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Alero del Monbus Obradoiro

Kyle Singler: “Me gusta Moncho, no quiere que seas un robot en la pista sino que pienses”

"En Oklahoma fue difícil aceptar que no tenía los minutos que quería. Estar sin jugar sí fue un tiempo desaprovechado" // "Estar en un equipo competitivo, que juega duro y quiere ganar ya es al menos tan bueno como estar en uno de Euroliga sin mis valores o mis objetivos. Aquí vi deseo y hambre" // "Si fuesen animales, Westbrook sería como una pantera y Pepe y Albert como zorros" // "Nacho es un líder, marca el camino hablando pero también con su ejemplo"

Llegó al aeropuerto de Lavacolla con una sonrisa y Kyle Singler no la ha abandonado desde su fichaje por el Obradoiro - FOTO: Antonio Hernández
Llegó al aeropuerto de Lavacolla con una sonrisa y Kyle Singler no la ha abandonado desde su fichaje por el Obradoiro - FOTO: Antonio Hernández

ÓSCAR DE LA FUENTE GUILLÉN SANTIAGO   | 08.11.2018 
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Cuando el Monbus Obradoiro ficha, no solo incorpora jugadores de baloncesto; el aspecto personal es fundamental. Detrás de Kyle Singler (Medford, Oregón, Estados Unidos; 4/5/1988), un jugador que ha ganado unos 22 millones de dólares en sus seis temporadas en la NBA (en euros, alrededor de 19), hay una mente inquieta. Con la grabadora ya apagada se afana en preguntar sobre el Camino de Santiago o incluso charla sobre el último Barcelona-Real Madrid de fútbol. Llegó con el cartel de estrella tras ser cortado por los Oklahoma City Thunder y en su conversación se observa un jugador humilde, ambicioso y con un objetivo principal: disfrutar.

¿Cómo empezó a jugar?

En el colegio, con mis amigos, a los 5 o 6 años. Simplemente me pareció divertido, hacíamos competiciones entre colegios, fui mejorando y cuando ocurre eso lo pasas aún mejor y le dedicas más tiempo. Pero no me lo tomé en serio hasta los 15-17 años.

Tras el instituto, en South Medford, se va a la Universidad de Duke, con uno de los programas más prestigiosos del país.

Sabía que iba a ir a una universidad a jugar al baloncesto. Me sentí muy afortunado al tener a Duke entre las opciones. Siempre fue un sueño ir allí. Era un sitio muy bueno académica y baloncestísticamente. Eran dos cosas muy importantes para mí. Estaba lejos de casa así que necesitaba estar cómodo y lo estuve, era como una familia, y los jugadores nos llevábamos muy bien. Fue lo mejor que me pudo haber pasado.

Y jugó allí para Coach K, Mike Krzyzewski, uno de los mejores entrenadores de la historia.

Fue increíble. No dice nada diferente a los demás entrenadores, pero su energía y cómo lo dice sí lo es. Se preocupa por ti y siempre hay una razón para todo lo que hace. Por eso tiene éxito.

En el draft de la NBA le eligen los Detroit Pistons, pero hay un lockout[cierre de la liga por el desacuerdo en el convenio colectivo] y ficha por el Lucentum Alicante. No sería una decisión fácil.

No fue difícil. Sí lo fue encontrar un equipo adecuado e integrarme. La decisión de venir a Europa y no esperar a la NBA no fue para nada difícil, porque me encanta el baloncesto y sobre todo jugarlo.

Empieza la NBA en diciembre pero no se va a Detroit, sino al Real Madrid. Un gran club, que aspiraba a títulos. ¿Le motivó?

Sí, un poco. La verdad es que no sé por qué me quedé en España pero sé que fue la decisión correcta. Disfruté de mi temporada aquí, de una experiencia diferente a todo lo que estaba acostumbrado. Siempre me gustó viajar, ir a otros sitios, y vivir experiencias diferentes, y cuando vine a España tuve esa oportunidad, quizá por eso decidí quedarme, ir al Real Madrid, un gran equipo en el que pude pelear por títulos.

Verano de 2012. Ficha por los Detroit Pistons. ¿Qué diferencias encuentra?

Fue una experiencia muy diferente. Es como cuando vas a casa de un amigo y la comida es más o menos igual pero la manera de cocinarla es algo diferente. Sigue siendo baloncesto, pero la experiencia es distinta, ni mejor ni peor, era algo que quería experimentar y creo que mi tiempo en Detroit fue como una montaña rusa. Nunca fuimos buenos, no ganamos, pero pude jugar e hice buenos partidos. Fue una buena experiencia, la disfruté mucho.

