IMPACTO EMPRESARIAL
De la deuda millonaria de Repsol a la venta de Telefónica, lo que se juegan los gigantes españoles por el golpe de Trump en Venezuela
Grandes grupos del Ibex con inversiones millonarias o actividad comercial en el país caribeño se ven expuestos a la incertidumbre total tras el ataque militar y la captura de Maduro por EEUU, y a la espera de una dudosa transición

Mural de Hugo Chávez y Nicolas Maduro en Venezuela. / Fernando Vergara

Las empresas españolas del Ibex con intereses directos en Venezuela se exponen a una etapa de incertidumbre total tras la intervención militar de Estados Unidos en el país y la captura del presidente Nicolás Maduro. Grandes grupos como Repsol, Telefónica, BBVA, Inditex, Mapfre o IAG ven comprometidos sus planes en el país -de continuidad o de salida, según los casos- y se resignan a un ‘esperar y ver’ mientras se dilucida si habrá una incierta transición de la que habla Donald Trump y se despeja cómo será la evolución política y económica del país caribeño tras el golpe norteamericano.
Repsol es la compañía española con mayores intereses en Venezuela. La petrolera lleva operando más de tres décadas en el país, con una actividad con continuos altibajos sobre todo en la última década. A la espera de que se concreten los planes de Trump para una Venezuela post-Maduro, el grupo sigue atento a la situación con su actividad de producción de hidrocarburos y el cobro de la deuda millonaria que aún debe pagar el país sudamericano.
Trump ha reconocido abiertamente su interés en el petróleo venezolano y su pretensión de que los grupos energéticos estadounidenses participen en la explotación de las enormes reservas del país (las mayores del mundo, por encima de las de Arabia Saudí). Repsol, con actividades de exploración y producción de gas y petróleo en Venezuela desde 1993, podría pues estar relativamente bien posicionada para actuar como socio de las petroleras norteamericanas si se produce ese eventual desembarco.
Repsol concentra su actividad en Venezuela muy mayoritariamente en la producción de gas natural, mucho más que de petróleo, con una producción creciente de 70.500 barriles equivalentes al día (frente a los 65.000 barriles diarios de 2024). El 85% de la generación de la compañía en el país caribeño es de gas natural para consumo interno, no se exporta, y tiene una importancia clave para sostener el sistema eléctrico en una parte sustancial del país. Además, Repsol concentra en Venezuela su segundo mayor volumen de reservas probadas de hidrocarburos (con 256 millones de barriles, un 15% del total de la compañía), solo por detrás de las que tiene en Estados Unidos (con 753 millones de barriles al cierre de 2024).
Deuda millonaria y grifo cerrado
Hasta hace unos meses Venezuela le pagaba a Repsol en especie, en buques cargados de petróleo, por la deuda histórica acumulada (actualmente de unos 900 millones de euros) y también por sus operaciones actuales en el país. Un petróleo que Repsol sí exportaba y traía para tratarlo en sus refinerías en España, pero cuya llegada se frenó en seco el año pasado.
El Gobierno de Trump revocó el año pasado los permisos especiales que tenían varias petroleras internacionales asociadas con la compañía estatal venezolana PDVSA, entre ellas Repsol, para exportar crudo y otros productos derivados desde el país caribeño. La vía que utilizaba Repsol para que Venezuela fuera pagando su deuda se veía así truncada.
Tras años reduciendo su exposición al mercado venezolano, Repsol había reactivado su negocio en el país en colaboración con la estatal PDVSA en 2023 con acuerdos para elevar su producción y consiguió darle un impulso a su actividad tras recibir permisos de exportación por parte de la administración de Joe Biden. Los permisos especiales para poder exportar fueron emitidos por el Departamento del Tesoro estadounidense de la anterior administración. Se trataban de exenciones específicas para permitir a algunas petroleras operar en Venezuela y exportar el petróleo de PDVSA sorteando las sanciones impuestas por Washington contra el régimen de Maduro.
