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RAÍCES

Pagar por disfrutar del monte: "Gastan solo los dueños pero nos beneficiamos todos"

Además de dinero o alimento, un bosque bien conservado proporciona sombra, aire puro, agua limpia, espacios de ocio... Son los llamados servicios ecosistémicos. Y si un monte aporta tantos beneficios a la sociedad... ¿no deberían sus propietarios recibir alguna compensación por ello?

Bosque de alto valor ecosistémico: agua pura, senderos y sombras.

Bosque de alto valor ecosistémico: agua pura, senderos y sombras. / Marta G. Brea

Martín García Piñeiro

Martín García Piñeiro

Santiago

Aunque hay quien remonta el concepto de servicios ecosistémicos al año 1981, fue el informe Millennium Ecosystem Assessment de 2005 el que popularizó la idea de una conexión directa entre la salud humana y la ambiental. Desde entonces, esta filosofía fue ganando presencia en el debate y la agenda pública. Al asumir que los montes aportan muchos beneficios a la sociedad, es lógico pensar también que sus dueños puedan percibir alguna compensación por mantenerlos en buen estado y no abandonarlos.

Sobre esa idea pivota uno de los caballos de batalla de la Asociación Forestal de Galicia (AFG), colectivo sin ánimo de lucro creado en 1986 en Santiago que agrupa a propietarios forestales privados y comunidades de montes vecinales en mano común. El pago por los servicios ecosistémicos no es algo nuevo ni exclusivo de aquí, sino que es un debate que lleva "décadas" e incluso "ya figura en la legislación europea y estatal", explica Xosé Covelo Míguez, director de la AFG. Lo que ocurre es que, a pesar de estar contemplado, "no se ha avanzado mucho en los mecanismos que permiten hacerlo realidad".

El argumento central es simple: "Los montes aportan a las sociedades ciertos valores y para mantenerlos activos es necesario un gasto o inversión en ellos. Las cosas no pasan en el monte por generación espontánea, sino porque los propietarios están haciendo trabajos de prevención de incendios, cuidado de zonas de biodiversidad, mantenimiento...", señala. Pues se trata de compensar de algún modo esos trabajos a través de "algún apoyo o ayuda", que puede proceder de la Administración pública, la empresa privada o incluso de particulares.

Primeras experiencias aquí

Según Xosé Covelo, es un proceso lento pero en continuo avance. "En los últimos años surgieron herramientas como la certificación forestal PEFC, que permite cuantificar esos servicios de los montes; el Ministerio de Transición Ecológica está ahora mismo con la exposición pública de un registro público de montes con servicios ecosistémicos reconocidos; y Bruselas está pagando los créditos a la naturaleza", que en el fondo es una forma de entender ese valor extra de los bosques y los montes.

Y aunque hay países de Europa que van más avanzados, Galicia no se quiere quedar atrás. La propia Asociación Forestal de Galicia tiene un grupo que está certificando en materia de servicios ecosistémicos. Pero el mejor ejemplo de que esta tendencia es emergente es el de la propia Xunta. La Consellería do Medio Rural sacó este año su primera línea de ayudas de la historia en esta materia. Un pago anual durante un quinquenio a entidades locales, comunidades de montes vecinales, agrupaciones forestales de gestión conjunta y montes de varas "que tengan montes con certificado de que hay un servicio ecosistémico en buen estado".

Finalmente hubo 27 beneficiarios que se llevaron 401.000 euros, una cifra que Medio Rural valora de forma positiva "para ser la primera vez" que se convocan estas ayudas y sobre un concepto aún desconocido para muchos. Además, independientemente de la cifra, "implica compromiso para evitar el abandono del monte", algo que "siempre es bienvenido", y más si se genera valor añadido, celebran.

También las primeras empresas gallegas empiezan a financiar estos servicios ecosistémicos dentro de sus políticas de responsabilidad social corporativa. Xosé Covelo admite que de momento son pocas, pero está convencido de que "va a haber demanda". "Si es una empresa la que lo hace solo se pueden llevar a cabo dos o tres proyectos, pero el día que haya 50 empresas, o 500, se abrirán nuevas oportunidades" porque será un círculo. "Yo tengo un coste de seguimiento y de contratar a unos expertos para que me evalúen el servicio ecosistémico de mi monte, pero lo hago porque sé que alguien me va a apoyar", dice.

Los dueños del monte están gastando dinero a fondo perdido para mantener algo que nos beneficia a todos

¿Cómo se hace en la práctica?

Como ocurre casi siempre, la teoría es más fácil que la práctica. "Aplicarlo no es fácil, pero en Galicia sabemos hacerlo", prosigue Covelo. "Hoy hay estándares, normas que establecen cómo medir esos valores ecosistémicos, como agua, PH, temperatura, oxígeno disuelto, presencia de macroinvertebrados... Eso son solo cuatro o cinco parámetros que nos indican si la calidad es buena, mala, si hay algún problema que hay que corregir...".

Ya hay órganos independientes que auditan y elaboran un informe con unos criterios que certifican si tu monte aporta esos servicios o si debe mejorarse. "Lo que hace falta ahora es que las empresas, las administraciones o los donantes vayan progresivamente incorporando esta cultura en su responsabilidad social corporativa. Diciendo: bueno, yo estoy dispuesto a apoyar a la naturaleza con tantos fondos si me presentan una credencial transparente, creíble, irreplicable, de que ese monte presta realmente es un servicio ecosistémico", apunta.

Eso sí, hay que asumir que esos ingresos a los propietarios, que pueden ser particulares, comunidades de montes o incluso administraciones, no son un medio de vida. "No es para que el propietario pueda comprarse un coche", bromea Covelo: "Es para seguir invirtiendo esos recursos en los montes". Porque ahora mismo los propietarios están dedicando recursos particulares a fondo perdido a algo que beneficia a todo el mundo. Si gastas sin ningún beneficio, es posible que acabes abandonando. "Pero si te ayudan, puedes mejorar ese monte erradicando puntos de contaminación, creando bosques de galerías sobre los ríos para bajar la temperatura y mejorar la calidad del agua, realizar plantaciones de refuerzo en zonas de especial valor ambiental, eliminar acacias y otras invasoras, hacer mucha prevención de incendios porque si arde se acaba el valor ecosistémico... Hay mucho trabajo", precisa este experto.

Tasas por disfrutar del monte

En Galicia hay además un debate paralelo a este, que se entremezcla por momentos y que alimenta la histórica fricción entre los urbanitas y el rural: el uso libre del monte para el ocio. Si uno utiliza el monte cada fin de semana para pasear, andar en bicicleta, en quad, pescar, coger setas, hacer fotos... ¿podría cobrársele una tasa simbólica?

"Es lícito", aclara Covelo: "Es importante difundir ese mensaje de que el monte tiene propietario, igual que lo tiene una casa". Ese dueño puede ser una administración, un particular, una comunidad de montes en mano común, una empresa... "Pero a lo mejor gasta dinero en abrir pistas para las bicis, caminos de senderismo o zonas de merendero", detalla. En algunos montes gallegos hay comunidades que ya cobran una tasa por recoger setas, algo que Covelo ve lógico, "porque si hay setas es porque sus dueños lo tienen desbrozado y porque plantan especies con valor para las setas".

"Hay que tener en cuenta que que la mayoría de comunidades de Galicia tienen el monte abierto y la gente debe entender que ese monte tiene propietario", insiste. Lo que ocurre es que tras una vida acostumbrados al todo gratis... ¿a quién le apetece agora pagar?

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