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OBRADOIRO CAB: 50 AÑOS DE UN CLUB ESPECIAL (14) Es el entrenador más longevo en la historia de una entidad a la que llegó con 18 años y le entregó otros 20 //Fue además director deportivo y secretario general // Su pelea y trabajo fuera de los focos, pero también cuando volvieron a encenderse, resultó clave TEXTO Cristina Guillén

Pepe Martínez: sinónimo de compromiso y lealtad

Es estar, aportar, ayudar, echar una mano de forma incondicional, pase lo que pase, sin importar el contexto, las dificultades... es compromiso. Pepe Martínez (Pontevedra, 1970) ha sido un referente para el Obradoiro CAB obligado a sobrevivir sin focos ni halagos, el que defendió la identidad del club, los valores del deporte y del baloncesto, sin la necesidad de palmadas en la espalda ni de aplausos interesados. Cuando tocó bregar bregó, cuando tocó construir mezcló cemento, cuando tocó enseñar fue el mejor de los maestros y cuando tocó echarse a un lado, ceder las riendas para que el sueño perviviese en el tiempo, aceptó el nuevo rol siempre dejando una puerta abierta por si fuese preciso ser llamado de nuevo a filas.

Es el entrenador más longevo de la entidad y lo que vivió en sus más de 20 años en el club compostelano, en sus múltiples facetas, darían para infinitos capítulos, no todos amargos, aunque tampoco teñidos su mayoría de color de rosa. Sin embargo, los silencios de este pontevedrés de carácter reservado pero inmensamente apreciado por todo aquel a quien se ha abierto son el mejor aval para evidenciar su fidelidad a un Obra que, sin su contribución, jamás llegaría a celebrar hoy sus bodas de oro.

“Entré en el club en la temporada 1987/88, mientras todavía estaba cursando COU, porque cesaron a Julio Bernárdez en el primer equipo y llamaron como entrenador a José María Malvar que estaba llevando al equipo juvenil, lo que hoy sería un júnior”, relata su llegada al Obra Pepe Martínez. “Yo entrenaba en Peleteiro. Había empezado el año anterior a dirigir a los minis y quería algo más, entendía que había demostrado unas actitudes y deberían de cuidarte, pero no lo hicieron y surgió esta oportunidad y no lo pensé. Así pasé a hacerme cargo de ese equipo en el que estaba gente de mi edad como Pablo Couceiro, que era el principal referente”, detalla los hechos tras la llamada de Pepe Casal.

Con apenas 18 años se encuentra con un Obradoiro cuyo primer equipo milita en 1.ª B, con el malogrado Mike Schultz como referencia ofensiva promediando más de 21 puntos por encuentro, y un Obradoiro “que intentaba empezar a querer hacer una cantera propia”. “Hasta ahora se traían a muchos chavalitos de Peleteiro, tenían mucha vinculación con el colegio La Salle, pero había interés en potenciar los propios equipos del club, intentando crecer con sus propios jugadores”, afirma el compostelano.

“Al año siguiente se empiezan a hacer cositas, a tener suerte, y rompimos ya con la generación de Arturo Ferraces, de Marcos Gato, de Aitor Seoane... Entró conmigo también como entrenador Gerardo Anllo e hicimos un buen tándem. Ganamos el Campeonato Gallego cadete y comenzamos a pisar ampollas porque hasta ese momento se repartían el cotarro Peleteiro y La Salle y ahora ya éramos un tercero para pelear esas dos plazas para las competiciones provinciales y autonómicas”, sonríe al echar la vista atrás.

“Siempre me acordaré que en ese año nos tocó en la previa en un grupo junto a Peleteiro mientras que el otro estaba La Salle. A Peleteiro lo entrenaba Tino Fernández, el expresidente del Deportivo, y tenía un equipo muy potente, pero solo se clasificaba el primero y nos la jugamos con ellos ganando de 3 puntos en el viejo Sar y perdiendo de 1 en la bombonera (en la cancha del antiguo colegio). Gracias a esa canasta jugamos más de 40 partidos primero con el Campeonato Gallego con 8 equipos en la Rúa de Petín, después el Intersector, y después también el Campeonato de España Escolar en un sector en Asturias y después en la fase final Nacional en Madrid donde quedamos séptimos aun siendo un club porque estaba unificada la competición Federada y Escolar”, repasa con orgullo. “Esos jugadores tuvieron un gran desarrollo, eran muy competitivos, y fue un equipo que se hizo con gente casi que llegaba por la puerta. Gente como Arturo, su hermano Fran que era un año mayor, Aitor y su hermano Chema, se sumó Fran Varela en júnior, amigos unos de otros ... pasó mucha gente por allí, muchos chavales. La verdad es que si empiezo a recordar son muchos nombres”, apostilla.

