el tanto inicial de Los Diablos Rojos, obra de Jan Ceulemans, con un disparo lejano que sorprendió a Jean-Marie Pfaff.
La reacción de España hizo soñar con la primera clasificación a semifinales en la historia de la selección, pero el hado mundialista tenía preparado un triste final. España no pudo pasar del empate (1-1) y la eliminatoria se decidió desde el punto de penalti. Los belgas no fallaron y aprovecharon el error de Eloy, que disparó directamente a las manos del meta del Bayern Münich, para eliminar a un equipo que había despertado unas expectativas enormes.
La España del Buitre y de Zubizarreta le dijo adiós al Mundial y Bélgica pasó a semifinales, donde Maradona, inspirado tras su exhibición ante los ingleses, acabó con la esperanza del país flamenco con un doblete. Aquella tanda de penaltis también supuso el final de la aventura para Tomás Reñones, que decía adiós a la única Copa del Mundo de su carrera y, durante cuarenta años, la única representación santiaguesa en una cita de tal magnitud.

Tomas Reñones realiza un pase durante el Mundial de 1986. / Cedida
El Panda recoge el testigo con una actuación “memorable”
El precedente de Reñones parecía estar destinado a lucir aislado en los anales de la historia del fútbol gallego. Los jugadores compostelanos nunca figuraban en las quinielas de posibles convocatorias. El desarrollo de talento desde la capital autonómica quedaba opacado por la facilidad de otras ciudades gallegas para promocionar futbolistas de clase mundial, como Iago Aspas, Fran González o Michel Salgado, pero de repente apareció el Panda.
Borja Iglesias, que llevaba años llamando a la puerta de un gran torneo con la Roja, encontró finalmente su recompensa con la citación mundialista después de una temporada espectacular con el Celta de Vigo. No contento con esto, el delantero picheleiro ha escrito su nombre con letras de oro en las páginas del deporte santiagués al disputar los últimos minutos del encuentro de España ante Portugal.
Iglesias ingresó en el descuento del choque de octavos de final del Mundial, cuando la selección española ya mandaba en el marcador, convirtiéndose en el segundo futbolista compostelano en participar en una Copa del Mundo con la Roja. El ariete apenas estuvo dos minutos sobre el césped del AT&T Stadium, tiempo insuficiente para dejar su impronta en el encuentro.

Borja Iglesias abraza a Unai Simón tras la clasificación de España a cuartos de final. / EFE
Sin embargo, el propio Borja Iglesias no tardó en definir su estreno en el Mundial como un día “memorable” al responder a un tuit publicado por Ibai Llanos en sus redes sociales donde comparaba la situación del jugador gallego con la influencia de Fernando Llorente en Sudáfrica 2010. El Panda ayudó a sellar la victoria frente a Portugal con un único toque al balón, un control fallido a un envío largo de Unai Simón.
La diferencia entre ambos santiagueses parece evidente si atendemos a los minutos. Reñones fue indiscutible, mientras que, de momento, Borja ha tenido un rol más secundario. No obstante, la importancia del atacante celeste en el actual grupo de la selección es manifiesta.
Además de ser el futbolista más veterano, el Panda es uno de los jugadores más queridos en el vestuario de la Roja y su forma de ser fuera de los terrenos de juego lo convierte en una pieza muy valorada por el cuerpo técnico y por sus compañeros. Y todo ello sin perder de vista su enorme calidad futbolística, la de un futbolista capaz de cambiar un partido desde su increíble lectura de juego, su capacidad para asociarse y su facilidad para ver portería.
España y Borja ya solo piensan en Bélgica. Como hace cuatro décadas, la selección afronta los cuartos de final con el combinado belga como rival. Tomás Reñones no pudo superar aquella frontera infranqueable, pero sentó un precedente para la historia. Iglesias tiene ahora la oportunidad de reescribirla. Dos generaciones separadas por cuarenta años y unidas por la misma ilusión, el mismo rival y la presencia de un talismán procedente de Santiago de Compostela.
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