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AQUELLOS MARAVILLOSOS AROS (135) > 1983 Inspiración de Jordan, saltó de la ABA a una NBA en crisis que él ayudó a resucitar // Julio Calleja, preparador personal de Ibaka, nos ayuda a retratar sus virtudes

Julius Erving, Dr. J., llave del cielo

Hasta que no se abre una puerta todo es misterio sobre el más allá de ese umbral. Es tierra por descubrir, por conquistar. Al otro lado puede estar el paraíso, o tal vez el infierno, nadie lo sabe hasta que se descorren las cortinas, se cruza y se empieza a explorar. Bien, pues Julius Winfield Erving II, nombre de pila propio de nobleza, es el equivalente a la llave del cielo.

Piscis del 22 de febrero de 1950, nacido en Roosevelt (Nueva York), Julius Erving inauguró el baloncesto como un juego sin limite aéreo, un arte donde el estilo vale más que dos puntos y la estadística se muere de envidia ante la pirotecnia de lo imprevisto, de aquello que desata el asombro, de la magia.

Universitario destacado en unos años 70 donde el basket colegial de Estados Unidos mueve más audiencias que el profesional, este alero de 1,98 m podía saltar hacia el aro por la mañana y aterrizar en el parqué por la noche. Ante sus mates, algunos se frotaban los ojos si bien en esa época casi todas las miradas eran para gigantes de siete pies.

Tras hacer dobles dobles como quien pestañea, Julius Erving entra en la ABA, que en los primeros años setenta rivaliza con la NBA, si bien ambas muy lejos de la élite del rugby o el béisbol a nivel de dinero, eco mediático y público. Virginia primero y Nueva York (los Nets) después, ven crecer a un ala de afro imponente, bigote callado, estiloso en ataque e intuitivo en el rebote, un atleta del siglo XXI en pleno XX.

La NBA gana el pulso.

La ABA desaparece, adiós a su balón tricolor, a la línea del triple y a los equipos en ruina económica pero antes de irse, ese torneo que a ratos parece un playground con apuestas de por medio y humo de mucho más que tabaco, inventa en su último All Star un concurso de mates con un brinco hasta el séptimo cielo. Julius agarra un balón, se va a la otra punta de la cancha, mide los pasos hacia el tiro libre del otro lado, regresa, empieza a correr, toma velocidad, digo... despega, luego abre las alas, digo... los brazos, y antes de llegar a la línea de los 4,60 m., salta, digo... vuela... y hace el mejor dunk de la historia hasta que Michael Jordan lo emula en 1987, con el mérito de subir tan alto y la ventaja de llevar en la mano el juego de llaves del cielo encontrado por el Dr. J.

One club man, hombre de una sola franquicia NBA, en 11 temporadas en los Sixers promedia 34, 3 minutos, 22 puntos, 6,7 rebotes, 3,9 asistencias, 1,5 tapones y más balones robados que perdidos (1,8 Vs 1,5). Sin gran rango de tiro (el triple le llegó tarde) tuvo un 50,7 % de acierto en los tiros a reloj vivo y un 77,7 % en los libres y aunque el bum de los años 80 le agarró casi barbicano, Julius Erving ganó el anillo en 1983 junto a Moses Malone, y lo trajo, de paisano, al Open McDonalds de Barcelona en 1990.

élite La Asociación de Jugadores de la Euroliga ha creado el Consejo Asesor de Desempeño (Performance Advisory Board), con expertos como Julio Calleja-González, doctor en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte por la Universidad del País Vasco, que ha trabajado con la selección española y como asesor personal de Serge Ibaka. Y hoy valora para EL CORREO el legado de su admirado Julius Erving: “La NBA de los primeros años 80, con las finales entre Lakers y Celtics me impactaron emocionalmente como nada lo ha hecho, y otra estrella de entonces era Julius Erving, el Dr. J. y al tener el mismo nombre, hay quien me llamaba igual. El Dr. J. fue el predecesor de Jordan y aunque llegó con retraso al bum de la NBA a mitad de los 80 pudo disfrutar de esa época. Era un jugador elegante. A nivel físico tenía aspecto de saltador de longitud, con unas piernas muy largas y unas cualidades que pocos deportistas tienen. Destacaba por su armonía muscular, una propiedad por la cual los músculos tienen una plasticidad que genera unos movimientos armónicos naturales, eso también lo tenía Jordan, Zidane, y hoy Sergio Rodríguez pero no LeBron James, que es todo potencia. Pude conocerle en un play off. Fue curioso, me dieron un codazo, me giré y ahí estaba Julius Erving pidiéndome disculpas. Le saludé diciendo que compartimos nombre. Fue muy amable. De cerca, tiene un aspecto impresionante, está delgado y se conserva muy bien”, dice Julio.

05 abr 2021 / 01:00
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