El Correo Gallego

Noticia 1 de 1 Deportes | deportes@elcorreogallego.es  |   RSS - Deportes RSS

MONBÚS OBRADOIRO, 75 - IBEROSTAR TENERIFE, 64

No diga Obra, diga: DE-FEN-SA

El equipo santiagués suma su séptimo triunfo, permanece invicto en Sar, ante un Tenerife al que empequeñeció con un soberbio trabajo en la retaguardia // Afronta el parón desde la cuarta plaza

Artem Pustovyi en un mate ante Tobey ayer en el duelo en Sar frente al Tenerife - FOTO: Antonio Hernández
Ver galería
Artem Pustovyi en un mate ante Tobey ayer en el duelo en Sar frente al Tenerife - FOTO: Antonio Hernández

CRISTINA GUILLÉN. SANTIAGO   | 20.11.2017 
A- A+

Monbus obradOiro 75
 
Iberostar tenerife 64
 

Ganó el Monbus Obradoiro... y ya van siete veces en este curso, donde la cuenta en Sar permanece inmaculada. Venció el conjunto compostelano en otra lección defensiva para enseñar durante generaciones a un Iberostar Tenerife, alumno aventajado en esta asignatura, pero que acabó empequeñecido por la combinación letal de un plantel intenso, rocoso y solidario delante y detrás, y de una afición que asaltó la cancha en forma de rugido ensordecedor.

Venció el cuadro santiagués, que mantiene la cuarta plaza empatado con el Barça (segundo), Valencia y Fuenlabrada, y afronta el parón por la ventana FIBA con la prudencia de quien no quiere hablar de Copa hasta que se consume la fiesta, y la euforia de quien sabe que las sensaciones son inmejorables.

No hubo sorpresas en el guión. Con las dos mejores defensas y los dos equipos que menos puntos anotan del campeonato frente a frente, estaba firmado un encuentro centrado más en deshacer que en hacer, y sobre esa pizarra discurrieron los primeros minutos. Tobey ejerció de pesadilla por el bando isleño sacando tajada del juego del pickandroll y engordando la cuenta visitante, dueño del electrónico de inicio, pero bastó que Bendzius tocase a corneta con un triple para noquear al contrario. Con un parcial de 9-0 se volteó la situación con más trabajo que acierto y fruto sobre todo de la insistencia más que de la puntería, porque el juego de frontón fue contagioso ayer en Sar y bastaba una racha regular para que el mando del marcador cambiase de dueño.

Otra genialidad. Así se quemaron los dos primeros cuartos -aunque antes del descanso Navarro volvió a ejerce de ejecutor de una de esas genialidades tácticas que siempre se saca Moncho Fernández de la chistera- continuando la sucesión de parciales con protagonismo primero de Llovet y después de un viejo conocido como Rosco Allen (26-26, min, 15).

Incómodos ambos y sentenciados a buscar hasta que agonizase la posesión la mejor opción, salió Radovic al rescate del Obra cuando imperó el descontrol ofensivo y con 7 puntos consecutivos (incluido un triple de una pobre serie colectiva de 2/9) respondió al buen hacer del tandem canario Tobey-Ponitka (33-30, min. 19). Le cogió el relevo su mejor pareja de baile, Nacho Llovet, pero no era el momento aún de esa escapada buena de que siempre habla Moncho Fernández y el duelo llegó al descanso sin un claro candidato (36-34, min. 20). El titánico trabajo en la retaguardia impedía el virtuosismo en lo ofensivo, pero aún así el encuentro convencía a la afición de Sar en cuanto a emoción y a intensidad. Se prevía con el paso de los minuto que el partido estaba sentenciado a otro final ajustado porque en ningún momento las diferencias llegaban a superar la barrera de los diez puntos, pero sí se contagiaba la impresión de que cada fallo podría dar alas al arreón del rival.

Y cuando se trata de trabajar, de poner el talento al servicio del colectivo, quien no falla es Bendzius. Su vocación-devoción para no dar nunca un balón por perdido los trasladó una vez más al rebote, lo que apuntilló con acierto (8 puntos incluidos dos triples) erigiéndose en sostén en ataque del Monbus en el enésimo intercambio de parciales (54-52, min. 30).

El partido necesitaba un plus, un factor diferencial que rompiese el corsé... y no falló la caldeira. Rugió Sar como sólo el obradoirismo sabe hacerlo y como uno más sobre la pista fue menguando la confianza de un Tenerife que se perdió entre el ruido al mismo tiempo que inyectó fe a sus gladiadores. Duros atrás, multiplicando manos y con piernas infinitas, volando sobre el perímetro y la pintura, el Monbus impartió una master class defensiva con contundente continuación en ataque. Así firmó un parcial de 12-2, seguido de otro de 7-2, con reparto de responsabilidad y protagonismo (pero un nombre propio como constante: Radovic) hasta que Navarro -con su segunda diana desde los 6,75- llevó la cuenta a los 73-57 (min. 38) que detuvo un hasta entonces inactivo banquillo tinerfeño con un tiempo muerto.

Era el momento de pa-rar, pensar y rentabilizar y así lo hizo el cuadro local pese a los intentos de Richotti y Llompart de enloquecer de nuevo el duelo, porque este Obra no falla en los finales apretados... y ayer tampoco.