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Aitor Iru: No deja la portería, ahora como entrenador en el Athletic

SILVIA CASTIÑEIRAS  | 01.06.2019 
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A Iru lo encontramos cerca de la portería, donde solía estar durante su carrera en activo. Y es que el guardameta bilbaíno sigue vinculado de lleno al tema de las redes y a nivel profesional. Es entrenador de porteros en Primera División, en su casa, en el Athletic de Bilbao, formando parte en la actualidad del cuerpo técnico de Gaizka Garitano.

Llegó al club a través de su Fundación, trabajando en las escuelas de fútbol de Lezama. Antes de alcanzar el primer equipo estuvo en los cadetes y juveniles y en el filial rojiblanco. Ya había hecho sus pinitos como técnico fuera de San Mamés, entrenando al Amorebieta en 2ªB. Así se forjó su profesión actual, pero su currículum como jugador también es digno de repasar.

Tras llegar a Primera con el Compos se quedó esa temporada del debut en el club santiagués, pero emigró en la siguiente campaña. Lo hizo a otro recién ascendido a la máxima categoría, el Mérida. Aitor Iru lo recuerda hoy en día: “Yo me quería quedar y el Compos me quería renovar pero finalmente cosas que pasaban entonces en el fútbol y de las que no eras muy consciente hicieron que acabara por fichar en otro sitio”.

También formó parte de las filas del Almería en 2ª y 2ª B y del Eibar, donde por cierto coincidió en el equipo con el gallego y también excompostelanista (aunque en otra etapa) Juan Cabrejo, al que menciona en nuestra conversación.

El portero se acabó retirando en otro equipo vasco, el Amurrio, militando en 2ª B, con 36 años. Lo curioso es que en medio de toda esta trayectoria, Iru comenta que llegó a desempeñar funciones de bombero “en unos parques mixtos que había”.

Su retorno a hace 25 años le supone pensar en una gran vivencia. “Yo tenía muy poca trayectoria, era mi segundo equipo en 2ª y tenía poca experiencia, no había tenido oportunidad de vivir un ascenso y fue inolvidable, tanto para mi como para mi novia, que vivía conmigo en Santiago”. Novia con la que acabó casándose y formando una familia. Tiene dos hijos, un chico de 20 años que le sigue los pasos como portero en las categorías inferiores del Athletic, “aunque me hubiese gustado que fuese delantero”, se ríe Iru. También tiene una hija de 17 años.

Y es que el tiempo pasa, tiene ahora 51 años, reflexiona, y recuerda perfectamente aún aquel grito de guerra que le dedicaba la parroquia blanquiazul cuando calentaba o en medio de un partido cuando sacaba a relucir su buen hacer bajo los palos, aquel ¡Iru, Iru! era atronador en San Lázaro, un estadio al que aún llegó a volver.