Muchas dificultades. Una cantera que quería crecer aunque no siempre contaba con medios para hacerlo. En los 80 y 90 no todos los centros educativos contaban con pabellón cubierto como ahora, era común el desfile de equipos por las pocas instalaciones que ofrecía la ciudad para entrenar cada día en un recinto diferente y aunque era una forma también de socializar, de potenciar el ambiente de básquet, requería del compromiso de jugadores y entrenadores en tardes y noches que se hacían muchas veces muy duras. “Nosotros entrenábamos de 4 a 6 de la tarde, antes de que llegase el primer equipo, y lo hacíamos todos juntos porque no había muchas horas, contábamos solo con el viejo Sar a nuestra disposición e incluso recuerdo, aún vivía Faustino, que nos llovía en la pista porque entraba el agua a saco”, apostilla.

Pero su primera etapa en el club se cierra en dos años, motivada “por una reorganización que no me gustó y vine de vuelta a Peleteiro donde entrené, por ejemplo a Emilio Suárez (quien le cogería el relevo años más tarde en el Obra)”. Era una etapa de continuo cambio en la que sí valora Pepe Martínez sobre todo que se pusieran las bases para aumentar la competitividad de las Ligas, limitadas hasta ese momento a nivel local aunque al mismo tiempo apenas había oportunidades para los canteranos en el primer equipo: “ En el primer año de Ghaleb como presidente (1988/89), Pablo Couceiro hizo la pretemporada con los de 1.ª B y fue cuando se empezaba a subir a algún jugador, porque la verdad es que de aquella tampoco los entrenadores les daban mucha cancha. Por ejemplo, Pirulo también era un técnico de veteranos y no de mirar para abajo. Había llegado Jordi Moreira que venía de ser internacional júnior y aquí no tuvo mucho protagonismo”.

Un año ausente. Pepe Martínez abandona el Obra en la campaña 89/90 pero regresa solo un año después, haciéndose cargo de la dirección del equipo cadete antes de la fusión al curso siguiente con La Salle y el Círculo Mercantil. “Ésa es la base del equipo juvenil que se mantiene en el año 92 como el único del club en competición jugando primero la Liga local”, señala. Porque todos los acontecimientos que derivaron en el naufragio del club en el año 92 y su salvación in extremis por parte de José Ángel Docobo y José Ramón Mato, le cogen desde la barrera. “A mí me llamó Luis Murillo, que fue presidente 20 días, para decirme que iba a seguir entrenando y nunca más supe nada, hasta que recibo ya otra llamada, esta vez de Docobo y Mato, para decirme que se habían hecho cargo del club y si estaba dispuesto a continuar”, narra uno de los momentos clave en la historia de la entidad.

Era una “cálida noche del 30 de septiembre de 1992”, como recuerda Docobo en su libro Cómo resucitamos al Obradoiro CAB, un día en el que, con apenas 22 años, Pepe Martínez no sospechaba, ni de lejos, su nuevo rol en una batalla que acabaría con el Obra en la ACB.

“Vi que había que pelear por aquello. Siempre confié en que teníamos la razón”

Y arranca la travesía del desierto como lo llaman algunos... o una época exigente, de mucho trabajo, mucha dedicación pero también de grandes momentos y éxitos, como reclama Pepe Martínez. El Obradoiro CAB se presenta en la temporada 1992/93 para militar en la Liga juvenil -requisito indispensable para mantener viva la posibilidad de continuar con la batalla judicial por la alineación indebida de Esteban Pérez por parte del Juver Murcia en el play-off de ascenso a División de Honor- y con jugadores como Carlos Bernárdez, Fran Casais, Ricky Picanes, Quique Hortas, Chino López, Raúl Paz, Breixo Viejo, Sergio Pais, Javier Laíño, José Carlos Penas, Salvador Pazos y Juan Boado. “A Mato y a Docobo no los conocía de nada, pero vi que había que pelear por aquello porque siempre confié en que teníamos la razón. Tampoco pensaba que iba a durar tanto, dicho sea de paso, pero es que todo se fue poniendo muy difícil”, sopesa el pontevedrés.

