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Veloso: el santiagués que voló en el Dépor y reinó con el Madrid

Recuerdo del mito del fútbol gallego, que nació junto a Santa Isabel y llegó a ser internacional // De cómo la pelota 'Gorila' no caía camino de la escuela

Veloso, orgulloso con la camiseta del Deportivo (ECG) // Viviendo
un sueño, vestido de blanco; llegó en 1965.
Veloso, orgulloso con la camiseta del Deportivo (ECG) // Viviendo un sueño, vestido de blanco; llegó en 1965.

ANTONIO PAIS SANTIAGO   | 17.11.2019 
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Son muchos los recuerdos y las anécdotas que surgen alrededor de la figura de José Luis Fidalgo Veloso, el mito del fúbol que falleció el pasado miércoles en Madrid, a los 82 años, pero que siempre ejerció de gallego. Leyenda de un fútbol que fue y no volverá, Veloso fue genio (lo tenía, y mucho, cuentan quienes lo conocieron bien) y figura, que poseía un talento natural, innato, para jugar.

Veloso nació en Santiago el 23 de mayo de 1937 en el nº 35 de la calle de Entrerríos, muy cerca del campo de Santa Isabel, apunta Braulio Anca, estudioso del fútbol compostelano, que cuenta la primera curiosidad: "Acudía desde su casa al colegio, cada día, dándole toques sin dejarla caer a una pelota verde y dura, de las que regalaban con los zapatos Gorila", dice.

El niño de Entrerríos estaba destinado a ser futbolista, incide Anca, que recuerda que el tío y padrino de Veloso "era el conserje del campo de Santa Isabel y por eso tenía acceso al mismo y a la utilización de los balones".

Quizás con esos balones jugó también el gran portero, primero del Arenal y después de la SD Compostela, Joaquín López Varela. Joaquín, casi vecino de Veloso, casi de su misma edad... y casi rival. "Él era de al lado del Bar Sacho, y empezó a jugar federado en el Eiriñas. Se jugaba en la calle, y él empezó a hacerlo de portero. Pero había nacido fuerte, robusto, buen deportista, y a los 16 o 17 años ya era delantero con el Santiago en Tercera... y sin tener 18 años no podía hacerlo", recuerda.

Completa el relato Anca: "Al Santiago había llegado del Basquiños. No tenía licencia, y jugaba con la ficha de Chago. Tenía un disparo impresionante. Era delantero centro, goleador".

Vuelve Joaquín: "Y eso que era pequeño. Pero no le volvía la cara a los defensas. Rápido, muy bueno, muy técnico, le pegaba con los dos pies... y tenía genio, mucho. Recuerdo que se había ido al Turista, filial del Celta, y vino a jugar contra el Arenal, donde paraba yo. Llevábamos un año muy malo, y nos metieron 0-7. Al marcarme el 0-6, Veloso vio a mi hermano, del que era muy amigo, en la grada y le dijo ¡Y ahora os vamos a meter más! Pero era una gran persona, muy sana".

Chus Baleato, ahora maestro de entrenadores, también recuerda verlo siendo casi un niño. "Un delantero quizás pequeño, pero muy fuerte. Rápido, habilidoso, de buen regate. Como se solía decir entonces, de fino porte. También podía ser extremo", dice.

Todas esas virtudes lo llevaron al Deportivo, donde lució como nunca. Allí combinó muy bien junto a otro mito, Amancio. Veloso se hinchó a meter goles y eso le valió para jugar con la selección: cuatro partidos.

Tras eso llegó el premio gordo: al Real Madrid que entrenaba Miguel Muñoz. Llegó en un momento muy oportuno: en la temporada en la que el Madrid ganó su sexta Copa de Europa. Antes de que Amancio decidiera la final, Veloso había dado el pase frente al Ajax holandés. "Fue un golazo", recuerda Joaquín.

Estuvo cuatro temporadas en el Real Madrid, de donde ya salió "con los tobillos algo tocados". Pero no tanto: aún jugó en el CD Orense, en el Rayo y "aunque de una forma testimonial en la SD", dice Anca.

En Madrid puso un restaurante al que fueron a cenar periodistas como Víctor Furelos, de EL CORREO, o el añorado Antonio Bermúdez, la víspera del Rayo-Compos que valió el ascenso de la SD. "Nos dio un trato excelente. Y aunque había jugado en el Rayo, iba con el Compos", cuenta Víctor. Que Veloso fue muy santiagués, muy gallego, muy futbolista.