En febrero de 2015 lo traspasan a Oklahoma City Thunder. Suele decirse que en la NBA el jugador es el último en enterarse de que cambia de equipo. ¿Qué pensó?

Antes del draft sabía que Oklahoma City tenía interés en mí, así que tuve la sensación de que tarde o temprano acabaría allí. No fue una sorpresa. Me hizo ilusión porque era un buen equipo, con dos jugadores increíbles como Kevin Durant y Russell [Westbrook], y sentía que podía echarles una mano. Mi primer año estuvo bien, a veces jugaba y a veces no pero hice buenos partidos, otros que querría haberlo hecho mejor, y las siguientes temporadas no jugué tanto como pensaba que iba a hacerlo. Mi papel era más o menos ser un tirador y defender. Me sentía limitado, pero está bien, porque ellos querían alguien que abriese el campo. Si era lo que necesitaban, lo hacía.

¿Le costó aceptarlo? Porque siempre había jugado mucho.

Sí, fue difícil aceptar que no estaba teniendo los minutos que quería. Me sentía muy frustrado, porque además de jugar poco no lo hacía tan bien como podía. No me estaba ayudando a mí y no estaba ayudando al equipo. Estuve tres años y medio allí y mejoré como jugador, pasé mucho tiempo en el gimnasio, en los entrenamientos, estaba rodeado de grandes jugadores, así que en ciertos aspectos no estaba perdiendo el tiempo pero estar sin jugar sí fue un tiempo desaprovechado. Podía haber estado en un sitio jugando y no solo entrenando y viajando.

En la temporada 2015/16 se quedaron a una victoria de jugar las Finales de la NBA. Ganaban 3-1 a los Golden State Warriors y perdieron 3-4.

Sí, y ese año jugué algo más que en estos dos últimos. Fue un año increíble. Tuvimos la oportunidad de ser campeones de la NBA, habría sido increíble hacer ese recorrido, vivir esa experiencia. Fue un shock, nos quedamos muy cerca de las Finales. Creo que éramos capaces de hacerlo, de ganar al mejor equipo de la NBA. Los estábamos dominando, pero dos o tres tiros cambian toda la serie. Fue una decepción.

Justo ese verano Durant se va de los Thunder a los Warriors y pone patas arriba la NBA.

Creo que pensó en sí mismo, sabía que no iba a tomar la decisión preferida por los aficionados. No iba a hacer algo solo para agradar a los fans. Y es entendible. Él debía ser egoísta, pensar en su carrera y en la dirección que quería tomar. Aún así, me sorprendió que se fuese exactamente al equipo que nos eliminó. No sé si puedes hacer eso, pero él lo hizo.

Este verano a usted lo cortan el último día de agosto. ¿Lo veía venir? [Le quedaba un año de contrato por 5 millones de dólares y los Thunder le pagarán uno anual entre 2018 y 2023]

Sabía que existía la posibilidad de que no siguiese en el equipo, así que me preparé y me fui a Oklahoma a entrenar para demostrarles qué tipo de jugador era, y que si querían prescindir de mí era decisión suya, pero no mía. La mía era ser yo mismo y mostrárselo. Pensaron que quedarse conmigo no era lo mejor.

¿Sabe cuántos ex del Obra hay en la NBA actualmente?

Conozco uno seguro... [piensa], ¿quizá dos?

Alguno más: tres.

Conozco al que está en Dallas, no me sale el nombre, su apellido empieza por k.

Maxi Kleber.

Eso es.

Salah Mejri está allí con él.

Ah, sí. A Russell no le cae bien, no se llevan muy bien [se ríe. Westbrook y Mejri han tenido enfrentamientos dentro de la pista].

El tercero juega en los Philadelphia 76ers. Mike Muscala.

¡Ah, Muscala! No lo sabía.

Hay una diferencia con ellos. Los tres vinieron al Obradoiro a progresar y acabaron en la NBA. Usted viene desde allí.

Sí, es una forma de verlo. Son muy buenos jugadores. Muscala y Kleber son similares, y yo me puedo parecer en algo pero soy diferente. La NBA está basada en actuaciones personales, los mejores jugadores ponen el espectáculo, meten muchos puntos y son el motor del equipo, en Europa necesitas un buen grupo para tener éxito. Y eso es algo que aprendí en mi experiencia aquí.

