El transporte avisa: “O se facilita el acceso a la profesión o en 10 años no hay conductores”

La media de edad de los camioneros ronda los 55 y falta relevo pese al alto paro juvenil // Las dificultades para obtener la licencia y su coste, unos 6.000 euros, agudizan el problema // Galicia busca traer chóferes de Perú

Tráfico de transportes de mercancías por la AP-9 / CHAPELA

Tráfico de transportes de mercancías por la AP-9 / CHAPELA / ROI RODRÍGUEZ

La última oleada de la Encuesta de Población Activa (EPA), correspondiente al primer trimestre de este año, refleja en Galicia una tasa de paro del 28,74 % entre los menores de 25 años, ligeramente por debajo del 30,03% que se contabiliza a nivel nacional. Unas cifras que representan casi el doble de las que registran los países de la Eurozona y la Unión Europea y hasta cinco veces más que lugares como Alemania, donde el desempleo juvenil no llega al 6 %. Pese a este drama, tanto en la comunidad como en el Estado se da la paradoja de que hay profesiones que no cubren la demanda de personal y que ven seriamente amenazado su futuro ante la falta de relevo.

Uno de los ejemplos más claros está en el sector del transporte de mercancías, donde la falta de chóferes está afectando ya a las operativas de las empresas. En Galicia, según los responsables de las asociaciones Apetamcor y Ascetra consultados por EL CORREO GALLEGO se necesitarían ahora entre unos 2.000 y 4.000 profesionales más. Además, la media de edad ronda los 55, por lo que en una década estarán jubilados. Sin embargo, el oficio de camionero no seduce a las nuevas generacones. ¿Por qué? En este punto hay varias respuestas. Así, mientras la secretaria general de la Asociación Empresarial del Transporte de Mercancías por Carretera de Galicia (Apetamcor), Myriam Otero, pone foco en la falta de escuelas de transportistas, las exigencias que se requieren a los profesionales o el alto precio de obtener la licencia, el presidente de la Asociación Coruñesa de Empresarios del Transporte (Ascentra), Belarmino Torrente, apunta sobre todo a los salarios y las condiciones de trabajo.

Sin escuelas de transporte

Si no se facilita la incorporación de los jóvenes, “en diez años no habrá conductores”, alerta Myriam Otero, advirtiendo de que ni siquiera echar mano de extranjeros servirá para paliar el problema de una actividad que en los últimos tiempos se enfrentó a la pandemia y la crisis energética en un escenario muy incierto. “En España no existen las escuelas de transporte que hay en Europa desde hace 50 años, no hemos apostado por el sector, se han ido poniendo parches”, se queja. “La carencia de conductores es de hace años, pero teníamos cantera en Portugal o los países del Este, pero esto se ha ido acabando porque ya están todos colocados”, indica.

A mayores, calcula que sacar el carné de camión puede oscilar entre los 5.000 y los 6.000 euros en función del número de prácticas, unos recursos de los que difícilmente disponen los más jóvenes. Asimismo, obtener la licencia lleva un tiempo largo, “unos seis o siete meses”, y por si esto fuera poco tienen que pasar un CAP inicial de 250 horas y hacer un examen en la Xunta. “No sólo es sacar el carné sino que es examinarse de una materia densa”. Todo esto, que de por sí complica el acceso a la profesión, se ve agudizado en el caso de quienes quiere tener su propia empres, “que deben hacer otro examen o estudiar un FP 2”.

A su entender, más que un problema de bajos salarios o malas condiciones laborales, lo que más dificulta la atracción de chóferes son las exigencias que hay. “Los chicos jóvenes no pueden esperar hasta los 21 años para poder sacarse el carné de camión pesado. Tiene que ser antes”, analiza. Myriam Otero, al revés de lo que sostiene Belarmino Torrente, opina que el gran escollo no son los salarios. En el transporte internacional el sueldo mensual –cuantifica–, está en torno a los 3.000 euros, mientras los que hacen transporte nacional ganan unos 2.000, “que no creo que sea un salario bajo”, dice. Además, prosigue, con la escasez de conductores que hay hoy en día, si no se les paga adecuadamente “se cambian de empresa”.

Sobre la mala prensa que tiene el sector en cuanto a condiciones de trabajo, matiza que las tareas de carga y descarga, que antes asumían mayoritariamente los camioneros, una práctica que se prohibió a raíz de las protestas del sector, “en general se está cumpliendo” y las empresas que no lo hagan “se arriesgan a ser sancionadas”. Igualmente, según defiende, también se acortaron los tiempos de espera para realizar las operaciones. Aún así, encontrar gente es misión casi imposible.

“Estamos trabajando para traer un contingente de 200 conductores de Perú que pretendemos que lleguen en el mes de junio para paliar esta necesidad. Hay empresas que ya han firmado compromisos de contratación de estos conductores peruanos, que son personas que ya tienen carné y ya conducen un trailer en una orografía complicada , pero eso es parcial. Lo que necesitamos es crear unas condiciones de acceso más favorables”, concluye la responsable de Apetamcor.

“Hay que pagar más”

No es que falten chóferes, es que no se les paga lo que hay que pagarles”, sostiene, por su parte, Belarmino Torrente, quien sí sitúa el problema fundamentalmente en los bajos salarios y en las duras condiciones laborales. “El problema es que en el transporte estamos tirando los precios y trabajando por debajo de costes. Los conductores quieren cobrar y quieren tener un bienestar y eso no lo hay”, asegura. Como ejemplos pone la falta de áreas vigiladas o de aseos convenientemente acondicionados. “No te puedes marchar de al lado del camión. Por las noches estás con un ojo cerrado y otro abierto”, esgrime. Reconoce que los transportistas “no cobramos a las empresas lo que debemos. No le ponemos precio a nuestro trabajo, porque llegas a las fábricas y te amenazan con no volver a contratarte”. No obstante, coincide con Otero en que las elevadas exigencias que están sobre la mesa también echan para atrás a los más jóvenes a la hora de elegirn esta profesión. “Hoy un chico que quiere sacar el carné, con el CAP que le exigen, tiene que pagar 6.000 euros. ¿Quién tiene este dinero?”, se queja. “Y después somos esclavos, por eso no hay gente que quiera subirse a un camión”. “Las empresas están trayendo conductores de fuera y los están formando aquí, pero no están preparados para llevar un camión de 40 toneladas y 16 metros de largo. Esa no es la solución. Nosotros tenemos la mano de obra, pero hay que pagarles”, concluye.