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Del curling a la chave, juegos de bretones

QUE GALICIA sea celta y no vikinga se le debe al obispo Maeloc. Los bretones se asentaron en el noroeste peninsular durante los siglos V y VI. Unos provenientes de la isla romana de Britania -hoy Gran Bretaña-, otros de la península Armorica -hoy la Bretaña francesa- pero todos ellos, celtas. Maeloc viajó con los segundos para unirse a los primeros y crear la Bretoña de Galicia. Juntos vencieron al enemigo vikingo y juntos levantaron el monasterio Máxime en Santa María de Meira, el lugar donde nacen el río y las raíces que vertebran Galicia.

No incluir a Galicia entres las seis naciones celtas: Bretaña (Breizh), Cornualles (Kernow), Gales (Cymru), Escocia (Alba), Irlanda (Éire) y la Isla de Man (Mannin), parece un delito. Y el deporte también lo cree.

El curling tiene su origen en la Baja Edad Media en Escocia. Grabados en abadías, pinturas de Pieter Brueghel el Viejo y vetustos poemas acreditan su nacimiento. En 1620 los escoceses fundan Nueva Escocia y todas sus costumbres viajan a Canadá. Es el país con más curlers del mundo. Se trata de aficionados: abogados, granjeros, profesoras, camioneros o dentistas.

Dicen que socializar siempre ha sido parte del curling y que a pesar de ser contrincantes en el hielo pueden tomarse una copa con sus oponentes. La descripción del curler de los años 80 es “algo rechoncho, con un cigarro en la boca y una cerveza en la mano”.

Pat Ryan es uno de los curlers más laureados. Para conseguirlo cambió algunas de las costumbres del curling. Hizo firmar un pacto a los integrantes de su equipo por el que no podían trasnochar, beber en abundancia, fumar, sentarse durante el partido o mantener relaciones sexuales. Además implantó un estilo de juego ultradefensivo nunca antes visto: eliminaban las guardias de todos los ends para jugársela con el hammer. Así formó un equipo denominado el Ryan Express, “era un tren que te arrollaba”.

De la gente que trabajaba en el ferrocarril viene otro juego que en Galicia ya es centenario en cada una de sus modalidades: Ourense, Santiago y Ferrolterra. En todo se parece al curling: en su origen bretón, en lo importante de la socialización, en su precisión y puntería, en el perfil de sus jugadores. En todo menos en ese pacto que ningún jugador de chave firmaría en su sano juicio.

Y es que los que juegan a la chave hacen todo lo que las chicas del Roxy: “fuman, beben y hablan con los hombres”. Bien antes de la partida, bien durante la misma o bien en los pinchos con los que invitan a los visitantes.

Pat Ryan consiguió que se profesionalizara el curling convirtiendo un deporte popular en una estrategia aburrida. Ahora que es olímpico, hay mucho más en juego. Los curlers son verdaderos atletas con entrenadores, psicólogos y nutricionistas. Los más románticos se quejan amargamente: “los jugadores han cambiado, hay menos diversión. Se centran tanto en ganar que se pierde lo más importante que es conocer gente y pasarlo bien”.

Los abogados, granjeros, profesoras, camioneros o dentistas que juegan a la chave nunca lo permitirán. Y nuestro equipo del Bar Anxo, tampoco.

24 jun 2021 / 01:00
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