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DIA DE LA MUJER La compostelana Iris Díaz ascendió hace dos temporadas al Grupo 2 de la FEB // Dice sentirse arropada por el colectivo arbitral, pero reconoce que los inicios en las categorías inferiores fueron más difíciles TEXTO Cristina Guillén

“Estamos asomando la patita, pero los números están ahí”

De las más de 3,7 millones de licencias deportivas federadas que hay en España, casi 840.000 corresponden a mujeres (22,3 %); las deportistas de alto nivel también son bastantes menos: 1.698 mujeres (36,4 %) frente a 2.962 hombres (63,6 %); de las 66 federaciones deportivas que hay en España, solo hay dos (remo y salvamento) presididas por mujeres, pero los procesos electorales pendientes apuntan a que la cifra quedará reducida a partir de este año; y además, la presencia de mujeres en los banquillos sigue siendo testimonial pues de los 18 equipos de la Primera División femenina de fútbol, por ejemplo, únicamente cuatro están entrenados por mujeres: la Real Sociedad (Natalia Arroyo), el Levante UD (María Pry), el Athletic (Iraia Iturregi), y el Sporting de Huelva (Jenny Benítez).

Con estos números, y una realidad sobre todo mucho más decepcionante y descorazonadora, el deporte español celebrará hoy el Día de la Mujer.

Se supone que el mundo del deporte cuenta con el escaparate mediático para reclamar las desigualdades, exponer sus peticiones y denunciar la discriminación, pero aunque las voces en femenino tienen cada vez mayor repercusión, siguen lejos, muy lejos, de disponer del altavoz de sus compañeros de profesión sea cual sea su modalidad.

Hay infinitos testimonios de cuánto camino queda aún por andar para llegar a cierto grado de sincronía, y entre los espejos todavía muy distorsionados, está el capítulo del arbitraje.

La compostelana Iris Díaz así lo asume. Su presencia en una cancha de baloncesto para impartir justicia continúa siendo anecdótica si se compara con el número de colegiados masculinos y aunque insiste en que siempre se ha sentido arropada por el resto del estamento arbitral, ha vivido situaciones dentro de una pista que le han obligado a apretar los dientes y mirar para otro lado. Sabe que le ha tocado remar contracorriente, ha sumado batallas como jugadora, como entrenadora y ahora le toca estar del otro lado, y entiende que a falta de palabras, sin focos... le toca reivindicar con los hechos.

Referentes. La santiaguesa ascendió hace dos años al Grupo 2 de la Federación Española de Baloncesto (FEB) correspondiente a categorías Liga Femenina 2 y EBA después de tan solo seis años arbitrando. “En mi caso fue rápido, pero es que también era mayor”, se ríe al recordar que tiene “ya” 28 años. La edad le ha dado madurez y poso para designar su labor y la experiencia también para calibrar cuál es la situación de las mujeres dentro de su colectivo. “Es verdad que en mi grupo hay bastantes mujeres, pero nunca comparado con el número de hombres. Hay mujeres árbitros que llevan destacando tiempo como Paula Lema que este fin de semana pita la Copa de la Reina, en ACB ya hay otras dos, pero numéricamente sigue siendo algo irrisorio aunque comencemos a asomar la patita por así decirlo. Los números están ahí”, subraya.

El por qué no está claro. “No creo que se deba a que las mujeres no quisiéramos arbitrar, es como decir que no queremos ser tampoco entrenadoras y ahí están los ejemplos por ejemplo en el grupo de Galicia de LF-2 donde solo están Cristina (Cantero) y Maite (Méndez) si no me equivoco. Yo creo que es más bien por el rol de la sociedad”, añade al tiempo que insiste en defender al arropo de los suyos. “Nunca he sentido en el mundo del arbitraje que tuviésemos ningún tipo de limitación, somos árbitros, nos valoran como tal independientemente del género y dentro de la institución nos tratan igual o incluso a veces también fomentan el darnos impulso porque tengo hecho clínics en el que nos reunimos mujeres y hemos sacado así nuestro lado guerrero para salir adelante. Pero nunca nos han puesto limitaciones dentro de la FEB”, reitera Iris Díaz.

Respeto. La madrileña Pilar Landeira (desde 1992 hasta 2004) y la barcelonesa Anna Cardús (que se retiró en 2017 tras 15 campañas) fueron las pioneras del arbitraje femenino en la elite del baloncesto español, un hito que hubo quien confundió al creer que se debió no a cuestión de méritos sino de paridad. Iris también se ha enfrentado a situaciones que parecen sacadas de épocas pretéritas. “Yo también lo he oído y no lo llego a entender. Si una mujer llega a pitar tan arriba es porque realmente tiene las condiciones, ha trabajado para ello, y se lo merece. No creo que sea por cuestión de méritos ni mucho menos”, aboga la compostelana que añade: “Todos tenemos que tener oportunidades como personas sea cual sea nuestro género. Estamos demostrando que podemos hacerlo, las que llegan demuestran sobradamente que son capaces y un ejemplo es Paula Lema, una árbitro de las grandes. Me gusta mucho y ella está ahí porque realmente lo merece. Lo demás es absurdo”.

Pequeños pasos. Hace 30 años resultaba insólito ver a una árbitro impartiendo justicia en una cancha de baloncesto. En la actualidad ya no chirría esta imagen pero el objetivo sería que no tengan que pasar otras tres décadas para que numéricamente la presencia de una colegiada sea tan común ya como la de un hombre. “Ahora somos tres o cuatro de Santiago, en otros comités también nos vamos introduciendo, pero de hecho cuando yo entré, en ese momento justo solo estaba yo”, retrata su día a día Iris Díaz.

Su intención es seguir creciendo dentro del arbitraje, para lo que cuenta con el respaldo y reconocimiento de gran parte de los protagonistas de este deporte, aunque siempre hay excepciones, sobre todo en las categorías menores, y lo más triste, muchas veces ligadas a actitudes de padres o familiares de los jugadores. “Cuando empezaba el primer y segundo año fue más difícil porque, aunque mis compañeros me han apoyado mucho, hubo momentos muy desagradables como cuando alguien te mandaba a fregar desde la grada, cuando todas las protestas se dirigían a mí o como cuando los entrenadores ya daban por supuesto que yo no era el árbitro principal sino que lo era mi compañero hombre, claro”, echa la vista atrás. “Pero a día de hoy, en las categorías que ahora pito nunca he sentido que me han discriminado por género”, y sentencia: “Yo me siento cómoda”.

Y ojalá siga siendo así, como ojalá Iris continúe sintiéndose como una más de un colectivo abierto y sin tabús, y como ojalá llegue el momento de que una entrevista como ésta, sea el día que sea, carezca de sentido.

08 mar 2021 / 01:00
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