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"¿Loco? Más que loco puedo ser atrevido o intrépido"

Superada con nota la etapa de cuatro años en la Universidad de Misuri, el santiagués Pablo Hernández ficha por el Thor AK Akureyri de Islandia.

Pablo Hernández
Pablo Hernández

CRISTINA GUILLÉN  | 19.08.2019 
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El tiempo de un café con un amigo, esa relación sentimental que sale mal, un cambio de trabajo o un viaje. Madurar es caer y levantarse. Todo lo que sucede a tu alrededor son experiencias vitales. Por eso, cuanto más sumes, más puedes aportar a ti y a los demás. Así lo entiende Pablo Hernández Montenegro. A sus 22 años, recién licenciado por la Universidad Baptista de Misuri en un doble grado de Educación Física y Magisterio con un curriculum extraordinario que le valió varios premios a la excelencia académica, afronta también su primer intento de dar continuidad en el mundo profesional a sus brillantes cuatro años de baloncesto universitario. No ha sido fácil. Lleva muchos meses preparándose y sopesando este salto, y llegado el momento ha tomado una decisión que sorprende, pero que refleja también su ambición, su búsqueda siempre de algo más, y sobre todo su valentía.

"Loco de momento no me ha llamado nadie. Más que loco puedo ser atrevido o aventurero. ¿Loco...? Habrá quien lo piense, supongo", se resigna el compostelano. Porque su destino la próxima temporada será el Thor AK Akureyri de la Dominos League, la primera división de Islandia.

La ciudad de Akureyri le cobijará hasta el próximo abril. Los aficionados a Tintín la reconocerán porque aparece en La Estrella Misteriosa, pero lo cierto es que la segunda capital del país, su principal puerto pesquero, enclavada bajo el resguardo del fiordo Eyjafjöröur aunque apenas si cuenta con 20.000 habitantes. "Llevo cuatro años fuera y no me importaba irme a otro más. Le dije a mi agente que mirase el mercado español y el europeo. Salió esto y allá voy. De todas las opciones fue la más atractiva para mí", afirma Pablo Hernández.

"No fue la primera que recibí pero la cogí. El país me atrajo, sé que será un invierno complicado con mucho frío, mucha nieve, poca luz y no fue fácil, pero es una liga que creo que está creciendo, respetada en Europa y solo voy un año. Lo quiero usar un poco como trampolín", añade el compostelano, quien apunta a una razón más: "Al hablar con el entrenador me dijo que iba a tener una posición importante en el equipo, un rol importante, con muchos minutos y eso me gustó. Sobre todo para un primer año como profesional ir a un sitio que confíen en ti es clave. Me transmitió muy buenas sensaciones. Dijo que en principio jugaría de 4 abierto pero según las situaciones podría hacerlo de 3 o incluso al 5 si buscaban jugar más rápido. Es un equipo joven, recién ascendido en el que destaca que los cuatro extranjeros cargaremos la mayor parte del peso del juego y a ver qué tal lo hago".

 


Idéntico estilo. "Creo que siempre tendré la oportunidad de jugar en España y si tengo otras opciones me gusta ir a por ellas. Es un país al que digo, 'si no voy ahora, ya no voy'. Así que me embarco a la aventura, me gusta viajar y ver sitios diferentes y tengo esta opción con una buena oferta deportiva. Estoy contento, incluso más ilusionado que si fuera a algún sitio en España porque es un país nuevo", medita.

Asume Pablo que su adaptación al baloncesto islandés no le pasará factura. "Hablé un poco con jugadores que han estado allí en ese equipo y me han dicho que es parecido al universitario americano, más rápido, más de uno contra uno en comparación con el español. Los extranjeros que van son de buen nivel y los islandeses a lo mejor no son tan técnicos pero sí físicos. Será un baloncesto físico y rápido como el que jugué estos años". El ala-pívot formado en la cantera del IES Rosalía, etapa que siempre recuerda con cariño, tendrá con quien hablar español, pues como base compartirá equipo con el colombiano con pasaporte español Hansel Atencia. También se han sumado al proyecto de retorno del Thor AK Akureyri a la elite un escolta americano (Zeek Woodley) y un pívot lituano.

 


Hlinason como referencia. Hace cuatro años fue Pablo el que gestionó su propia beca hacia EE.UU. buceando opciones y agencias. Ahora empleó la misma energía para encontrar referencias y contactos. "Españoles hay alguno jugando al fútbol y después contacté con un par de americanos que estuvieron el año pasado. También hablé con Tryggvi Hlinason, el exjugador del Obra porque fue su club aquí. Le pregunté por la ciudad y por el club... me comentó un poco lo que ya sabía pues él tuvo a otro entrenador. Pero a este lo conocía (Larus Jonson) y me habló bien de él y de Akureyri, me dijo que era pequeña y poco más".

Sí es consciente también el santiagués de que cada uno de sus pasos los ha dado contando con el respaldo de los suyos, quienes nunca han puesto freno a sus ilusiones y han alentado sus sueños. "Mis padres están muy contentos. Se alegran por mí, me dicen que voy a pasar frío, ya lo sé, pero siempre me han apoyado en todas mis decisiones. Ya lo hablé el año pasado con ellos y una vez que surgió la opción, mientras tomaba la decisión, me echaban una mano con lo que podían y una vez que lo dije me apoyaron", asiente con orgullo. Y eso que su intención es dejar aparcada de momento su faceta de profesor. "Quiero homologar el título en España, seguro que tendré que hacer algunas clases a distancia, pero ahora mismo no tengo en mente trabajar. Tengo en mente jugar al baloncesto los años que pueda, lo que el cuerpo aguante y si hay suerte cuando termine la carrera deportiva sí reenganchar con un trabajo", desvela como plan de vida.

De momento su presente está a casi 5.000 kilómetros de distancia, bajo un fiordo, en uno de esos paisajes de cuento que encierran trampas pero enseñan superación. Un reto más para un grande, en físico y en lo personal, de apenas 22 años.

 

EXPERIENCIA Y APRENDIZAJE COMO 'SOUVENIR'

"Una prueba de madurez"

••• ¿Y qué se lleva esta vez en la maleta Pablo Hernández? "Esta vez mucha ropa de abrigo, pero sobre todo muchas ganas de empezar esta aventura, esta experiencia profesional. Además siempre hay que dejar algo de hueco para traer algo de allá, que esperemos sea experiencia y aprendizaje", responde. El reto sicológico es gigante. "Es una prueba de madurez. Después de llevar cuatro años en América el hecho de estar fuera de casa no creo que me cueste, pero soy una persona muy sociable, me gusta conocer gente y hacer cosas, así con el tema de la luz, el mes de diciembre y la nieve, serán otra gran prueba. Soy optimista y será una cuestión de dos o tres meses. No veo mayor problema", reflexiona el jugador de baloncesto compostelano que sobre todo siente orgullo por lo que ya ha vivido. "He cumplido pequeños sueños, esos objetivos que me he ido proponiendo poco a poco, porque cuando ves que se van consiguiendo te sube la moral y me ayuda a tirar para adelante".