Repsol tenía una exposición patrimonial de 330 millones de euros en Venezuela por sus activos en el país al cierre de junio de 2025 (últimos datos hechos públicos por el grupo), frente a los 504 millones que tenía a finales de 2024 y muy por debajo del máximo de riesgo de 2.400 millones que alcanzó hace una década.
La exposición patrimonial actual se concentra muy fundamentalmente en la financiación otorgada a las sociedades conjuntas de producción de petróleo y gas Petroquiriquire y Cardón IV que tiene en el país, junto a PDVSA y la italiana ENI, y también a la deuda histórica aún pendiente de pago que acumula con la petrolera estatal venezolana. El saldo total de la línea de créditos firmada entre Repsol y PDVSA ascendía a 30 de junio de 2025 a 358 millones de euros, con un saldo bruto (incluidos intereses) de 894 millones de euros y unas provisiones de 536 millones.
Telefónica y la salida en el aire
Telefónica había acelerado al máximo en los últimos meses su plan de salida de Latinoamérica, con el objetivo de desprenderse de todos sus negocios en la región (con la única excepción de Brasil). El presidente del grupo, Marc Murtra, confirmó hace apenas dos meses su intención de culminar el proceso de desinversiones en Hispanoamérica. Tras la venta de las filiales de Argentina, Ecuador, Perú, Uruguay y Colombia, la compañía pretende continuar el proceso y desprenderse de las últimas participadas en Chile, México y también en Venezuela.
La inestabilidad política y económica en Venezuela en los últimos años ya representaba un obstáculo para Telefónica en su objetivo de conseguir un comprador para su filial local. Ahora el ataque de Trump y la incertidumbre generada, y a la espera de que se concrete la incierta transición, previsiblemente derivarán en una ralentización de la posibilidad de vender la filial venezolana a corto plazo para poner fin a su presencia en el país caribeño durante más de dos décadas. De momento, Telefónica continúa con su actividad en el mercado venezolano y el año pasado comprometió la ejecución de inversiones por unos 480 millones de euros para desplegar allí telefonía móvil 5G.
El objetivo de Telefónica es completar de manera definitiva el cambio de rumbo que inició hace algo más de un lustro: poniendo todo el foco en Europa y acelerando el punto y final de la gran conquista de los mercados latinoamericanos que emprendió la compañía bajo la batuta de César Alierta en la primera década y media de los dos mil.
BBVA, Inditex o grandes del turismo
Otros grandes grupos españoles con presencia en Venezuela permanecen atentos a la inestabilidad actual tras el ataque de EEUU. BBVA, a través de su filial BBVA Provincial, es una de las mayores entidades financieras del país, aunque ha ido reduciendo su exposición y ha recortado su plantilla a la mitad en el último lustro, desde los 4.000 empleados de 2019 hasta los cerca de 1.800 actuales. Mapfre también es una asegurada de las más relevantes en el mercado venezolano y cuenta con una red de una veintena de oficinas.
Por su parte, Inditex hizo un viaje de vuelta e ida. El gigante textil dueño de marcas como Zara, Massimo Dutti o Pull&Bear abandonó Venezuela en 2021, pero acabó volviendo en 2024 a través de un acuerdo de franquicia con grupo local Futura y la apertura de su mayor tienda de Zara en Latinoamérica.
Grandes grupos del turismo español también tienen intereses en Venezuela. Iberia (del holding aéreo IAG) y Air Europa suspendieron hace unas semanas sus vuelos a Caracas por el riesgo que suponían por la tensión creciente entre Estados Unidos y Venezuela y el freno a las operaciones se mantiene de momento hasta final de este mes a la espera de que se clarifique la situación. Air Europa acumula desde hace años una deuda pendiente de pago por el Gobierno venezolano de unos 200 millones de euros por la prohibición impuesta de repatriar ingresos obtenidos en el país. Grupos hoteleros como Meliá o Hesperia también mantienen operaciones desde hace décadas y cuentan con varios establecimientos en diferentes destinos de Venezuela.
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