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Yurchenko, Produnova, Thomas y Biles

HACE UN AÑO Kurt Thomas fallecía a causa de un derrame. Él fue el autor del famoso salto Thomas, en suelo. Una pirueta y media a rodar sobre la espalda que lo convirtió en el primer campeón mundial de gimnasia de Estados Unidos. Tal fue la sorpresa que cuando se proclamó vencedor en Estrasburgo en 1978, los franceses no tenían a mano el himno The Star-Spangled Banner. Eran otros tiempos.

En aquellos mundiales, otra gimnasta deslumbró. Elena Mukhina obtenía cinco oros y desbancaba a Nadia Comaneci, que dos años antes había alcanzado la perfección con siete dieces en los Juegos de Montreal. El país de los zares pondría todo su empeño en mostrar su superioridad en los de Moscú. “Si Rumanía gana el oro, significa que ya no somos una nación dominante”, decía el entrenador de Mukhina, que prepara una y otra vez el salto Thomas, pese a “no sentirse segura”. En un desafortunado intento cae mal, se rompe el cuello y algunas vértebras. Mukhina no volverá a saltar, condenada a una silla de ruedas. El salto Thomas queda vetado de las competiciones femeninas, primero, y de todas, después.

Y es que hay saltos que atentan de modo perverso contra la salud. Uno de ellos es el Produnova, en potro, bautizado por la gimnasta rusa Yelena, que en los 90 patentó la figura de una paloma en el aire sobre dos manos, seguida de un doble mortal encogido. Desde aquella solo cuatro gimnastas se han atrevido. Simone Biles no está entre ellas. Dice que “no quiero morir”. Sí se atreve con el Yurchenko, un grupo de saltos en los que las gimnastas entran al potro de espaldas tras un giro en flic flac. Su nombre hace honor a la rusa Natalia, quien lo practicó en los 80. Biles lo ha elevado a la máxima potencia siendo la primera en completar un Yurchenko doble mortal carpado, lo que ha reabierto la polémica.

Si Biles gana el oro en Tokio con ese mismo salto conseguirá dos hitos. El primero, que un salto que dicen “solo para hombres”, lleve su nombre para siempre. El segundo, ser la primera gimnasta en ganar dos oros olímpicos consecutivos tras la hazaña de Vera Caslavska en 1964 y 1968.

Pocos récords le quedan por batir a la de Ohio. Es la gimnasta más laureada de todos los tiempos, entre ellas y entre ellos. Desde este fin de semana es también la estadounidense con más títulos nacionales de gimnasia, superando a Clara Schroth Lomady, una secretaria del Distrito Escolar de Abington que en 1951, un año antes de su última participación olímpica, se casó y se desempeñó como ama de casa. Eran otros tiempos.

Por todo ello, la historia de la gimnasia es una historia de inclusión. Destaca por su sobrerrepresentación femenina (en 2018 más del 92% de las federadas eran mujeres en España) y porque junto a la natación sincronizada, la gimnasia rítmica es el único deporte excluyente en unos Juegos: solo compiten las mujeres. Los estereotipos que sufren muchos de los niños que la practican chocan con una realidad peliaguda: la de un deporte de mujeres en el que hay saltos solo para hombres. Deberían ser otros tiempos.

10 jun 2021 / 01:00
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