El Correo Gallego

Noticia 1 de 1 Deportes | deportes@elcorreogallego.es  |   RSS - Deportes RSS

AQUELLOS MARAVILLOSOS AROS > 51

Montero, el base que pudo reinar

(1996) Jugó en el Joventut que tuteó a los grandes y en el Barcelona de los años 90 // Interesó al Madrid // Vrankovic le puso un tapón que aún duele

José Antonio Montero entrando a canasta en su etapa como jugador del F. C. Barcelona, equipo de su ciudad natal. - FOTO: ECG
José Antonio Montero entrando a canasta en su etapa como jugador del F. C. Barcelona, equipo de su ciudad natal. - FOTO: ECG

XABI SANMARTÍN   | 11.02.2019 
A- A+

La suerte es una pluma en vuelo y sin rumbo que toca puerto al ver un vaso lleno de agua. Se posa y comienza el juego, la catarata de alegría... o drama.

Stojko Vrankovic, un armario de la antigua Yugoslavia, nació un 22 de enero de 1964 pero ganó fortuna el 11 de abril de 1996.

Ese día, José Antonio Montero se convirtió en el base que pudo reinar en Europa tras el tapón ilegal que le (im)puso el pívot croata. Ese día, el Barcelona se quedó a un tris de beber su primera Copa de Europa tras cuatro finales.

Capricornio del 3 de enero de 1965 en Barcelona, Montero era un base alto (1,93 m.), elegante cual galán del cine clásico americano.

Bueno y atlético (hacía mates), peinaba un flequillo negro sobre ojos tristes, logrando títulos como la Copa Korac con el Joventut, club donde creció desde quinceañero antes de fichar por el Barça (ganando allí varias ligas).

Viajemos a aquel partido de 1996. A dos minutos del final, los blaugranas pierden 52-61, a 15 segundos solo de un punto, con el Panathinaikos griego, entrenado por Maljkovic, jugando en ataque.

La defensa del equipo de Aíto cortocircuita la zona, roban, brota un trastabillado contragolpe, hay varios jugadores en el suelo, Xabi Fernández se tira cual portero, empuja la bola hacia delante, le llega con bote bajo a Montero, obligado a agacharse antes de lanzar a dos metros del aro... está casi hecho.

Los rivales le buscan al galope, Vrankovic, el más pesado, hace valer su balcánico adn ganador y baja antes que nadie, a tiempo de poner tapón (ilegal) a Montero, que ve volar en contra el soñado Match point (que diría Woody Allen).

Todo porque el pívot espanta el balón tras dar al tablero, gesto antirreglamentario pero tan firme y raudo que detuvo el mundo un instante y cuando volvió a girar... el club griego ya invadía la cancha de alegría mientras al Barça le devoraba el llanto.

Montero, elegido por Atlanta en 1987 como nº 113 del draft, interesó al Real Madrid y al Barcelona, yéndose al club culé con un contrato de 90 millones al año (540.000 €), según El País.

Brilló sin llegar tan alto como esperábamos en siete cursos en el Palau, desde 1990/91, dejando la compañía de Villacampa, Jofresa y otros ex que sangraron como él al perder la final europea por un triple letal de Djordjevic en 1992 (año del I Campus del Colegio Peleteiro) pero que se vengaron en 1994, algo que José Antonio no pudo hacer.

Él habitó el punto medio entre ser base y escolta, una ventaja peliaguda. A diferencia de los árbitros, aquel 96, Montero hizo lo correcto sin premio.

Hoy es vicepresidente ejecutivo de la FEB pero el ayer le martillea en cada Final Four.