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Maradona ha muerto pero nada ha cambiado

DICE jERCY Lec que “el primer requisito de la inmortalidad es la muerte”. El paso necesario para convertirse en mito. Diego Armando Maradona se ha saltado este requisito a lo largo de los 60 años que ha durado su vida. Gambeteó a la muerte en una Argentina quebrada por una dictadura. Diego aprendió a jugar al fútbol en el potrero de Fiorito en el que “forjó una zurda inmortal”.

En su debut en Primera tocó “el cielo con las manos”.

Menotti no lo convocó para el Mundial del 78. Con 17 años se quiso morir.

Salió airoso de la refriega con la barra brava de Boca armada con revólveres: “Mejor que corran porque si no los reventamos a todos”.

Descendió a los infiernos en España. Su patada a Batista en el Mundial le costó la expulsión y la eliminación.

Aquí lo dieron por muerto tres veces. Por una hepatitis. Por la caníbal entrada de Goicoetxea. Y por su agresión a Sola. Pero salió deificado del Bernabéu asiendo una Copa.

Levantó la Copa del Mundo al cielo de México en el 86. Cambió las reglas del fútbol para meter un gol con la mano. Sus milagros hicieron que Víctor Hugo Morales y medio mundo se preguntasen: “¿De qué planeta viniste?”.

Sacó del pozo a un club moribundo como el Nápoles con cinco títulos. Y se metió de nuevo el pozo con historias de prostitutas, cocaína y camorra.

Eliminó al país que lo acogió de su Mundial. Allí venció a la muerte dos veces. A un “tiro directo al corazón” cuando los azzurri silbaron el himno y a ser subcampeón.

Se le impuso una sanción de 15 meses por su primer positivo. A todo el fútbol se le encogió el corazón. Maradona, que ya no era tan divino, era sentenciado a pena de muerte.

Renació de sus cenizas en Sevilla donde vivió más de noche que de día. Sus compañeros no preguntaban nada. Marcó cinco goles.

Volvió al fútbol argentino montado en borrica y enaltecido por 40 mil almas reunidas en su primer entrenamiento.

Basile lo llamó para el Mundial de USA. Marcó un gol para la posteridad. Se comió al cámara. Se reivindicó. A los 4 días volvió a dar positivo por 5 sustancias. Nadie lo iba a sacar ya de ese hoyo.

Volvió y se fue dos veces de Boca. Falló cinco penaltis consecutivos. Otro positivo. Tres sustancias. Se retiró con problemas con todos, pero todos le amaban. “No importa en que lío se meta Maradona, es mi amigo y es una gran persona el 10”.

Entrenó a Argentina.

Superó sobredosis, crisis, adicciones, sobrepeso, hepatitis, cirugías, artrosis, anemias, deshidrataciones y los más caleidoscópicos problemas mentales. Congregó al todo el pueblo de La Plata a las puertas del hospital. Volvió a salir airoso.

Hoy no.

Como diría Nietzsche “Dios sigue muerto”. Quizás sea cierto. Maradona se saltó en incontables ocasiones el requisito para ser inmortal: la muerte.

Maradona ha muerto, pero nada ha cambiado.

26 nov 2020 / 01:00
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