Energía

La fotovoltaica se convierte en la primera fuente de generación de electricidad en España por primera vez

La supremacía de esta tecnología en mayo apremia a desarrollar mecanismos de respaldo en el sistema eléctrico, como el almacenamiento o los mercados de capacidad

Imagen de placas solares de una planta de energía fotovoltaica.

Imagen de placas solares de una planta de energía fotovoltaica. / EL PERIÓDICO

Sara Ledo

Sara Ledo

La energía fotovoltaica se convirtió en mayo en la principal fuente de generación eléctrica por primera vez en España, con 5.107 gigavatios-hora (GWh), el 23,8% del total, según los datos de Red Eléctrica; lejos de la sexta posición que ocupaba durante el mismo mes hace tan solo cinco años, cuando apenas representaba el 4,6% del 'mix' eléctrico. Se inicia, así, una nueva era en el sistema eléctrico nacional, en la que las energías renovables (solar, eólica e hidráulica) empiezan a tomar el control de la producción y que se caracterizará por la necesidad de dar respuesta a este nuevo esquema, a través de mecanismos que actúen de respaldo, como el almacenamiento o los mercados de capacidad para el gas.

No se incluyen en esa cuenta la producción mensual de los más de 7.000 megavatios (MW) instalados de autoconsumo, que tienen un efecto reductor sobre la demanda eléctrica porque sus propietarios, al alimentarse de la energía producida por ellos mismos, demandan mucha menos energía de la red. Tampoco la cuantía correspondiente a la energía solar térmica, que se diferencia de la fotovoltaica porque aprovecha los rayos del sol para calentar un líquido que produce vapor y después energía eléctrica, en vez de 'transformar' directamente los rayos del sol en electricidad. La unión solar térmica y fotovoltaica fue ya la primera fuente de generación en agosto del año pasado.

La explicación a este 'sorpasso' de la fotovoltaica a otras tecnologías habituales en las primeras posiciones de la generación de electricidad, como la eólica, la nuclear o los ciclos combinados (centrales de gas que producen electricidad) no es otra que la confluencia de la primavera -temporada especialmente buena para esta tecnología, mientras el verano es peor por el calor- y que cada vez hay más placas solares instaladas. A día de hoy hay 4.671 MW más instalados que hace un año, hasta sumar un total de 26.537 MW. Mientras que en mayo de 2019 apenas eran 5.562 MW instalados.

De hecho, desde el mes de marzo, la fotovoltaica es la segunda tecnología con más potencia instalada en España, por detrás de la energía eólica y de los ciclos combinados, que hace tan solo cinco años eran la primera tecnología en capacidad de producción en el país. Ese será el esquema a partir de los próximos años, hasta que la fotovoltaica adelante a la eólica, pues en 2030 se prevé multiplicar por dos la energía de viento actual, hasta 62.000 GW, y por tres la solar fotovoltaica, hasta 76.000 GW, según el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), que sirve de guía de lo que ocurrirá en el sector energético en los próximos años.

Las tres principales tecnologías renovables -fotovoltaica, eólica e hidráulica- sumaron el 60% de la generación total en mayo, algo que no es nuevo pues también había ocurrido en abril, porque aunque entonces no hubo tanta producción fotovoltaica, sí hubo mucha hidráulica. Y esto llevará a los precios a bajar, cuando estas tres tecnologías estén a pleno rendimiento, fundamentalmente en los meses de otoño y primavera, que además coinciden con una menor demanda de electricidad.

Pero al mismo tiempo, este crecimiento imparable pone sobre la mesa la necesidad de poner en marcha mecanismos que puedan ser utilizados cuando las energías renovables no lleguen a cubrir toda la demanda, como el almacenamiento a través de baterías o bombeo hidroeléctrico, que acumulen energía para utilizarla en las horas más caras o con mayor consumo. Y para ellos una pieza central será el desarrollo de mercados de capacidad, que retribuyan a estas tecnologías por el simple hecho de estas disponibles para cuando sea necesaria su producción y que garanticen, así, que los 26.000 MW de ciclos combinados permanecen abiertos para servir de colchón al sistema.