Y así comenzó a trabajar Pepe Martínez como único entrenador del único equipo del Obra. “La idea era que la denuncia estaba ahí, cuando salga saldrá, pero no nos podíamos olvidar que lo nuestro era jugar al baloncesto y teníamos que seguir y competir. Poco a poco, con muy poquitos medios, nos fuimos poniendo metas porque los propios jugadores nos reclamaban coger otros trenes, no solo estar por estar. Deportivamente querían crecer también”, apunta. Tener a la Federación Española de Baloncesto (FEB) en los juzgados no ayudaba tampoco en el ámbito deportivo. Era una batalla silenciosa donde sobraban los frentes abiertos y escaseaban los apoyos. “Había gente, poca, que seguía teniéndole cariño al club, que nos animaba a continuar peleando”, medita. Por eso Pepe Martínez siempre agradecerá “a quienes apostaron por nosotros en aquel momento porque no era fácil”. “Es cierto que siempre procuramos tenerlos cuidados, que se preocupasen solo por jugar, pagábamos un bocadillo y una Coca-Cola cuando íbamos fuera, que al principio se hacía también en coches particulares hasta que llega Raúl (López) en 2003 y nos ofrece los autobuses, pero fueron once años con los medios limitados”, subraya. “Yo tengo muy buenos recuerdos porque éramos una familia. Es algo que queda ahí y siempre te acuerdas de lo más bonito”, añade al tiempo que reconoce que llegaron a contar con hasta 60 niños en la cantera y ahí se empezaron “a hacer cositas, a tener más de músculo”, apunta.

De la canasta de Vilas al ascenso a EBA
EL MAYOR ORGULLO

··· Hay dos momentos especialmente destacados en la ‘otra’ historia del Obra, en la época en la que la cantera mandaba y era la encargada de defender con orgullo los valores del club igual que lo habían hecho sus predecesores en los gloriosos 80 y lo hacen ahora los profesionales de la ACB. Uno llegó de forma agónica, con una canasta de Vilas en la fase de ascenso a 1.ª Nacional en 2004 que siempre permanecerá en la memoria de los aficionados compostelanos, y otra, con la recuperación de una plaza en una categoría nacional, la Liga EBA, tras acabar segundos en la eliminatoria que se disputó en 2009 en Noia.

··· En la primera de ellas el pontevedrés ocupaba el banquillo. Sería un año después cuando dejó el cargo aunque tuvo que salir de nuevo al rescate en la temporada 2005/06 tras la dimisión de Óscar Martínez. “De lo que más orgulloso me siento de mi etapa en el Obra es de haber dejado al equipo en esa cuarta división, en una categoría nacional”, enfatiza al recordar sus 17 años como primer entrenador en la entidad compostelana. Porque como aquel soldado que sabe cumplir sin importar la misión que se le encomiende, Pepe Martínez ocupó también desde 2003 el cargo de director deportivo y de secretario general del club, labores fundamentales en un momento en que la Justicia española comenzaba a dar luz sobre el caso Obradoiro hasta desembocar finalmente en la sentencia demoledora que otorgaba definitivamente -el 27 de noviembre de 2007- la plaza en la Liga ACB.

ARRANQUE ILUSIONANTE... UN FINAL TAPANDO AGUJEROS
Un año de máster avanzado

··· Temas como la deuda histórica con los jugadores, las dificultades de encontrar apoyos empresariales, la configuración de los staff deportivos y qué pasos dar para sustentar institucionalmente la entidad fueron tareas que en la temporada 2009/10 miraron el día a día de todos los involucrados en hacer realidad el sueño de la ACB en Compostela. Por fin parecía que el Obra recibía lo que merecía, por lo que había luchado tanto, y aunque el año arrancó desbordante de ilusión -con citas imborrables como el debut con el Barça o el duelo ante el Real Madrid- se cerró de forma decepcionante. “Fue un año de máster avanzado porque fueron muchas vivencias, primero de mucha gente que venía a dar clases, que pensaba que estabas muy bien para estar en las catacumbas o en la taberna, pero que ahora debían venir otros que no habían demostrado absolutamente nada”, analiza y añade: “Hubo muchos problemas, gente intrigando. Los últimos meses fueron de tapar agujeros y aguantar para que no cayese el decorado. Pero ahora, con perspectiva, fue toda una experiencia”.

18 mar 2021 / 01:00
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