Sinceramente, cuando el Obra lo fichó yo pensé que su sitio era la NBA; y si no, al menos un equipo que disputase la Euroliga.

No es un problema para mí. Podía haber dicho que solo quería ir a un equipo de Euroliga, poner ciertas condiciones u objetivos irreales. Podía haber pensado que me merecía esto o lo otro, pero no lo veo como una posición de éxito. No creo que por estar en la NBA mereciese ir a un equipo europeo mejor o peor. Solo con tener la opción de estar en un equipo que es competitivo, que juega con dureza y que quiere ganar, ya me parece al menos tan bueno como jugar en un equipo de Euroliga que quizá no tenga mis valores o mis objetivos. Conocía al entrenador, con una cabeza muy centrada en el baloncesto, al que le gusta enseñar, con un equipo joven con cosas por demostrar. En el equipo vi deseo y hambre, y me pareció una buena situación.

Pasar de tener como base a Westbrook a jugar con Pepe Pozas y Albert Sàbat es un pequeño cambio. Son estilos antagónicos.

Seguro. Si fuesen animales, uno sería una pantera y ellos como zorros [se ríe]. En la NBA hay diferentes físicos y estilos, hay mejores atletas y en Europa no vas a ver un jugador del estilo de Russell Westbrook. Quizá en algún equipo, pero seguro que no como base. Lo mejor de Pepe y Albert son sus cabezas. Interpretan el juego, si ven que un compañero lleva tiempo sin tocar el balón se lo dan. Se preocupan más por sus compañeros que por sí mismos. Y eso es tan bueno como que alguien meta 20 puntos.

¿Qué le sorprendió más aquí?

Nacho [Llovet]. Lo conocí en Alicante, y al llegar aquí lo vi y pensé: vaya, me suena, lo conozco de algo. Escuché el nombre de Nacho y ahí me di cuenta. Verlo ahora, lo que ha mejorado y qué jugador es, está muy bien. Es un líder, marca el camino hablando, pero también con su ejemplo.

¿Qué es lo más difícil del sistema de Moncho Fernández?

Te hace pensar continuamente. Hace ejercicios que nunca había hecho antes, o quizá una vez o dos. Él espera hacerlo siempre bien, como en los partidos. Te reta a concentrarte pero al mismo tiempo debes meter los tiros y elegir el pase correcto. Me gusta su estilo y sus entrenamientos. No puedes poner el piloto automático, no quiere que seas un robot en la pista. Quiere que pienses, que maximices tu talento, tus habilidades y tu mente.

¿Cuándo se verá su mejor versión en el Obradoiro?

Quién sabe. Sé que tendré partidos buenos, pero a veces hay que ver cómo transcurren y no voy a tener siempre mi mejor actuación. Sé que debo tener paciencia hasta que aparezcan esas oportunidades. El último fue mi mejor partido aquí. Fui agresivo, vi oportunidades de anotar y las aproveché. Era cuestión de tiempo. Lo hice bien y sé que en buena medida es por cómo se dio el partido, es todo lo que puedo decir.

TRAYECTORIA

INICIO. Kyle Singler nace en 1988 en el estado de Oregón. A los 5 o 6 años empieza a jugar al baloncesto y a los 18 entra en la Universidad de Duke. “En aquel momento era lo suficientemente bueno como para ir a donde quisiera, trabajé mucho”, relata.
UNIVERSIDAD. Juega cuatro años con los Blue Devils de Duke. En 2010 gana la NCAA y es elegido MVP. También cumple académicamente: “Acabé artes visuales. Las clases eran sobre programación en ordenadores, modelos en 3D, Photoshop, Illustrator, aprender a manejar los ordenadores para diseñar cosas”.
PROFESIONAL. En 2011 es elegido en el Draft por los Pistons, la NBA cierra y llega al Alicante. En diciembre es traspasado al Madrid, donde gana la Copa del Rey. En 2012 da el salto a la NBA: hasta febrero de 2015, en Detroit; desde esa fecha hasta agosto de 2018, en Oklahoma. Cobrará un millón de dólares anual hasta 2023 tras ser cortado: cinco en total, casi el doble del presupuesto del Obra. “No sabía ese dato. Es mucho dinero, pero en deporte te pagan para jugar y en la NBA hay salarios muy altos”, dice. “Me habría quedado, pero fue su decisión. Sé que es de locos que te paguen por no jugar”.